Año 1 No. 2  Revista mensual   10 de abril de 2007. Xalapa, Veracruz

 

 

Cascabeleando

 Silvia Sigüenza Salcedo

 ¡AH.! Mis Congéneres (II)

 Y, prosigo del número anterior. Las muy aguerridas mujeres que de unos quince años a la fecha han dedicado la mayor parte de su tiempo y ocasiones el de otros y otras, tienen a la fecha como logros: doble y hasta triple jornada de trabajo; su empleo, casi siempre en el aparato burocrático, en la docencia , en la venta de cualquier cosa, al cambaceo ( casa por casa u oficina por oficina) , ordenar a la “felicidad del hogar” ( la empleada doméstica) las tareas cotidianas del hogar; atender a los niños, al señor y a la fémina misma, limpiar la casa y atender el teléfono, y agregan a todo esto los compromisos que su entorno laboral les exige: comidas, desayunos, cenas con unos alcoholes, etcétera y más.

 Son, presas absolutas de: la moda, el restaurante de última, mantenimiento de la anoréxica figura, coqueteos con el jefe o compañero de oficina. Todas ellas, víctimas del abono quincenal y poseedoras de un tan de moda “estrés” que las torna insufribles en sus hogares, único espacio en el que pueden  llevar a cabo sus desahogos.

 Por añadidura, estas señoras que tanto pugnan por la equidad, la no discriminación, y etcétera, miran con desprecio y así tratan a su empleada doméstica, a esa mujer igual a la ellas, que hace las tareas que a las defensoras de la mujer y sus derechos les resultan deleznables. ¿Cómo ven, vamos bien o retornamos?

 En el casi sempiterno rincón de los trapos viejos, quedan las indígenas, las analfabetas, las mujeres del pueblo en general, esas que no tuvieron más oportunidad en la vida que servir de carne de cañón para solicitar apoyos a las zonas mayormente marginadas, para pararlas en calidad de bulto, serias, calladas, con la mirada perdida y dura, en las plazas públicas y en nombre de ellas, pedir mayor presupuesto para las causas de la mujer; sea en programas de diferente tema o en los Institutos dedicados a las féminas.

 De las señoras que han peleado, en la arena política y grillesca, por los derechos de las mujeres, ninguna se ha preocupado ni ocupado de llevar hasta las más jodidas, la medicina preventiva,  apoyos a la salud, alfabetizadores que les enseñen a comprender y disfrutar la lectura, no sólo a poner su nombre en la lista de raya y en la credencial de tal o cual organización, en lugar de su huella digital; nadie les ha llevado los cuidados durante la gestación, y  a cambio, las que integran grupos de defensa, han ido escalando puestos, sueldos jugosos, brillo socio – político y una indecible falta de conciencia y solidaridad con sus y mis congéneres.

A manera de finiquito sobre el tema, les doy dos ejemplos vivientes: La doctora Ida Rodríguez Prampolini, que disfruta una maravillosa residencia en Antón Lizardo, Ver., goza de prebendas oficiales, recibe una cantidad de dinero considerable, por coordinar las exposiciones de artesanos estatales y de los que puede traer de otros estados; ¿Y, los artesanos, realmente obtendrán una ganancia?. El flamante Instituto Veracruzano de la Mujer, ¿Ha presentado a la sociedad en pleno, no sólo a sus amigas, a los políticos y a los y las, consideradas por ellas, intelectuales del estado, su programa y plan de trabajo?

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