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Año 1 No. 2 Revista mensual 10 de abril de 2007. Xalapa, Veracruz |
Los idus de marzo trajeron la oposición de algunas instituciones religiosas a la Ley que propone la despenalización del aborto, práctica que se realiza todos los días en condiciones inadecuadas, por lo que la incidencia de muerte por esta causa es un grave problema social con un rezago añejo. Los matices que las instituciones religiosas muestran para el rechazo de la despenalización del aborto rayan en lo absurdo. Sin considerar que el aborto es un problema de salud pública que afecta al sector mayoritario de la población: las mujeres; éstas no participan en el debate, en su análisis, y su opinión no es tomada en cuenta. Es también grotesco el que las airadas voces que exigen que no se legalice el aborto sean las de prelados y representantes religiosos, así como distinguidos personajes pertenecientes a asociaciones secretas no reconocidas como el YUNQUE del cual, su digno representante Carlos Abascal, denosta la iniciativa con alegatos moralistas, alegando, como es costumbre en la derecha, que se pueden establecer mecanismos para la adopción de los niños y de apoyo a las madres para que no aborten. Estas simplistas declaraciones ponen de manifiesto no sólo el desconocimiento, sino la poca importancia que le dan a este problema social, así como el lugar en que colocan a las mujeres que pasan a ser vientres (recipientes), y dejan de ser humanas. La intromisión de la iglesia en asuntos de políticas de salud pública debiera ser sancionada, México es un país laico y como tal debe conducirse en materia legislativa ya que la ley es la expresión jurídica consagrada de acuerdo a las circunstancias sociales, históricas, científicas y culturales. Y la Constitución de la República establece en su artículo 130 que las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley y no pueden oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, tampoco pueden asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna. Por otra parte, es innegable que el no al aborto es de gran utilidad como pantalla para desviar la atención de los avances en otras acciones o iniciativas, como la venta soterrada del poco patrimonio que nos queda, porque la “defensa de la vida” que enarbola la derecha y la iglesia fundamentalista tanto católica como evangélica, instituciones que incitan a la masa para que se oponga a esta iniciativa, violando la ley, dejan de lado que la morbilidad hospitalaria por embarazo parto y puerperio, de acuerdo a la información del INEGI, ocupa el primer lugar en todo el país desde 1998; y en Veracruz con un 43.8%, supera con mucho a todo tipo de enfermedades. No consideran estos grupúsculos moraloides que según los datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO), en México se registran anualmente un mínimo de 200 mil abortos –inducidos o no- pero según la organización civil Grupo de Información de Reproducción Elegida (GIRE), podrían ser mas de un millón de abortos provocados, en los que se emplean muchas veces sosas, ganchos o hierbas, con el resultado de centenares de mujeres muertas que podrían evitarse con un procedimiento seguro y en condiciones adecuadas. Esas amorosas y rígidas instituciones que “defienden la vida”, han dado a través de los siglos muestras de su amorosa ternura, baste recordar que: propiciaron y permitieron la matanza de judíos para arrebatarles sus bienes; el genocidio en contra de las sociedades y culturas de este lado del Atlántico, para despojarlas de su patrimonio; el asesinato de mujeres religiosas y niños para ocultar a la sociedad la existencia de relaciones sexuales al interior de la iglesia; su ominoso silencio ante las invasiones e intromisiones a la soberanía de los pueblos, que los países “desarrollados” han impuesto, que van desde las guerras santas, pasando por la primera y segunda guerras mundiales, Indochina o Vietnam, Corea y actualmente Irak. Así como la violación sistemática en contra de menores y la pederastia, que por su magnitud ha llevando a esa institución a un cisma y a una crisis económica por las sumas enormes de dinero que ha desembolsado para acallar las voces de sus víctimas. Espero sinceramente que esas instituciones eleven sus airadas voces en defensa de la vida de los 60 millones de mexicanos pobres que ya están en este mundo, entre los que destacan los niños, que mueren de desnutrición endémica; que exija a las autoridades mayor equidad y una educación que posibilite la libre toma de decisiones para no continuar con la explotación de muchos a favor de unos cuantos, para que en todo el país, nuestras calles no estén pobladas por fantasmas que transitan entre los magníficos vestigios de civilizaciones que fueron acalladas por una religión tanática basada en la culpa y en el miedo. Todo fanatismo es peligroso, por lo que el gobierno federal está obligado a comportarse como lo exige la Constitución que protestó cumplir y hacer cumplir, por lo que tiene que llamar al orden a las instituciones y agrupaciones religiosas que por cierto tampoco toman en cuenta que carecen de calidad moral, y a quienes les viene de perilla aquello de que “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. Éstos a quienes hay que exigirles que trabajen para que los pobres de espíritu dejen de ser aplastados por los que no entrarán al reino de los cielos. Porque todo tipo de pobreza puede superarse si abrazamos la vida y sacamos a los mercaderes del templo. |