Año 1 No. 8  Revista mensual   10 de Octubre de 2007. Xalapa, Veracruz

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A la víbora, víbora de la Mar
Armando Ortiz Ramírez

 

El gatopardo, un príncipe y su tiempo

 

 

La historia del hombre es un compendio de encuentros y desencuentros, es un proceso evolutivo que en apariencia avanza, porque la historia, dicen los expertos, avanza con el tiempo y el tiempo es sobre todo movilidad. Así, los procesos sociales en los que se enrolan las civilizaciones tienden al cambio. El cambio es para muchos la solución a la necesidad de que la historia siga avanzando. Si la historia se estanca, para otros es como si el tiempo se detuviera. Pero el cambio no conviene a todos, sobre todo a aquellos que en la inmovilidad de los procesos sociales han fincado su realeza, la sucesión de su estirpe, la acumulación de los bienes y el prestigio de su alcurnia, que no se compra con dinero, con favores o con edictos, que sólo se adquiere con el tiempo. Si bien es cierto los títulos nobiliarios terminaron siendo un favor de sus Majestades; llego un momento en que la clase burguesa podía, con sus propiedades, aspirar a la nobleza por título, más nunca por alcurnia.

Algunos nobles no fueron indiferentes a los cambios sociales, que son la esencia de los procesos evolutivos. Los que sí lo fueron, tuvieron que pagar las consecuencias y hoy día, mermados en sus riquezas, viven añorando esos años de inmovilidad.<

Sólo un hombre que haya vivido ese proceso podría haber escrito una novela tan magistral como El gatopardo. Giuseppe Tomasi de Lampedusa fue un noble venido a menos, debido a que sus antepasados no lograron discernir las necesidades del cambio. Lampedusa peleo en la Primera Guerra Mundial de la que escapó recorriendo a pie la mitad de Europa. Se casó con una mujer noble que le permitió dedicarse a lo que más placer le causaba, la lectura de libros; llego a leer hasta en cinco idiomas. Lampedusa gustaba de tomar café con los amigos y escucharlos en sus pláticas. Hombre silencioso, no daba a sospechar que guardaba un genio que sólo alcanzó a dar una breve muestra. Entre 1954 y 1956 escribió El gatopardo, novela que fue rechazada por el primer editor. Pero el autor no se dio por vencido y rehizo su novela entregándola a otro editor que la hizo correr con la misma suerte. Lampedusa murió en el año de 1957 sin ver publicada su obra. Fue Giorgio Bassani, un editor italiano, quien publicó la novela. Y lo hizo no porque haya entendido que la novela era una metáfora idealista (de otro modo la hubiera rechazado), sino que la miró como una mera ficción, como una serie de cuadros monumentales que decoran las salas de los castillos italianos. Hoy sabemos que la novela es más que eso. El gatopardo es un símbolo de los cambios y de la actitud que los nobles y poderosos asumen ante esos cambios. El gatopardo, dice Vargas Llosa, es una negación de la historia; una blasfemia, añadiría yo.

La novela relata un momento particular de la historia de Italia, de hecho el principio de la república italiana. La unificación de los principados que rodeaban  Roma era necesaria para evitar que los grandes imperios siguieran invadiendo esas tierras. Pero el problema radica en que el movimiento unificador surge de la clase burguesa. Los nobles contemplan, atemorizados algunos, desconcertados otros, cómo ese movimiento adquiere el apoyo de las clases populares.

 La novela de Lampedusa inicia con el arribo del General Garibaldi a Sicilia en el año de 1860. El temor en algunos se refleja en llanto y no son pocos los que huyen auxiliados por los ingleses. Pero el príncipe Fabrizio Salina, hombre acostumbrado a mandar siempre, decide esperar hasta que los acontecimientos definan el rostro verdadero de la revolución. El sabe del respeto que el pueblo le confiere y por eso su temor es menos. Es su sobrino preferido, el príncipe Tancredi quien le enseña una lección que es como una sentencia y al final un estigma que lo marca de por vida. Estando el ejército de Garibaldi en Sicilia, los jóvenes nobles tienen que decidir si son hechos presos por los revolucionarios o si se unen a las tropas y pelean hombro a hombro por el cambio. Tancredi decide lo segundo y a punto de partir le dice a su tío la frase que llena el libro: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”. Lampedusa no sabe que con esa frase inaugura una filosofía que se acomoda muy bien en la clase burguesa: el gatopardismo.

            En adelante, el príncipe Salina mantiene su jerarquía en el nuevo régimen. Tanto el pueblo como los burgueses y militares reconocen su nobleza y la respetan. Incluso le ofrecen una senaduría, con el propósito de que así pueda ayudar a su pueblo. Pero éste rechaza el ofrecimiento señalando que los sicilianos no quieren que se les despierte. Las cosas cambian y en apariencia siguen igual. Otros son los que ostentan el poder, otros son los que dominan, pero los dominados siguen siendo los mismos. El príncipe sabe que otros llegarán a ocupar su lugar, pero no tendrán el estilo o lo chic, a decir de Tancredi sobre su suegro, para ostentar ese poder. Eso irrita y deprime al príncipe Fabrizio, quien contempla al padre de Angélica, la prometida de su sobrino, quien reconoce su intrepidez, pero al mismo tiempo su vileza.

Es la escena de baile la parte culminante de la novela. En esta escena se muestra el proceso de degradación de una sociedad que se mueve en las apariencias y el materialismo. La nueva clase burguesa, representada por don Calogero, no tiene la categoría que se requiere para ostentar el mando, el hombre pedestre sólo está pensando en el costo de las cosas. En ese mismo baile Fabrizio Salina descubre la razón por la cual la clase noble ha decaído. Contempla a unas jovencitas pálidas, pequeñas y flacuchas en un salón del palacio y entiende que los casamientos entre primos, que tienen el propósito de mantener íntegro el patrimonio y el linaje de las familias nobles, ha provocado una degradación antes que un mejoramiento. Por eso no es tan malo que Tancredi, un noble, case con Angélica, una mujer cuyo abuelo fue un campesino borracho, siervo de los Salina. La clase militar también irrita al príncipe, sobre todo cuando el coronel Pallavicino cuenta la manera como tomó preso a Garibaldi, el general que peleó por la unidad de Italia, pero que murió por la misma razón. Contemplar esto le hace comprender al príncipe Fabrizio, el gatopardo, que de la vida sólo puede esperar un momento de perenne certidumbre. El gatopardo muere, muere el príncipe, el mundo, su mundo se acaba, tal cómo él lo había profetizado.

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