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Año 1 No. 2 Revista mensual 10 de abril de 2007. Xalapa, Veracruz |
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Y, prosigo del número anterior. Las muy aguerridas mujeres que de unos quince años a la fecha han dedicado la mayor parte de su tiempo y ocasiones el de otros y otras, tienen a la fecha como logros: doble y hasta triple jornada de trabajo; su empleo, casi siempre en el aparato burocrático, en la docencia , en la venta de cualquier cosa, al cambaceo ( casa por casa u oficina por oficina) , ordenar a la “felicidad del hogar” ( la empleada doméstica) las tareas cotidianas del hogar; atender a los niños, al señor y a la fémina misma, limpiar la casa y atender el teléfono, y agregan a todo esto los compromisos que su entorno laboral les exige: comidas, desayunos, cenas con unos alcoholes, etcétera y más. Son, presas absolutas de: la moda, el restaurante de última, mantenimiento de la anoréxica figura, coqueteos con el jefe o compañero de oficina. Todas ellas, víctimas del abono quincenal y poseedoras de un tan de moda “estrés” que las torna insufribles en sus hogares, único espacio en el que pueden llevar a cabo sus desahogos. Por añadidura, estas señoras que tanto pugnan por la equidad, la no discriminación, y etcétera, miran con desprecio y así tratan a su empleada doméstica, a esa mujer igual a la ellas, que hace las tareas que a las defensoras de la mujer y sus derechos les resultan deleznables. ¿Cómo ven, vamos bien o retornamos?
En el casi sempiterno rincón de los
trapos viejos, quedan las indígenas, las De las señoras que han peleado, en la arena política y grillesca, por los derechos de las mujeres, ninguna se ha preocupado ni ocupado de llevar hasta las más jodidas, la medicina preventiva, apoyos a la salud, alfabetizadores que les enseñen a comprender y disfrutar la lectura, no sólo a poner su nombre en la lista de raya y en la credencial de tal o cual organización, en lugar de su huella digital; nadie les ha llevado los cuidados durante la gestación, y a cambio, las que integran grupos de defensa, han ido escalando puestos, sueldos jugosos, brillo socio – político y una indecible falta de conciencia y solidaridad con sus y mis congéneres. A manera de finiquito sobre el tema, les doy dos ejemplos vivientes: La doctora Ida Rodríguez Prampolini, que disfruta una maravillosa residencia en Antón Lizardo, Ver., goza de prebendas oficiales, recibe una cantidad de dinero considerable, por coordinar las exposiciones de artesanos estatales y de los que puede traer de otros estados; ¿Y, los artesanos, realmente obtendrán una ganancia?. El flamante Instituto Veracruzano de la Mujer, ¿Ha presentado a la sociedad en pleno, no sólo a sus amigas, a los políticos y a los y las, consideradas por ellas, intelectuales del estado, su programa y plan de trabajo? |