Año 1 No. 2  Revista mensual   10 de abril de 2007. Xalapa, Veracruz

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GRABADO EN EL CORAZÓN

Jairo Ruiz Clavijo

 

 

“Yo escribo para que mis amigos me quieran” le declaró Gabriel García Márquez a Emmanuel Carballo, en una entrevista para la revista Cultura de México que se hizo famosa como real esta frase tantas veces repetida. 

Y vaya si lo quieren: En un episodio no escrito del amor en los tiempos de la alegría, los principales líderes del mundo han congestionado su línea telefónica del Pedregal de San Ángel, en México D. F. para felicitar al único colombiano inmortal con motivo de sus 80 años de vida, los 60 de la aparición de su primer cuento “La Tercera Resignación”, los 45 años de “Cien Años de Soledad”  y los 25 del Premio Nóbel.

 Dos de los dos mas grandes protagonistas de la historia: S.M. el Rey Juan Carlos y Bill Clinton se reunieron para homenajearlo en Cartagena, conjuntamente con miles de escritores, periodistas, académicos, Jefes de Estado… los que no pudieron hacerse presentes le escribieron: Mas de cien dirigentes de todo el mundo.

Todos ellos, al igual que todos los escritores y periodistas de todos los idiomas, han sido influenciados por su arrolladora humanidad. Ya se acercan a los 50 millones el número de ejemplares vendidos todo los el mundo de su obra maestra. García Márquez ha puesto al servicio de la humanidad toda su bondad y sed de paz desde que la vida le brindó la oportunidad de ser grande entre los grandes.

 He aquí un pequeño testimonio desde mi pequeñez a su grandeza:

 Cuando apenas terminaba los estudios de educación primaria compré por primera vez en mi vida un periódico: Era el ejemplar de El Espectador que publicaba por entregas “El Relato de un Náufrago” y lo hice por la curiosidad al  ver a la gente agolpándose en las calles para comprarlo. Esa obra me marcó  de por vida pues soñé desde ese momento “escribir algún día en ese periódico y llegar a ser un escritor como el.”  

Conseguí el primer objetivo: me hice como periodista en El Espectador pero ya García Márquez no trabajaba allí, se encontraba en Europa conociendo la nieve, y años después cuando regresó a Bogotá como corresponsal de Prensa Latina, en esa Bogotá de entonces donde todos los periodistas vivíamos en manada, apenas mi timidez me permitía cruzar un respetuoso saludo con la persona que mas he admirado.

Pero así como me inició en el periodismo, me frustró como escritor:

Cuando leí de un solo golpe “Cien Años de Soledad”  comprendí que no tenía ni la capacidad ni la disciplina para escribir durante ocho horas diarias todos los días de la semana una misma cuartilla y lograr tal perfección.

Unos años después, cuando ya era “el Nóbel” como le dicen los conductores de taxi de su tierra, en un acto de lanzamiento del Premio Nacional de Periodismo del Círculo de Periodistas de Bogotá, lo encontré y salude con la misma admiración de siempre. Iba acompañado por mi hija Jenny, entonces una adolescente de 13 años que ya había leído todo lo que de el se había publicado, y quien al encontrarse frente el escritor de su vida rompió a llorar. 

García Márquez la abrazó y la recostó en sus hombros murmurándole frases de ternura como si fuera su hija.

No hubo autógrafos ni petición de dedicatoria de alguno de sus libros.

García Márquez quedo esculpido en su corazón.

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