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Año 1 No. 9 Revista mensual 10 de Noviembre de 2007. Xalapa, Veracruz |
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El pasado 23 de octubre, se celebró el Día del Médico; profesión que es, o era, mejor dicho, un apostolado, pues se requería como indispensable requisito, un amor real y un interés verdadero por los congéneres. Quedan aún tres o cuatro de estos ejemplares, ya casi en extinción total. Con motivo de la celebración hubo varios festejos, y por supuesto muchas alabanzas y valoraciones de lo que es ser médico. Sin más preámbulo voy al recuento de lindezas que abundaron acerca de la profesión y quienes detentan un título en ella: “…en su gran mayoría siempre aportan, corazón y esfuerzo y una gran vocación para servir. (Manuel Lila de Arce, Secretario de Salud). “…la salud de todos los veracruzanos es nuestro reto (…) y que sigamos esforzando, preparando, estudiando para seguir ayudando a los que más lo necesitan, como lo predica día a día Fidel Herrera.” (Fernando Antiga Tinoco, director de salud pública) “…este día recuerden que la principal labor que tenemos es dignificar cotidianamente, con nuestros actos, la profesión médica…” (Salvador Rangel Abud, director de planeación y desarrollo de la Secretaría de Salud) “…para todos mis compañeros y colegas, les deseo el mejor de los días, como es este el día del médico, que sigan como a diario, sobre todo que sigan el ejemplo del gobernador Herrera.” (Pedro Coronel Bricio, director del Centro Estatal de Cancerología (CECAN) Nada tengo contra el hecho de que los galenos celebren su día; lo que resulta terrible es que hayan decidido ser médicos y no tengan la menor responsabilidad hacia los pacientes y estén cada día más lejos de preocuparse por la salud de los veracruzanos (o de cualesquier humano), por las celebraciones y por los puestos burocráticos. Sólo para que usted, estimado lector, tenga una idea de lo que está sucediendo en la relación médico-paciente, en el sector salud estatal, al que pertenecen todos los galenos que se llenaron la boca con discursos sobre la profesión, en su día , les comento:
Todos los que supimos esto nos preguntamos: ¿El CECAN, fue sólo un elefante blanco para fines de imagen gubernamental? Ahí estaba la esperanza de muchos niños y de sus padres, que por hoy ven desatendidos a sus hijos; las consultas con dos o tres médicos que aún quedan, se les van espaciando demasiado, no les dan medicamentos y no se vislumbra solución. Da pena y dolor ver a los padres de estos niños, llorar por sus hijos que quedan a mitad de su tratamiento, condenados a morir en los peores sufrimientos. Nunca se pusieron a pensar los señores médicos, o burócratas, de nuestra Secretaría de Salud, que el costo de una consulta privada a un médico tan especializado como los que tenía el CECAN, entre ellos una cirujano, fluctúa, cuando menos, entre doscientos cincuenta y trescientos pesos, y se lleva máximo treinta minutos. ¿Cuántos le gusta que atienda un médico al día, cuatro, cinco, seis, niños? La realidad nos dice que en el ejercicio privado un médico especialista no tiene ingresos, por día trabajado, por debajo de mil quinientos o dos mil pesos. Una cirugía especializada es palabra mayor, todos tenemos idea de cuánto cuesta: un ojo de la cara. El servicio médico en el CECAN se lo llevó el viento, entre otras cosas que ya comentaremos en su oportunidad. Entre esto y los hospitales y clínicas fantasmas de Mauro Loyo Varela, en el gobierno alemanista, no existe diferencia alguna. |