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I
El otro día, en una
plática ante estudiantes y practicantes
de la difusión profesional para las
masas a propósito del inicio de una
publicación periódica impresa, debatióse
acerca de la filosofía y la
responsabilidad central del ejercicio
difusor.
Esa filosofía, sábese, es
a nuestro ver insoslayable: la de
educar. Y la responsabilidad central es,
en consecuencia, la de educar bien. No
se trata sólo de educar, sino empeñarse
y cerciorarse de que se educa bien.
Por supuesto, la noción
de educar bien es subjetiva, como todo
en la difusión para fines de comunicar.
Este es un concepto vital: la
comunicación es parte inherente de todos
los procesos evolutivos de la vida
misma, desde lo celular inclusive.
La subjetividad deviene
precisamente de la naturaleza misma de
la comunicación, que es un proceso
neurálgico para cada individuo y que día
con día adquiere importancia mayor en la
sociedad planetaria y tecnologizada de
la que somos parte.
La comunicación es un
fenómeno omnipresente en el mundo
contemporáneo, siendo, así, una suerte
de común denominador de las diversas
actividades humanas, principalmente las
organizadas como expresión de una
cultura civilizadora.
El fenómeno es
inseparable, a nuestro ver, de la lucha
de clases dado el uso privilegiado que
hacen de ella los que detentan y
ostentan el poder, fuere éste económico
o político, tanto formal como fáctico o
real.
Ello lleva a concluir,
como bien lo enuncia Camilo Taufic, que
los problemas de la difusión profesional
para las masas son los de la
comunicación, y éstos los de la sociedad
en su conjunto. En lo que toca a México,
ello es de diáfana evidencia.
II
Ello es obvio. El
concepto de comunicación es
extraordinariamente amplio. Su estudio
—afirma Taufic— abarca un campo tan
extenso como la vida misma: la
comunicación está presente en todas las
relaciones humanas, fueren cuales fueren
éstas.
Y éstas suelen ser,
esencialmente, las de producción, las
familiares, las de carácter político y
las de naturaleza cultural, lo cual nos
lleva a la definición misma de la
cultura.
Cultura es el conjunto
articulado y acumulado —subráyense estas
dos cualidades— de partes de la
naturaleza que rodea al hombre y que
éste, como ser social, ha transformado a
lo largo de su desarrollo histórico.
Empero, como dice Roger
Bartra, la cultura no puede ser
entendida sin la comprensión de la
estructura socioeconómica, pues ambas
forman una unidad. La cultura es el
producto de la actividad social del
hombre, desde alimentos hasta obras de
arte y filosóficas.
Mas volvamos al tema de
la comunicación, la difusión para las
masas y, ergo, el periodismo, que es la
parte más dinámica de aquella. El
periodismo es la concreción conceptual
de la difusión para fines de comunicar.
Y comunicar es educar.
En efecto. Ello, sin
embargo, es un atributo distorsionado
por ciertos desequilibrios de las formas
de organización socioeconómicas
prevalecientes. Tales desequilibrios
transformaron la comunicación en
información, en el sentido aristotélico
del término.
Quiérese decir con esto
que la comunicación es información para
imponer formas. La comunicación, que
literalmente significa hacer partícipe a
otro de lo que uno tiene, se ha
convertido en imposición de formas
ideológicas y políticas.
III
Hoy,
la cibernética —la ciencia de las
computadoras e Internet— ha demostrado
que comunicar e informar son sinónimos y
que, secuencialmente, "informar"
equivale a "dirigir" dentro de una misma
organización social o comunidad humana.
Dadas esas premisas,
comunicar es informar e informar es, en
su turno, difundir para dirigir para el
fin esencial de la comunicación, el de
influir. Así se influye en la conciencia
y en la conducta de las personas. Eso es
educar.
Pero se educa bien o se
educa mal, según parámetros culturales:
si los instrumentos —o medios— de
difusión para las masas como la radio,
televisión, impresos y, hoy
acusadamente, la Internet, eluden su
responsabilidad educativa educan mal.
Y eso es lo que persiste,
al parecer intencionadamente, en nuestro
país. Los instrumentos de difusión
evaden su responsabilidad cortical de
encender conciencias para el
conocimiento y la comprensión del
entorno social y sus manifestaciones.
Al ocurrir esa evasión de
responsabilidades, el resultado es
terrible: perpetuar el estado de cosas
prevaleciente de conciencias apagadas,
con lo cual la difusión para las masas
se emplea para comunicar —influir—
paradigmas de conformismo y sujeción.
Esa evasión ocurre en no
pocos casos por ignorancia de quienes
manejan los instrumentos de difusión,
aunque en la mayoría de las instancias
existe premeditación cómplice de servir
a los intereses del poder, perpetuando
estados de conciencia apagada.
Para romper ese cerco que
mantiene anestesiadas las conciencias,
los
comunicadores-difusores-informadores-periodistas
deben ejercer su oficio y realizar su
tarea con arreglo a un plan. Por ello,
el periodismo es intención. Intención
política.
Ello exige valentía y
compromiso de los difusores y,
concretamente, de los difusores
periodistas. Mas lo uno y lo otro
devienen de la congruencia, virtud
escasísima en el mexicano porque así nos
han educado. Nos educan para no
comprender nuestra realidad.
Glosario:
Cortical: Relativo o
perteneciente a la corteza.
Diáfana: Dícese del
cuerpo a través del cual pasa la luz
casi en su totalidad. Claro, limpio.
Sujeción: Acción de
sujetar o sujetarse.
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