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Cultura política
La sostenibilidad como revolución cultural
(Fragmento)
El concepto de sostenibilidad surge por
vía negativa, como resultado de los análisis de la
situación del mundo, que puede describirse como una
“emergencia planetaria”, como una situación insostenible
que amenaza gravemente el futuro de la humanidad.
Un futuro amenazado es, precisamente, el
título del primer capítulo de Nuestro futuro común, el
informe de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del
Desarrollo (CMMAD, 1998) a la que debemos uno de los
primeros intentos de introducir el concepto de
sostenibilidad o sustentabilidad: "El desarrollo
sostenible es el desarrollo que satisface las
necesidades de la generación presente sin comprometer la
capacidad de las generaciones futuras para satisfacer
sus propias necesidades".
Hay un breve texto de Victoria Chitepo,
Ministra de Recursos Naturales y Turismo de Zimbabwe, en
Nuestro futuro común (el informe de la CMMAD) que
expresa esto muy claramente: "Se creía que el cielo es
tan inmenso y claro que nada podría cambiar su color,
nuestros ríos tan grandes y sus aguas tan caudalosas que
ninguna actividad humana podría cambiar su calidad, y
que había tal abundancia de árboles y de bosques
naturales que nunca terminaríamos con ellos. Después de
todo vuelven a crecer. Hoy en día sabemos más. El ritmo
alarmante a que se está despojando la superficie de la
Tierra indica que muy pronto ya no tendremos árboles que
talar para el desarrollo humano". Y ese conocimiento es
nuevo: la idea de insostenibilidad del actual desarrollo
es reciente y ha constituido una sorpresa para la
mayoría. Esto es algo que no debe escamotearse con
referencias a algún texto sagrado más o menos críptico o
a comportamientos de pueblos muy aislados para quienes
el mundo consistía en el escaso espacio que habitaban.
La supeditación de la naturaleza a las
necesidades y deseos de los seres humanos ha sido vista
siempre como signo distintivo de sociedades avanzadas.
Ni siquiera se planteaba como supeditación: la
naturaleza era prácticamente ilimitada y se podía
centrar la atención en nuestras necesidades sin
preocuparse por las consecuencias ambientales y para
nuestro propio futuro. El problema ni siquiera se
planteaba. Después han venido las señales de alarma de
los científicos, los estudios internacionales… pero todo
eso no ha calado en la población, ni siquiera en los
responsables políticos, en los educadores, en quienes
planifican y dirigen el desarrollo industrial o la
producción agrícola…
La preocupación, surgida recientemente,
por la preservación de nuestro planeta es indicio de una
auténtica revolución de las mentalidades: aparecida en
apenas una o dos generaciones, esta metamorfosis
cultural, científica y social rompe con una larga
tradición de indiferencia, por no decir de hostilidad".
Ahora bien, no se trata de ver al
desarrollo y al medio ambiente como contradictorios (el
primero "agrediendo" al segundo y éste "limitando" al
primero) sino de reconocer que están estrechamente
vinculados, que la economía y el medio ambiente no
pueden tratarse por separado. Después de la revolución
copernicana que vino a unificar Cielo y Tierra, después
de la Teoría de la Evolución, que estableció el puente
entre la especie humana y el resto de los seres vivos…
ahora estaríamos asistiendo a la integración
ambiente-desarrollo. Podríamos decir que, sustituyendo a
un modelo económico apoyado en el crecimiento a
ultranza, el paradigma de economía ecológica que se
vislumbra plantea la sostenibilidad de un desarrollo sin
crecimiento, ajustando la economía a las exigencias de
la ecología y del bienestar social global.
La idea de un desarrollo sostenible, sin
embargo, parte de la suposición de que puede haber
desarrollo, mejora cualitativa o despliegue de
potencialidades, sin crecimiento, es decir, sin
incremento cuantitativo de la escala física, sin
incorporación de mayor cantidad de energía ni de
materiales. Con otras palabras: es el crecimiento lo que
no puede continuar indefinidamente en un mundo finito,
pero sí es posible el desarrollo. Posible y necesario,
porque las actuales formas de vida no pueden continuar,
deben experimentar cambios cualitativos profundos, tanto
para aquéllos (la mayoría) que viven en la precariedad
como para el 20% que vive más o menos confortablemente.
Y esos cambios cualitativos suponen un desarrollo (no un
crecimiento) que será preciso diseñar y orientar
adecuadamente.
http://www.oei.es/decada/index.html
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