Año 1 No. 3  Revista mensual   10 de mayo de 2007. Xalapa, Veracruz

A manera de Editorial

 

 

A contracorriente de la tendencia expresada en el corazón del país, con motivo de la conmemoración internacional de la ejecución de los Mártires de Chicago por las fuerzas represivas, en Veracruz se vivió una jornada más de sana convivencia entre la clase trabajadora, la clase patronal  y el gobierno estatal. El recuerdo en la memoria histórica de las huelgas y la represión en Cananea y Río Blanco, paradigmas de la lucha obrera en México, así como la condición de pobreza en que vive hoy la mayoría de los asalariados, no fueron suficientes para alterar las reglas no escritas del colaboracionismo de facto entre la cúpula sindical y el poder político y económico.

En tanto que a nivel nacional, y al margen del deslinde y ausencia protagónica del jefe del Ejecutivo federal en una conmemoración que históricamente trae a la memoria conquistas y derechos laborales, arrebatados con sudor sangre y determinación al poder detentado por el capital,  el 1º de mayo fue oportunidad para que sindicatos oficialistas e independientes así como organizaciones campesinas, demandaran mejoras salariales, derogación de la Ley del ISSSTE, control de precios, apoyo al campo, soberanía alimentaria, respeto a los contratos colectivos de trabajo, libertad de asociación sindical y la renegociación del TLCAN en el capítulo agropecuario, en Veracruz se impuso el corporativismo laboral  afecto al PRI,  predominando la simulación, el acarreo, la lambisconería, la sumisión, y la uniformidad de camisetas rojas de dudoso origen de manufactura.

Las reivindicaciones de los trabajadores veracruzanos, expresadas con tibieza por la mayoría de los convocados a la celebración,  fueron opacadas por el llamado a fortalecer la alianza con el capital; a incrementar la capacitación y la productividad del trabajo, y a mantener el clima de colaboración para facilitar nuevas inversiones que posibiliten la explotación de recursos naturales propiedad de la nación por el capital extranjero. Pasándose por alto una realidad que se expresa en desempleo, sindicalismo blanco, deterioro del poder adquisitivo del salario, sistema prevaleciente de contratación temporal, pérdida gradual de conquistas y derechos, y el saqueo de que son objeto los ahorros pensionarios de la fuerza laboral.

No basta que desde el poder se asegure el respeto a la libertad y autonomía sindical, si por ello se entiende el convenir una sana cercanía entre el gobierno, la clase empresarial y los líderes charros. Sin democracia al interior de las organizaciones laborales, la reconquista de los derechos vulnerados es reivindicación que nace muerta. La autonomía sindical es propósito y tarea cotidiana de los propios trabajadores. De la participación democrática de estos y no de la dádiva graciosa del  gobierno,  depende el que esta sea reconocida y respetada por todos. De otra manera prevalece el círculo vicioso: el patrón hace como que paga y el asalariado hace como que trabaja, en detrimento del crecimiento económico y el desarrollo.

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