Año 1 No. 7  Revista mensual   10 de Septiembre de 2007. Xalapa, Veracruz

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 Idiosincrasia y democracia

Roberto Williams García 

En la década de los treinta los domingos de elecciones en Coatzacoalcos algunos vaqueros pasaban junto a las urnas electorales, para lazarlas y llevárselas arrastradas en el suelo arenoso de las calles. Yo como  chamaco me concretaba  a ver esas escenas que  me parecían  salidas de las películas de Tom Mix o  Tim Mccoy. No imaginaba que fueran urnas hurtadas para restarle votos al contrincante. Era  yo simple espectador que después sabría que el hurto de urnas se substituiría con las ordeñas realizadas por expertos, a los que se les aplicó el nombre de mapache por la costumbre de ese mamífero de jalar con sus manitas a los pececillos que pululan en las orillas de los riachuelos.

Para terminar con los mapaches y otras especies de sustracción de votos y embarazo de urnas que empañaban las elecciones, el gobierno logró la creación del Instituto Federal Electoral, bienvenido instrumento ciudadano como una verdadera y verde esperanza para el logro de limpias elecciones.

 El gobierno respetó la  votación lograda por Fox. Elección resultante del repudio de la gran mayoría ciudadana cansada de la imposición y el autoritarismo. El mismo pueblo puso el remedio logrando el sufragio efectivo. Se había inaugurado, en paz, la alternancia en el poder. Y la democracia parecía encarrilada en buen sendero. Pero (no falta el pero) sobrevino el descarrilamiento cuando en la elección presidencial del 2006 la calificación resultó turbia Se acató el resultado de un tribunal electoral sin pleno convencimiento de que hubo legalidad legal; perdón por el pleonasmo. El Instituto Federal Electoral, nuestra esperanza, quedó en entredicho. Sin embargo, hay que reconocer que no es la  institución únicamente la que falla, también intervienen otros factores que tienen que ver con nuestra idiosincrasia, que enturbian a la auténtica democracia. Factores que, de momento, no quiero precisar, ni calificar. Faltan más hechos.

Llamando eso si la atención,  el que en nuestra realidad electoral mexicana pulule una práctica que ojala fuera pasajera y no se vuelva vicio representativo.de nuestra idiosincrasia: la compra y venta del voto. Fenómeno este que no se ha querido colocar en el nivel de la corrupción, pero que fue evidente en las recientes elecciones veracruzanas.

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