Año 1 No. 3  Revista mensual   10 de mayo de 2007. Xalapa, Veracruz
 

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En la Noria

Jairo Ruiz Clavijo

La Ética de las palabras

 

La publicidad ha conseguido que palabras como nuevo, revolucionario, único, extraordinario y tantas otras hayan perdido su fuerza original.

Te amo, te quiero, son palabras que los enamorados desgastan con el tiempo… porque muchas veces terminan repitiéndolas cuando ya no las sienten.

Pero, lo que es mas grave aún, los grandes poderes económicos han desvirtuado el significado de las palabras para ponerlas a su servicio:

Pedir un préstamo o dar algo en arrendamiento son palabras que nos inducen a creer que los bancos nos están haciendo un favor o los dueños de los inmuebles  una caridad.

No se puede crecer negativamente ni decir que disminuyó el ritmo de crecimiento del costo de la vida cuando en realidad aumentó, así sea menos que en meses anteriores. Llaman desnutrición al hambre y países del tercer mundo a las colonias económicas.

La globalización que definieron como la libertad de comercio, en realidad es una telaraña de medidas que obligan a los países pobres a aceptar sin aranceles los productos de los ricos y a vender, en las condiciones que ellos impongan, las mercancías y materias primas que necesitan para seguir enriqueciéndose.

Se habla de la pobreza, pero no de la distribución de la riqueza para no hacer evidentes las desigualdades.

En general, cuando vayamos a escribir de economía, para seleccionar debidamente las palabras, debemos preguntarnos en todo momento quien sale ganando y a quienes perjudica.

Los extranjerismos, vengan de donde vinieren, promueven la falsa idea de que somos mas cultos si los utilizamos. Esta es una agresión a nuestro idioma, la mayor parte tienen su equivalente en español.

Sin embargo, no es nuestro propósito dejar a los lectores y colaboradores de Serpentario con tantas palabras que por usadas están desgastadas.

Alex Grijelmo,  uno de los grandes periodistas de nuestra época, en un taller que dictó en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, nos da reglas de oro:

Hay palabras que por su sonoridad llaman mas que otras la atención de los lectores, y la mayoría de ellas provienen del árabe: “abismal”, “adalid”, “alarde”, “alboroto”, “algarabía”, “auge”, “azote”, “hazaña”, “jaque”, “macabro”, “maroma”, “máscara”, y “rehén”.

Y hay palabras que invitan a la reflexión y en buena parte provienen del griego:

“pedagogía”, “filosofía”, “tragedia”, “blasfemia”, “melancolía”, “misterio”, “círculo”, “génesis”, “crisis”, “análisis” y “diagnóstico”.

Nuestro idioma permite fácilmente minimizar o agrandar las palabras: Cuando las queremos hacer pequeñas recurrimos a las “ies”: ínfimo, mínimo, cuanto no al “ico” o al “ito”.

Y cuando las queremos agrandar nos servimos de las “oes” y las “aes”: descomunal, faraónico, cuando no al “ote”.

Casi siempre es más contundente una palabra corta que una larga, una cifra determinada que el muchos, miles o millones.

En esto del manejo de las palabras, son maestros los periodistas deportivos y los militares.

Los primeros no solo usan palabras como gol, rebote, remate, barrera, sino disparo, fusilada, pelea a muerte, liquidar y eliminar.

Y los segundos hablan de dar de baja, fumigar, neutralizar y prevenir sin dejar en claro en que consisten tales acciones, normalmente dirigidas contra “enemigos” y “subversivos”.

Periodista colombiano

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