Año 1 No. 8  Revista mensual   10 de Octubre de 2007. Xalapa, Veracruz

 

 

Cascabeleando

Silvia Sigüenza Salcedo

  La FILU.Pachanga pueblerina

 

 Ni feria, ni internacional, ni del libro universitario

Viernes 21 de septiembre, año 2007. Tomo un taxi que me condujera al Museo del Transporte; costo del viaje $20.00; bajando del taxi, saludo a mi amigo el Maestro en Letras Españolas José Luís Martínez que abordó el vehículo de transporte público-urbano que yo desocupaba. Le pregunté si no iba a quedarse y me respondió en sentido negativo. Yo, muy extrañada me despedí de él y seguí mi camino.

Objeto de mi viaje hasta el lugar mencionado: presenciar el acto de inauguración de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU), en esta ocasión, dedicada al escritor Veracruzano Sergio Galindo.

En esta versión se conmemoraba también el cincuentenario de la Editorial de la Universidad Veracruzana; y la entrega del premio “Primera Novela” instituido en memoria de Sergio Galindo, quién fue uno de sus directores.

Caminado rumbo al pabellón central del Museo del Transporte, saludé a muchos amigos de antaño y platicaba animadamente con mi buen amigo Ramón Flores, cuando todo el gentío se volcó a un solo punto. Estaba llegando al local el gobernador de Veracruz, todos queriendo saludarlo, unos lo lograron otros no. La comitiva salida de pronto de no supe donde, le rodeo, le siguió y se instaló el presidium con el premiado -un argentino semi hipi, semi Hare Krishna-, la viuda de Sergio Galindo, el rector de la Universidad Veracruzana, Fidel Herrera Beltrán, Celia del Palacio, directora de la Editorial de la UV.; y algún otro que escapa a mi flaca memoria.

Quien esto escribe, por andar de guardafiestas y guardasantos, no encontró asiento y hube de soplarme el numerito, de pie entre los empujones y codazos de camarógrafos y demás fauna informativa.

Mi tragedia (no se si la del resto) comenzó; la directora de la Editorial, inició los rollos, el suyo fue largo, cansado y sin sustancia; acto seguido e inmediato, el del Rector de la Universidad Veracruzana, que también llevó un rollo largo pero además equivocó un nombre, dando por vivo al muerto y al contrario, nombró a Sergio Pitol en vez de a Sergio Galindo; y recordó y saludó a varios amigos personales suyos.

Se procedió a la entrega de los premios Sergio Galindo, diplomas al segundo y tercer lugar y lo mismo pero acompañado de un cheque por treinta mil pesos, al que se hiciera acreedor al primer lugar (yo por esa cantidad no escribo una novela, y por otra mayor tampoco, no es lo mío). Los premios fueron entregados por Rafael Arias Lovillo y, en consecuencia o venganza, nos soplamos la palabrería del Ché premiado.

El magíster de ceremonias, anunció que se iba a inaugurar la FILU, para lo cual, quienes presidían el acto abandonaron sus asientos y pasaron a formarse dos pasos delante de la mesa–presidium; a cada uno de todos ellos les entregaron una tijera y tendieron a todo lo largo de la fila un listón: Toditos se miraban como llevando la cuenta de 1,2, y a la de 3, todos dieron el tijeretazo.

El magíster de ceremonias, dio por terminado el acto, el gobernador salió a sus tareas y no faltaron las peticiones, entre ellas la de una senecta rural o de alguna colonia de la periferia, que le gritaba al tiempo que se le acercaba: “Fidel, tienes que darme mi casa”, el gobernador le atendió y seguía caminando, hasta que se esfumó.

Acto seguido se llevó a cabo la inauguración pictórica de: Guillermo Barclay Galindo y Leticia Tarragó, misma que se llevó a efecto sin la presencia de los artistas. El Rector, posiblemente con prisa por seguir atendiendo los asuntos propios de su encargo, no reparó en esto y procedió a inaugurar.

Lo que llamó la atención fue que ambos artistas, Leticia y Guillermo, estaban en el lugar de los hechos, desde el inicio, y nadie ni el coordinador del evento ni la señora del Palacio, obligada a que todo saliera bien, se tomó la molestia de enviar a un propio de tantos que los rodean y cobran, a informar a los expositores que ya se iba a llevar a cabo la inauguración de sus respectivas obras.

Acto seguido, se presentó la mesa “Nuestros autores: clásicos desde jóvenes” que según informes del programa –invitación, contaría con la participación de José de la Colina ( presente) Emilio Carballido (presente) Y Heráclio Zepeda (ausente). El tema abordado fue, al menos divertido.

Seguidamente, el inefable maestro de ceremonias indicó que se entregaría un reconocimiento a cada uno de los participantes: Lo que llevó a cabo la señora Celia del Palacio. Todos vimos muy mal este asunto, estaba presente en la primera fila, el Rector de la Universidad Veracruzana, y obvio, por protocolo correspondía a él la entrega; y para remate doña Celia, ofreció la espalda y todo el resto de su humanidad, al público, ya que se paró de frente a los participantes, mesa de por medio y empinada literalmente sobre esta, les entregó los reconocimientos.

Hubo un coctel, que también tuvo sus fallas en eso de la atención, y cuando este daba inicio, vimos al Doctor Arias Lovillo, salir casi escabulléndose, acompañado de la diputada electa Dalia Pérez. Ya a estas alturas, eran las nueve y garra de la noche. El Museo comenzaba a quedar sólo.

Los libros que se exponen y venden en esta, como en las anteriores ferias son: los fondos editoriales de algunas universidades, cuando la feria se anuncia como del “libro universitario”. Vienen también otras editoriales, con sus rezagos, con lo que no han vendido, libros que ya quienes nos acercamos a la lectura o necesitamos un libro técnico o de ciencia, ya tenemos o leímos. Los precios son los mismos de las librerías. Como remate hay dentro de la FILU, puestos de hot dogs, y de recuerditos y chucherías chinas; en este local por cierto, adquirí el año pasado un bonito abanico chino, que sopla muy bien, por diez pesotes.

Respecto a las mesas redondas, lecturas de poemas y actividades “culto-literarias”, las encadenan, una tras otra, resultado: no hay asistentes, una mesa tuvo a cinco escuchas, y es que el lugar no es el adecuado, los actos se siguen unos a otros y, nadie tiene capacidad para soplarse peroratas, por maravillosas que sean, en secuencia ininterrumpida; bien podría la señora del Palacio, asesorarse de algún pedagogo, en lo que toca al tiempo en que el ser humano puede mantener la atención, al cien por ciento.

Conclusión: El Museo del Transporte, no es el lugar para la FILU, la UV, tiene la USBI que es un lugar ad-hoc, para esto. Los actos universitarios, guardan un protocolo que se perdió totalmente en esta llamada “Feria Internacional del Libro Universitario”  No deben olvidar quienes en esto intervinieron, que se trata de la institución de Educación Superior del Estado.

Finalmente, a eso de las 9.45; me retiré con unas amigas, ya no pagué taxi, me fui a quitar el mal sabor de boca con un excelente vino en casa de una de ellas acompañado de quesos a la altura y una buena lasaña de berenjena. Ya no les cuento la clausura porque ni caso tiene, no fui y debe haber sido, lo mismo.

 

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