Año 1 No. 9  Revista mensual   10 de Noviembre de 2007. Xalapa, Veracruz

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Alfredo Bielma Villanueva

México y el FMI

 

Como “Cachorro del Imperio” calificó Hugo Chávez al entonces presidente mexicano Vicente Fox, cuando éste en aparente gira de proselitismo a favor de los intereses del imperio estadounidense, irrumpió- fuera de programa-  en la Reunión de los países del Cono Sur con su propuesta de apertura comercial con los EE.UU. Sin llegar al extremo apasionado del presidente venezolano, el presidente de Argentina recordó a Fox dedicarse a los asuntos que le competían en México y no meterse en asuntos que no eran de su incumbencia.

Dos días antes de caer víctima de la maldad humana, Luís Donaldo Colosio adelantó parte de su pensamiento en materia económica: “No debemos convertir el equilibrio fiscal en un fetiche, dijo cuando el gobierno de Salinas, su tutor, proclamaba que la eliminación del déficit fiscal como uno de los elevados logros de su política neoliberal diseñada en el Plan Nacional de desarrollo 1989-1994. Este Plan postulaba “una política de ingresos públicos que permita el financiamiento equilibrado de las actividades del sector público” y “una política de gasto público que determine el nivel de erogación de acuerdo con la disponibilidad de financiamiento no inflacionario.”

 Esta es la receta que se ha venido aplicando invariablemente por los gobiernos de corte neoliberal desde Salinas de Gortari al actual, más los seis años de Miguel de la Madrid que fue el presidente de la república que sembró la semilla neoliberal en nuestro país. Sería torpe no aceptar que hay avances en el crecimiento económico de nuestro país, de la misma manera en que sería obtuso ignorar que el recurso económico y los naturales de que se ha dispuesto no se refleja cabalmente en la situación económica del mexicano promedio. Eso sí, en esta ya larga historia de nuestro neoliberalismo económico se han creado monstruos como el Fobaproa, por ejemplo, que han carcomido aún más los cimientos de nuestra macerada economía.

Al privilegiar el control de la inflación sobre el empleo del gasto público para el desarrollo, nuestra clase gobernante desdeña, en religioso acatamiento a las recomendaciones del FMI y del BID, la experiencia ya probada de los países desarrollados, como Japón, EE.UU., Italia, Canadá, etc. que operan con finanzas públicas deficitarias hasta un nivel razonable para impulsar su crecimiento económico. En cambio el Fondo Monetario Internacional receta para los países en desarrollo la austeridad fiscal y rigidez en la disciplina monetaria.

El caso es que en el recuento de los fracasos del neoliberalismo económico mexicano habrá que anotar que no tenemos política agraria, que hemos burocratizado al campesino, que importamos lo que comemos, que dependemos de la compra con valor agregado de los derivados del petróleo que aquí explotamos y en bruto exportamos para comprarlos más caros; contamos con una balanza comercial deficitaria; con un crecimiento económico que  no alcanza para satisfacer las necesidades de lo mexicanos y que, en definitiva, nos descalifica para competir con solvencia en el mundo globalizado de nuestros días. Tiene México, por cierto, uno de los salarios manufactureros más bajos de la región.

Esperar que la inversión extranjera, cuya única visión es la de ganar lo más posible para su capital invertido o que la iniciativa privada del país invierta en lo que mejor le plazca, independientemente de criterios sectoriales, ha sido el cuento de las mil y una noche en nuestro país. Esta actitud lo único que ha generado es que la clase media mexicana sea cada vez más pobre; que los pobres se desplacen hacia la miseria y que los más menesterosos vayan hacia la muerte por inanición.

Para confirmar parte de lo anteriormente escrito tomo prestado de la colaboración de Hilario Barcelata al Diario de Xalapa (26-X-07. p. 2f) “Actualmente en Veracruz el 77 por ciento de la población ocupada tiene un salario mensual de cuando más tres salarios mínimos ( no más de 4 500 pesos) y la desigualdad económica es profunda ya que en el 10 por ciento de la población más rica concentra el 36.4 por ciento de la riqueza total del estado, mientras que el 10 por ciento más pobre recibe apenas el 1.8 por ciento. (Por otro lado) El Índice de Desarrollo humano mejoró de 1980 a 1990 en un 14 por ciento, en cambio de 1990 a 1995 apenas lo hizo en un 0.8 por ciento y de 1995 a 2000 en un 2.6 por ciento. En 1980 había en Veracruz 115 municipios en “Alta” y “Muy alta marginación” en 2005 el número se incrementó a 131”.

 Ciertamente un caso que expresa con claridad que no estamos en aptitud de competir con nuestros socios del TLC, EEUU. y Canadá, por la evidente asimetría entre las economías que la ceguera entreguista de Salinas y continuadores soslayó por la inercia de gobernantes sin voluntad de trabajar por el bien de su pueblo pues carecen de la resolución para apartarse de las recomendaciones que sin ningún miramiento para los pueblos les hace el Fondo Monetario Internacional, que prohíbe a las naciones en desarrollo la aplicación de políticas fiscales que los países en desarrollo despliegan en toda su extensión. Sin duda, la expresión más fiel de que a nuestro país lo sigue rigiendo el destino manifiesto de los Estados Unidos.

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