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La falta de reconocimiento de los derechos indígenas y
la ausencia de un régimen especial, establece una
situación desventajosa para estos y bajo esas
condiciones, la democracia y justicia social son
imposibles, ya que la los principios fundamentales de la
democracia exigen que debe aplicarse no sólo en la
relación cultural, sino además en la vida económica,
social y política de los pueblos indígenas.
Sin embargo, debe admitirse que como
resultado de los largos procesos sociales, económicos,
culturales y políticos, los grupos indígenas han ido
transformando sus estructuras en el marco de las nuevas
sociedades democráticas que han resultado de las luchas
populares, aunque como norma las sociedades burguesas se
niegan a reconocer tales derechos de los indios. México
es uno de los países de América Latina que ha aplicado
estos procesos democráticos, aunque no el único que no
ha logrado el resultado total.
En algunos casos, los procesos
democráticos llevan implícito la reestructuración del
Estado, en una lucha social, de debate político, pero la
presencia de los grupos indígenas casi siempre es nula.
Mientras tanto estos grupos de indígenas siguen siendo
espacio de rapiña, despojo, represión, desprecio,
discriminación, pobreza, miseria y degradación social.
Desafortunadamente, hasta ahora la
inmensa mayoría de los partidos políticos que se
proponen cambiar la sociedad, parecen comulgar con la
idea de que los grupos indígenas pertenecen a un mundo
aparte, fuera de la Nación y de la lucha de clases. En
este concepto, es correcta la apreciación que hace
Francisco Javier Guerrero en su libro La cuestión
indígena y el indigenismo. "Las izquierdas,
comúnmente rinden tributo a su raíz citadina, mestiza y
pequeño burguesa, que marginan a los marginales".
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