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Año 1 No. 8 Revista mensual 10 de Octubre de 2007. Xalapa, Veracruz |
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El orden es indistinto, pero es incuestionable que la decisión para la alternancia y el futuro inmediato del PRI se tomó desde las altas esferas de mando, incluida en ella la voluntad de Washington. Es claro que en el corto espacio de una colaboración no se puede abordar con suficiencia tema tan importante, pero es posible esbozarlo. Para tomar una idea de cómo el PRI fue perdiendo adeptos y dejó de ser hegemónico en México tenemos que conocer su realidad en cada uno de los Estados de la república, estudios de caso que nos señalen los momentos que fueron determinando el futuro del partido, que inopinadamente pasó de la hegemonía a la oposición. Sólo bordaremos un somero esbozo, concretándonos al Estado de Veracruz. Siempre es conveniente acudir a las estadísticas electorales cuando de analizar a los partidos se trata, ellas son un auxiliar de primer orden para evaluar resultados y comprender el sentido del voto ciudadano. Así lo enseñan los resultados de las elecciones federales a partir de 1991, elecciones intermedias de Salinas de Gortari: en aquel año el PRI consiguió 1, 370,428 votos, muy similar votación obtuvo en 1994: 1, 309,287 pero bajó considerablemente en 1997, elecciones intermedias de Zedillo, a 907,335 sufragios, subió a 1, 048,092 en el 2000, aunque disminuyó sustancialmente en el 2003 a 703,358 para subir a 940,882 votos, en 2006. Son altibajos que se reflejaron determinantemente en 1997 con la pérdida de la mayoría en el Congreso Federal y en el 2000 y 2006 con la pérdida de la presidencia de la república. El PAN, en cambio, en los mismos periodos, en Veracruz tuvo un crecimiento constante, porque de 92,166 votos en 1991 subió a 381,536 en 1994; a 447,288 en 1997; a 901,982 en 2000; 655,718 en 2003 y a 922,763 en 2006. Por su parte, el PRD obtuvo 106,037 en 1991; elevó considerablemente en 1994 a 548,077 votos; luego a 560,619 en 1997; 586,906 en el 2000; pero en el 2003 cayó abruptamente a 230,075 y, en Alianza, subió a 834,06 en el 2006. Bastará con recordar el resultado de las elecciones municipales de 1994 a la fecha para reconocer el retroceso político del PRI o, si se quiere, el avance electoral de su oposición. En 1994 el PRI perdió 54 municipios y el distrito electoral de Veracruz. En 1997, el PRI perdió 107 municipios y los distritos de Veracruz y Boca del Río. En el año 2000 de alguna manera recuperó buen número de municipios (116), pero nada comparables con la importancia de los que perdió; el PAN ganó 42; el PRD 29; el PT 7; PVEM en 5, Convergencia en 7 y PAS en 1. En cuanto a diputaciones plurinominales al PRI le correspondieron 7; al PAN 7; al PRD 4 y a Convergencia y PVEM uno cada uno. Por los resultados de esta elección el PRD perdió su posición como segunda fuerza política en Veracruz, su lugar lo ocupó el PAN. Así, el PRI perdió en esta ocasión en 91 municipios, a diferencia de los 54 en 1994 y de los 107 de 1997, aunque esto no expresaba ningún repunte. Pero la derrota de grandes proporciones, muy similar a la de 1997, se dio en 2004, cuando el PAN ganó 89 municipios, el PRI solamente 70, Unidos por Veracruz 42 y PRV 10; hubo un empate en Coetzala entre el PRI y el PRV en 310 votos. El PAN ganó 14 diputados, Fidelidad por Veracruz 13 y Unidos por Veracruz (PRD, Convergencia y PT), 3 diputados. Para entonces el PAN llevaba una tendencia al alza que se consideraba imparable, mientras que el PRD mostraba signos de una caída libre sin red de protección; ¿qué sucedió con el PAN? ¿A que, o a quién, realmente se debió la gran victoria del PRI en la elección de 2007? En el análisis socio-político cabe una gran diversidad de variables que deben ser consideradas para la formulación de un diagnóstico correcto; en el caso particular de la reciente elección veracruzana de la que flotan aún los humos de la victoria de unos y la aturdida conmoción de los perdedores, poco a poco habrá de fluir la información veraz, sin demérito de la que ya ha surgido, que nos posibilite adentrarnos en la verdad científica de lo acaecido, cómo y porqué ocurrió. Mientras, podemos agregar otras interrogantes: vistos los resultados, ¿realmente el PAN se había consolidado como fuerza opositora al interior de la ciudadanía, o sus victorias fueron solo una derivación de la confusión priísta y de los errores perredistas? ¿Es efímero su paso por el poder y muy pronto se “gastó” el PAN en la gestión pública, haciendo válida la tesis de que el poder desgasta? Muchas de las respuestas están allí, en el campo social, escenario de los acontecimientos, el ciudadano las conoce, ya habrá oportunidad de profundizar en el tema. |