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OPORTUNO FRENO A EXCESIVOS
GASTOS EN CAMPAÑAS
Ángel Lara Platas
Por el
número de Congresos Locales que han dado su voto mayoritario
a la reforma electoral, todo parece indicar que será
aprobada. Solo faltaría que el Congreso de la Unión haga la
declaratoria de cumplimiento del proceso, para que con la
prontitud requerida pueda entrar en vigor. Se va a lograr, a
pesar de que los dueños de medios de comunicación,
particularmente los televisivos y de radio, se le fueron a
la yugular a los legisladores para evitar que esto
ocurriera.
Es que no
es para menos. Desde 1996, los amos de los medios
encontraron un verdadero filón de oro, al lograr, sin recato
alguno, la comercialización de las campañas electorales al
grado de pretender transformar a los candidatos en
verdaderos productos de supermercado, metidos en una guerra
de spots pagados con dinero del erario. Esto
significa que casi el 80% del dinero que los partidos
reciben por concepto de prerrogativas, va directo al
bolsillo de los concesionarios de radio y TV.
Por ello
las críticas tanto internas como externas, de que en México
las campañas políticas son las más costosas del mundo, y lo
peor de todo, que los propios medios se encargan de crear
necesidades y condiciones para que cada vez los costos sean
más altos, derivando esto en una carrera interminable de
recursos por la competencia electoral. Este esquema impuesto
por los medios de comunicación, estaba cambiando ya el
régimen democrático que es el que tenemos en el País, por
uno plutocrático, es decir, un sistema donde el que manda es
el dinero.
Ante la
proximidad de las reformas, los comunicadores insisten en
desacreditar a los legisladores con el argumento de que su
posición es antidemocrática. La realidad es que a la gente,
que nunca ha estado de acuerdo en el despilfarro de los
recursos que se otorgan a los partidos, ha aplaudido tal
determinación. Cómo no les va a parecer correcto a los
ciudadanos que se restrinja la contratación de spots en la
radio o la televisión, cuyo bombardeo es tan incesante que
lejos de convencer, resulta molesto y desagradable.
Pero
además, cuando los candidatos gozan de buena fama no es
necesario meterlos en procesos de campaña tan largos y
costosos. Un contendiente con buena imagen pública,
rápidamente permea en el ánimo de la gente. Como un buen
ejemplo, está el caso de Orizaba. En las pasadas contiendas
municipales, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación revocó la candidatura de Víctor Manuel Castelán
Crivelli, que con todo y precampaña llevaba varios meses de
labor proselitista con miras a alcanzar la presidencia
municipal de aquel lugar. Esta decisión se da tan solo
faltando semana y media para las votaciones. Cuando el PRI
nombra al nuevo candidato, quedaban menos de 5 días para
hacer campaña. A pesar de ello, Juan Manuel Diez Franco,
persona respetable y prestigiada, gana la elección por
amplio margen.
Por eso se
celebra que legisladores de los partidos más
representativos, hayan unido sus criterios y voluntades para
poner freno al despilfarro de recursos públicos y privados,
cuyo destino final eran los bolsillos de los concesionarios
de las ondas hertzianas. Esto explica la engallada reacción
de los principales conductores de noticieros, que
pretendiendo lograr consensos a su favor, gritan a todas
horas que las reformas serían un ataque a la libertad de
expresión.
Sin
embargo, a ellos nadie les censura los insultos, ofensas y
descalificaciones que de manera selectiva dirigen en contra
de aquellos políticos que no son de su agrado. Basta
escuchar cualquier día a Pedro Ferríz, Joaquín López Dóriga,
Eduardo Ruíz Heally o Javier Alatorre, que más allá de su
papel de informadores, enjuician, desprecian y en no pocas
ocasiones difaman. Tampoco es un secreto que en gala de
poca ética, frecuentemente utilizan el poder de los medios
para conseguir jugosos beneficios a través de contratos,
concesiones u otro tipo de prebendas. También es una
realidad que influyen, sin ser políticos, en la política, y
a veces de manera determinante.
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