Año 1 No. 3  Revista mensual   10 de mayo de 2007. Xalapa, Veracruz
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A la víbora, víbora de la Mar

Armando Ortiz

La corte de los milagros

El caso Ernestina Ascencio terminó reventando en las manos del gobierno de Veracruz. Desde el principio la poca asepsia con que se manejó anunciaba un final poco grato. De acuerdo a las últimas investigaciones que ya se dan por definitivas, la señora murió a consecuencia de su mala nutrición, lo que de todos modos queda como señal ignominiosa de las condiciones en que viven los indígenas en la zona de Zongolica, que ha sido pretexto desde hace muchos años para hacer bailes en el Casino español, cuyas ganancias supuestamente se han dado para aliviar la pobreza de los residentes.

Ahora que han decretado que la señora no murió por violación tumultuaria, nótese la descabellada distancia que hay, entre morir de esa manera y morir a consecuencia de la desnutrición. ¿Qué le revisaron en el momento de la necrópsia? ¿A quién se le ocurrió que se podía dar un dictamen de tal magnitud, sin tener pruebas contundentes? ¿Quién fue el que le dio informe a nuestro gobernador y con esto lo expuso al descrédito del país? Porque el gobernador no revisó a la señora Ascencio, de él no salió la información errónea, él no manipuló los datos; la mala fe, la mala leche, fue de otros que ahora tendrán que dar la cara y pagar las consecuencias. Es que ni siquiera creo que haya sido cosa del Procurador. Él también se dejó llevar por los falsos informes de sus subalternos y así lo echaron al rodeo de los medios de comunicación que lo hicieron pedazos. En las entrevistas radiofónicas que escuche no podía sostener una afirmación tan básica como decir que la señora murió por causa de la violación, como ya antes había anunciado el señor gobernador. Su argumento se basaba en descalificar a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a su falta de cortesía, a su discurso soez. Pero tan pronto le preguntaban de qué había muerto Ernestina Ascencio, hasta la voz se le quebraba a don Emeterio. En cambio, el Doctor Soberanes, siempre sostuvo que no hubo violación y hasta ofreció su cargo en caso de que se demostrara lo contrario. Él fue quien dijo que si la realidad no estaba de acuerdo con lo dicho por el estado de Veracruz, lo sentía por ellos, pero que él no iba a decir lo que las pruebas no demostraran. Para que lo sepan, una persona no puede ser acusada de un crimen tan sólo por el hecho de ser capaz de cometerlo.

En Veracruz, la bola de lambiscones, la “corte de los milagros” del gobernador se dieron a la tarea de sostener una “verdad” sin sustento; como si la verdad, para serlo, requiriera de una mayoría de votos cretinos. Caso lamentable el de doña Mimí Quirasco, quien unos cuantos días antes del veredicto final, todavía sostuvo en entrevista que a la señora sí había sido violada. ¿En qué basaba su dicho? ¿Mandó la Comisión de Derechos Humanos de Veracruz a hacer una investigación al respecto? ¿Ella fue testigo? No. La señora sólo habló porque tiene boca y una jugosa pensión por defender. Habló para quedar bien con el gobernador, como lo hicieron muchos funcionarios y periodistas que ahora no saben donde van a meter la cabeza; aunque en su desfachatez muchos seguirán sosteniendo que fue violación, aunque las pruebas demuestren lo contrario.

Este asunto pone de manifiesto una situación que se vive en el estado y que de no resolverse seguirá generando problemas tan incómodos como éste. ¿Quién es el valiente que puede contradecir al gobernador? Ha sido tanto el culto a la personalidad del mandatario veracruzano por parte de muchos que, en su ineficacia, en su complicidad, en su mera lambisconería, le han prodigado. Por eso es inimaginable que alguno de ellos pudiera contradecirlo. La palabra del gobernador goza de una infalibilidad absoluta en el estado, pero después del caso Ascencio, ha quedado bastante frágil en el país.

Bien haría el licenciado Fidel Herrera Beltrán en ponerse a pensar hasta donde va a permitir que estos subalternos domésticos, incapaces de criterio, lo expongan como lo hicieron en esta ocasión. A causa de esto en el país los medios de comunicación se preguntan que intereses tenía el gobierno del estado de Veracruz en asegurar que miembros del ejército mexicano violaron a una anciana. Señor gobernador sus domésticos están para proteger su prestigio, para asistirlo, para apoyarlo, pero por lo que vemos (y de seguir las cosas así seguiremos viendo), lo único que han estado haciendo es echarlo de cabeza.

 

 

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