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Asimetrías
Fausto Fernández Ponte
Los
Frentes de Felipe |
I
El
jefe del Estado mexicano, Felipe del Sagrado Corazón
de Jesús, libra, investido así, varias guerras
simultáneamente, cada uno con una miríada de frentes
y teatros de operaciones y batalla.
Y la guerra que debiere librar --la
política-- es la que don Felipe (o don Sagrado, como
los veracruzanos le llaman zumbonamente) no se ha
declarado ni adviértense visos de que sea declarada.
Librar estas guerras al mismo tiempo
representa una pesadilla logística para las fuerzas
armadas --militares y policiacas-- y para las
instancias civiles del Estado y del gobierno que lo
representa.
La simultaneidad de esas guerras debilita,
por añadidura, la línea de suministros no sólo
militares, sino también --y acentuadamente-- los de
carácter jurídico y, ya no se diga, los de
naturaleza política.
Incurre, pues, el Comandante Supremo de
las Fuerzas Armadas de México en yerros tácticos y
estratégicos elementales que, por lo mismo, son
colosales: reducen las posibilidades de victoria.
¿Cómo es posible la comisión de esos
errores colosales? La explicación inmediata es la de
la ineptitud. Por inepcia se erra. Y también por
soberbia se cometen yerros. También por
subjetivismos.
II
Pudieren existir otros motivos que escapan
al registro perspicaz y la sensibilidad de muchos
ciudadanos preocupados por el estado de cosas que
prevalece en México. Hablar de ellos sería
especulativo.
Pero identifícanse otros motivos, muchos
de ellos obvios y no pocos inferidos, además de los
ya discernidos párrafos atrás como son los de la
ineptitud y la soberbia de los personeros del poder
formal.
Un motivo adicional es la inexistencia de
un plan integral, distinto del plan general o de los
planes específicos --que presúmese sí existen-- de
carácter táctico y estratégico, militar o policiaco.
Hablamos de otro tipo de plan. Un plan
integral, como ya se dijo en el párrafo anterior,
ejecutado por etapas, no simultáneamente, con
arreglo a posicionamientos doctrinarios y prácticos
de poder.
Hablamos de un plan que incorpore a todos
los componentes de insoslayable verismo, como son
los que codyuvan a mantener la forma de organización
política, económica e incluso social prevaleciente.
Esto es fundamental y, a la vez,
elementalmente obvio. El origen de las causas de los
desafíos que el gobierno percibe como tales y
enfrenta --sus guerras libradas simultáneamente-- es
muy claro.
Y la lógica y el sentido común --que aquí
coinciden-- aconsejan irse al origen. Enfrentar el
origen, el de la inviabilidad ya monstruosa de la
forma de organización económica, política y social.
III
Allí yacen, nítidos, los componentes de
verismo que contribuyen al mantenimiento de la forma
de organización económica, política y social que
muestra saldos terribles: mayor desigualdad y más
injusticia.
El primer componente sería el de la
inclusión: el Estado mexicano y el gobierno que lo
representa y emblematiza, el que preside el señor
Calderón, se exhibe excluyente, segregador, pobre en
recursos humanos.
Ello es un indicio elocuente de una psique
acosada por enemigos reales y supuestos, pero que no
sabe distinguir entre unos y otros. Por ello, le
teme a todos. Al pueblo, inclusive.
Un gobierno excluyente --cuya alfaguara de
recursos humanos se depaupera por discriminaciones
ideológicas sistémicas y filtros de prejuicios
selectivos-- no tiene futuro por una lisa y
llanísima razón.
Y esa razón es la de que ese gobierno no
tiene presente. Vive al día. Y el día transcurre con
tal celeridad --la dialéctica de la realidad-- que
no alcanza a comprenderlo. No comprende sus
avatares.
A la esterilidad ideológica del gobierno
--la ideología de la derecha ultramontana es un
erial-- agregaríase otro agente de influencia en las
decisiones políticas: sólo hay una verdad.
Gobierno de la verdad única, el que
preside don Felipe se cierra cada vez más. No
aprieta filas, elimina a los formados. No coteja su
cosmovisión, de por sí estrechísima y miope, con las
de los mexicanos.
Glosario:
Alfaguara: Manantial copioso que surge con
violencia.
Erial: Aplícase a la tierra o campo sin
cultivar ni labrar.
Ultramontana: Que está más allá o de la
otra parte de lo montes.
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