Año 1 No. 7  Revista mensual   10 de Septiembre de 2007. Xalapa, Veracruz

A manera de Editorial
 

 Sería necio, y hasta políticamente incorrecto, el sólo pretender no aceptar el avasallador triunfo en las urnas de los candidatos del gobernador en la elección legislativa y municipal. Los números hablan y la percepción generalizada de una población indiferente, aceptando que en lo general las elecciones se dieron en un clima de tranquilidad, prevaleciendo la legalidad, transparencia, imparcialidad y plena libertad en el ejercicio de su derecho a sufragar, podrían ser elementos más que suficientes para celebrarlo.

Lo cuestionable y sujeto a diversas lecturas, serían los medios utilizados para alcanzar el desmedido éxito alcanzado. Pues no puede soslayarse que, desde su etapa previa, meses antes de las elecciones, el proceso electoral estuvo dominado por un superlativo afán de la administración pública estatal por inclinar la balanza a favor de la fidelidad, por un lado y, por otro, la ingerencia de la administración federal, en apoyo al partido que impulsara el aún sospechoso triunfo del Sr. Felipe Calderón, en las elecciones presidenciales del 2006.

Igualmente debería ser motivo de cuestionamiento, el nivel de participación partidista opositora en la vida política de la entidad. Los pobres resultados en las urnas claramente indican que ésta ha dejado de reflejar y expresar la dinámica plural de la sociedad veracruzana; mostrando un claro divorcio entre las bases militantes y la burocracia cupular, dominada por signos inequívocos de corrupción y pragmatismo.

No se puede afirmar que ganaron los mejores hombres y mujeres de la entidad. A nadie escapa la mediocridad que dominó el escenario frente a la ausencia de posicionamiento ideológico y programático de partidos y candidatos. La carencia de propuestas coherentes y congruentes con la realidad que vive Veracruz fue el común denominador. Sin embargo, vale la pena destacar que precisamente ante la ausencia de una auténtica confrontación de ideas, que ofreciera opciones y alternativas diversas a ser ponderadas por la ciudadanía, esta, por instinto o por inercia, decidió frenar en las urnas el avance orquestado desde Los Pinos de una retrógrada derecha; lo que, en última instancia, quizá podría considerarse como justificación de un avasallamiento electoral de tal envergadura, que prácticamente pintó de rojo a todo el territorio veracruzano.

Modificada a su favor la correlación de las fuerzas políticas, con prácticamente carro completo en el Congreso local y, por ende, libre de contrapesos, cabría esperar que el titular del poder ejecutivo estatal haya considerado en sus cálculos las consecuencias de una posible y negativa reacción calderonista. Pasada la euforia del primer momento, cabe la duda que se deriva de la abierta confrontación entre el gobierno de la entidad y la administración pública federal, en torno a la futura relación recíproca entre ambos poderes. El tiempo y la indudable capacidad de maniobra del gobernador nos darán la respuesta.
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