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Iniciamos este mes de septiembre con dos eventos
importantes para la ciudadanía, el primero es la entrega
del informe presidencial que tuvo lugar en el Congreso
de la Unión, cumpliéndose con un mandato constitucional
y bajo los cánones de un protocolo negociado. Evento en
el que gracias a los medios electrónicos de
comunicación, los mexicanos pudimos observar a un Felipe
Calderón minimizado, - la banda presidencial, como todo,
le quedó grande-con una fría e inexpresiva sonrisa,
clamando por un diálogo con los legisladores que no se
da.
El
entusiasmo en el recinto era comparable al de un
velorio. Siendo notorio el vacío dejado por los miembros
de la bancada perredista que de última hora decidieran
retirarse. Una “falla técnica” a decir del Secretario de
Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, impidió que el
sistema de transmisión de la Presidencia de la República
pasara en cadena nacional el mensaje de la presidente de
la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, la
perredista Ruth Zavaleta, en el cual explicara las
razones por las cuales se retiraba delegando
temporalmente sus funciones en un diputado panista. Más
tarde se sabría que en el escueto mensaje presuntamente
censurado, la Sra. Zavaleta dijera que no podía recibir
el informe de quien proviene de un proceso electoral
legalmente concluido, pero cuestionado por millones de
mexicanos.
Lo
dicho por la diputada perredista es un hecho que no
puede disfrazarse; cada vez aumenta el número de
mexicanos convencidos del fraude electoral del 2 de
julio del 2006. Para que no quepa duda Luís Carlos
Ugalde, presidente del IFE, trata de salvar su
permanencia al frente de éste, explicando que si le
quitan el puesto es tanto como aceptar políticamente que
sí hubo fraude. Lo cual nos enfrenta a una paradoja.
Con la
salida “del aire” de la transmisión referida, se
confirma que la buena voluntad y disposición al diálogo
y negociación por parte de los blanquiazules es pura
palabrería. Los acuerdos para facilitar la presencia en
tribuna de Calderón Hinojosa no fueron respetados por
estos. Esta “falla técnica”, en realidad es una censura
a un discurso coherente, de cara a la nación, y una
ofensa al Poder Legislativo de la Unión, en tanto la
representante popular ocupa el alto cargo de Presidente
de la Cámara de Diputados. Además de una ofensa a una
mujer que en la vida pública refleja el carácter
mayoritario de la población femenina.
Un día
después de la entrega negociada del informe
presidencial, Calderón se organizó su propia fiesta en
Palacio Nacional, destacando el boletín oficial el
número de interrupciones que por aplausos ent usiastas
tuviera la lectura de lo que pretendió ser síntesis del
estado que guarda la Nación y mensaje político
circunscrito a la atención de los varios cientos de
invitados, entre los que figuraban gobernadores
priístas, perredistas y acarreados. Evidenciándose el
intento fallido por la restauración del “Día del
Presidente”, como acto simbólico del poder imperial y el
afán de legitimización y culto a la personalidad del
actual habitante de Los Pinos.
¡Ah!
Eso si, para que no quepa duda de la buena voluntad del
partido en el gobierno y su preocupación por los
mexicanos, inicia este mes patrio con la propuesta de un
alza en la gasolina y el diesel. Duro golpe al bolsillo
que se hará acompañar por mayores niveles de inflación e
incremento de los ya existentes 60 millones de pobres.
El
segundo evento a destacar, tuvo lugar aquí en Veracruz.
La ciudadanía expresó en los comicios del día 2 su
rechazo al PAN. Otorgándole al PRI y sus partidos
asociados, 155 alcaldías y 28 diputaciones locales. En
el buen sentido Veracruz se vistió de rojo y mando al
diablo las celestes promesas de las buenas conciencias.
A los festejos de este arrollador triunfo, deberá
sumarse el compromiso de quienes resultaron favorecidos
con el voto y la confianza ciudadana. Debiendo tener
presente todo el tiempo que son SERVIDORES PÚBLICOS,
como representantes populares unos, y otros mandatarios,
por decisión de los mandantes, que somos nosotros, los
ciudadanos, el pueblo, al que están obligados a
obedecer. No olvidando sus promesas de campaña y
pensando en primer término en el bienestar de la
población que les eligiera, antes que en cualquiera otra
legítima aspiración, porque “No se puede saludar con el
puño cerrado”, como dijo alguna vez Indira Gandhi.
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