Año 1 No. 8  Revista mensual   10 de Octubre de 2007. Xalapa, Veracruz

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OPORTUNO FRENO A EXCESIVOS GASTOS EN CAMPAÑAS

Ángel Lara Platas

Por el número de Congresos Locales que han dado su voto mayoritario a la reforma electoral, todo parece indicar que será aprobada. Solo faltaría que el Congreso de la Unión haga la declaratoria de cumplimiento del proceso, para que con la prontitud requerida pueda entrar en vigor. Se va a lograr, a pesar de que los dueños de medios de comunicación, particularmente los televisivos y de radio, se le fueron a la yugular a los legisladores para evitar que esto ocurriera.

Es que no es para menos. Desde 1996, los amos de los medios encontraron un verdadero filón de oro, al lograr, sin recato alguno, la comercialización de las campañas electorales al grado de pretender transformar a los candidatos en verdaderos productos de supermercado, metidos en una guerra de spots pagados con dinero del erario. Esto  significa que casi el 80% del dinero que los partidos reciben por concepto de prerrogativas, va directo al bolsillo de los concesionarios de radio y TV.

Por ello las críticas tanto internas como externas, de que en México las campañas políticas son las más costosas del mundo, y lo peor de todo, que los propios medios se encargan de crear necesidades y condiciones para que cada vez los costos sean más altos, derivando esto en una carrera interminable de recursos por la competencia electoral. Este esquema impuesto por los medios de comunicación, estaba cambiando ya el régimen democrático que es el que tenemos en el País, por uno plutocrático, es decir, un sistema donde el que manda es el dinero.

Ante la proximidad de las reformas, los comunicadores insisten en desacreditar a los legisladores con el argumento de que su posición es antidemocrática. La realidad es que a la gente, que nunca ha estado de acuerdo en el despilfarro de los recursos que se otorgan a los partidos, ha aplaudido tal determinación. Cómo no les va a parecer correcto a los ciudadanos que se restrinja la contratación de spots en la radio o la televisión, cuyo bombardeo es tan incesante que lejos de convencer, resulta molesto y desagradable.

Pero además, cuando los candidatos gozan de buena fama no es necesario meterlos en procesos de campaña tan largos y costosos. Un contendiente con buena imagen pública, rápidamente permea en el ánimo de la gente. Como un buen ejemplo, está el caso de Orizaba. En las pasadas contiendas municipales, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocó la candidatura de Víctor Manuel Castelán Crivelli, que con todo y precampaña llevaba varios meses de labor proselitista con miras a alcanzar la presidencia municipal de aquel lugar. Esta decisión se da tan solo faltando semana y media para las votaciones. Cuando el PRI nombra al nuevo candidato, quedaban menos de 5 días para hacer campaña. A pesar de ello, Juan Manuel Diez Franco, persona respetable y prestigiada, gana la elección por amplio margen.

Por eso se celebra que legisladores de los partidos más representativos, hayan unido sus criterios y voluntades para poner freno al despilfarro de recursos públicos y privados, cuyo destino final eran los bolsillos de los concesionarios de las ondas hertzianas. Esto explica la engallada reacción de los principales conductores de noticieros, que pretendiendo lograr consensos a su favor, gritan a todas horas que las reformas serían un ataque a la libertad de expresión.

 Sin embargo, a ellos nadie les censura los insultos, ofensas y descalificaciones que de manera selectiva dirigen en contra de aquellos políticos que no son de su agrado. Basta escuchar cualquier día a Pedro Ferríz, Joaquín López Dóriga, Eduardo Ruíz Heally o Javier Alatorre, que más allá de su papel de informadores, enjuician, desprecian y en no pocas ocasiones difaman.  Tampoco es un secreto que en gala de poca ética, frecuentemente utilizan el poder de los medios para conseguir jugosos beneficios a través de contratos, concesiones u otro tipo de prebendas. También es una realidad que influyen, sin ser políticos, en la política, y a veces de manera determinante.

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