Año 1 No. 3  Revista mensual   10 de mayo de 2007. Xalapa, Veracruz

 

 

Cascabeleando

Silvia Sigüenza Salcedo

 Somos Lo Que Comemos

 Una realidad tan de Perogrullo que ya no reparamos en su contenido y resultados. Una buena y correcta alimentación, sobre todo en la infancia, da como resultados jóvenes y adultos sanos y capaces de poner en movimiento algo ya muy pretérito, al parecer, en los mexicanos; la razón.

Es en este renglón de la vida humana donde sí aplica aquello de que “infancia es destino”. Un ser que durante la infancia se alimentó de harinas con muchos químicos y tinturas, verduras y carnes congeladas que pasan por un moderno y facilitador para las amas de casa, horno de  microondas, muchos litros de refresco de cola o cualquier otro  líquido embotellado, coloreado y gasificado, muchos pastelillos apetitosos a la vista y con cero nutrientes.

A todo lo anterior, que se queda corto en la enumeración, hay que sumar la funcional y envidiable mercadotecnia alimentaria, que en correcto español debería ser mercenaria. Así los productos están a la vista; niños y adolescentes con: Diabetes, obesidad, celulitis, anemia, desnutrición en diversos grados, descalcificación, que les provee de muchas caries y problemas dentales, más lo que a usted se le ocurra o vea en sus niños o en los ajenos.

En la parte del raciocinio: tenemos niños siempre cansados, aburridos, tristes, sin saber en que emplear su tiempo extraescolar, o niños agresivos, con serios problemas de atención, deprimidos, y dispersos. Con este material que el país está produciendo, tenemos ya y, va en aumento geométrico una o varias generaciones de seres, no pensantes; todo lo que se les da, va digerido y dirigido por los consorcios educativos nacionales,  las televisoras de todo tipo; abierta o de paga, nacional o estatal.

Resultado, los niños se tornan perezosos para pensar, amén de que su equipo físico – racional- emotivo, está muy anémico y, el país tendrá cada generación y cada día, ciudadanos robots, inmersos en el “hay que vivir el día” no me importa lo que pase en el gobierno porque yo de todos modos vivo y, no sé cuando me voy a morir, tengo que vivir a mi manera. Misma que es; la disco, todo tipo de antros, la droga que oferta felicidad momentánea, etcétera.

Por otra parte, la que lleva sobre sus hombros la responsabilidad de un país, este, el nuestro; vive complacido ante la situación; un país de seres pensantes no permitiría que sucediera lo que de un tiempo a la fecha sucede.

Va un mínimo ejemplo pero de grandes dimensiones: Usted pasa o va a una comunidad o pueblo sin servicios ni equipamiento urbanos, donde los habitantes comen lo que pueden o siembran o crían,  o lo que les proporciona una despensa electorera; a cambio usted ve que hay tremendos espectaculares anunciando un refresco casi obligatorio para los mexicanos, la coca cola, en alguna choza se vende aguardiente, en otra un “chumo”; y siempre existe, conectado a un generador de electricidad doméstico, o a una batería de automóvil, una televisión, que cumple su cometido, vendernos ilusiones y comida chatarra. Los lugareños prefieren así, comprar un litro de coca, que un litro de leche (al menos los llena de aire un rato) y la leche carece de propaganda. Este es nuestro maravilloso sistema de comida, que no alimentario.

Y, para remate, el gobierno, este y los que le antecedieron no voltea sus ojos ni su interés, a elaborar un programa alimentario nacional, con énfasis en las zonas marginadas. ¿Qué harían con un país de seres pensantes? Mejor que ahí sigan.

¿No podrían destinar a sus cerebros de la salud, a sus grandes cerebros en planeación, a elaborar un programa que alimentara correctamente a los mexicanos; dónde están, qué hacen los señores del sector salud, las ONGS, las fraternidades sociales, los teletones, los DIF nacional, estatales y municipales, las organizaciones e institutos oficiales que pelean por los derechos de las madres y mujeres, los Derechos de los niños, los Derechos Humanos…?

Bien podría dedicar el gobierno, en sus tres niveles, parte de lo que botan en campañas, en banquetes para arreglar sus diferencias, para hacer sus acuerdos, para adquirir un puesto de esos que llaman “ de elección popular”  para el pago de “investigadores políticos” y muchas inutilidades más; destinarlas bajo un programa serio y responsable,  a la alimentación de los mexicanos.

Un sólo, único  y al parecer dadas las evidencias, problema  lo impide: No tiene registro en la agenda nacional.

 

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