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I
2 de
septiembre de 2007.-
Como antojaríase obvio y,
por ello, redundante, el
presidencialismo es el cúmulo de
fundamentos y peculiaridades del régimen
presidencial en que el Presidente es
simultáneamente jefe del Estado y jefe
del Gobierno. Así, el Presidente reúne
en su investidura tanto los poderes
representativos de su primera cualidad,
la de jefe del Estado como los de
carácter político de la segunda --jefe
del Gobierno. Esa dicotomía no siempre
se traduce en funcionalidad.
Cierto es que esa
dicotomía convierte al Presidente en el
centro pivotal de la actividad política
del Estado y eje de la cultura misma del
poder formal. Estas características son
comunes en los regímenes llamados o
considerados presidencialistas.
Bajo esa condición, el
Presidente es, en los hechos, un monarca
casi absoluto, infalible y, por lo
mismo, sus decisiones suelen ser
indiscutibles e inapelables. El
presidencialismo permite potestades
metaconstitucionales, si no es que
ilegales.
En el México de otrora,
el presidencialismo justificó conductas
asaz aberrantes de autoritarismo y
arbitrariedad no sólo del propio
Presidente de la República, sino de sus
secretarios de despacho y sus familiares
y allegados y afines y partiquinos.
II
En el caso mexicano, el
presidencialismo incurrió en
monstruosidades acuciosamente
documentadas: represión sistémica –como
las ediciones sexenales de guerra
sucia-- y la institución del fingimiento
e hipocresía democrática. Su divisa era
simular. Pero el presidencialismo --que
habría tenido, en su momento, una razón
de ser con arreglo a la experiencia
histórica de México se degradó y devino
en ente obsoleto por la ineptitud,
venalidad, ignorancia y entreguismo de
los propios presidentes.
El hito cronológico de la
degradación, desgaste e irrelevancia del
presidencialismo se sitúa en el sexenio
de Miguel de la Madrid, aunque su
sucesor, Carlos Salinas, le imprimió a
la institución un efímero viso de
metaconstitucionalidad poderdante. Pero
fue en el sexenio de Ernesto Zedillo
donde el presidencialismo sufrió
acotaciones notorias y decisivas, pues
el Poder Legislativo le redujo a éste su
metaconstitucionalidad. Con Vicente Fox
el presidencialismo fue declarado
fallecido.
En los sexenios de los
señores De la Madrid y Zedillo, el Poder
Legislativo dio los primeros pasos,
trastabillantes e inciertos --sin
rumbo-- y sin proponérselo, hacia un
parlamentarismo que bien recogería una
nueva realidad política.
III
En
éste sexenio --del que ha transcurrido
sólo nueve meses--, adviértense
indicios, a nuestro ver claros, de que
Felipe del Sagrado Corazón de Jesús
Calderón aspira, si no es que pretende
en los hechos, instaurar un nuevo
presidencialismo. A modo.
Sin
abundar en esos indicios, menciónese,
por ejemplo, el uso político de las
Fuerzas Armadas por parte del señor
Calderón para prevalecer por encima de
su condición de Presidente de Facto y su
espuriedad como mandatario. Hay, por
añadidura, otros indicios.
Los
incidentes en el entorno del I Informe
--la lectura abreviada del documento en
un acto solemne en Palacio Nacional--
apuntan hacia esa pretensión:
actuaciones por encima del Poder
Legislativo y/o al margen de éste. Es
una pugna de poder.
Pero don
Felipe desestima, en esa aparente
pretensión de instaurar un nuevo
presidencialismo, la realidad
sociopolítica de México, la que enterró
a ese régimen de ucases bajo simulación
de una democracia: la creciente
pluralidad ideológica y política. Esa
pluralidad representa y conforma un
verismo abrumador –por insoslayable--
cuya mera existencia es, por sí sola, un
agente social de presión política sobre
los detentadores del poder formal.
Ignorar esa realidad es arrogancia y
miopía. Mas para compensar esa carencia
de representatividad, el atajo es la
reivindicación del presidencialismo: el
ejercicio omnímodo del poder formal, el
de la coacción y la violencia legal, el
de las armas contra discrepantes y
disidentes activos.
Glosario:
Dicotomía: partición,
dualidad, división en dos partes.
Bifurcación.
Funcionalidad: calidad de funcional. Que
funciona.
Ucasas: plural de ucase. Decreto
injusto.
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