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Al preguntarnos acerca de la ética
profesional en docentes y directivos necesariamente nos
remitimos a su identidad y los tipos de valores que
promueven en el ejercicio de su gestión educativa; es
decir, cómo estos valores son reflejados en las
prácticas de su gestión, resolución de problemas y
formas de autoridad empleadas en el ejercicio del poder
formal e informal.
El problema de la ética es central en una
gestión adecuada, pues se ha demostrado que un desempeño
ético redunda en mejoras a la educación y a la
organización en general.
Pero ¿qué es la formación ética en el
directivo? Para empezar, debemos puntualizar que toda
formación presupone no sólo saberes especializados,
prácticas concretas y tecnologías específicas, sino
además un código ético acerca de la toma de decisiones
sobre el bien y el mal.
El componente de la ética profesional del
directivo comprende el desarrollo de un esquema autónomo
para tomar decisiones sobre el desarrollo de la
organización educativa. Para ello se requiere conocer el
bien, desear el bien y hacerlo.
En otras palabras, la formación
profesional no sólo incluye el dominio de saberes,
tecnologías y prácticas especializadas; además incluye
la formación sobre el buen uso de todo lo anterior, es
decir, la formación ética que va más allá del conjunto
de normas exigibles a todos los que ejercen una
profesión y que en el directivo implicaría el uso
responsable del conocimiento, acorde a los derechos
humanos y a la justicia, uso coherente entre lo que
enseña, hace y piensa, así como la búsqueda de hacer el
bien en lo físico, lo intelectual, lo moral y lo
espiritual.
Aquí se marca una diferencia entre lo que
sería ética y moral. La primera exige una
interiorización, una reflexión y valentía por la
autenticidad en tanto la segunda sigue múltiples normas
sin cuestionarlas (Paulina Rivero, 2004)
El individuo éticamente bueno llegó por
sus capacidades a crear sus propios valores, de manera
autónoma y salvándose de ser uno más del montón para
pensar por cuenta propia y no estar en el ámbito de los
que son moralmente “buenos” pero sin ninguna ética, es
decir, de aquellos que siguen ciertas normas “por
encimita” sólo para cubrir el expediente (Rivero, 2004)
La búsqueda de la ética se ha de reflejar,
entre otros aspectos, en la resolución de dilemas
morales que puede exigirle su profesión. Cabría
preguntarnos si la formación universitaria permite al
estudiante acercarse a lo que será la resolución de
estos dilemas o si por el contrario, son enfrentados
hasta el momento en que se encuentra inmerso en el
mercado laboral.
La labor del directivo no sólo se acota a
lo técnico y racional que pueda aportar sino a la luz de
sus principios éticos, la jerarquización que hace de sus
valores y el esquema autónomo para tomar decisiones
sobre el bien y el mal.
BIBLIOGRAFÍA
1.
DuBar Claude La crisis de las identidades: la
interpretación de una mutación. Bellaterra: 2004.
2.
Hirsch, Ana Construcción de un estado del
conocimiento sobre valores profesionales en México.
Revista electrónica de investigación educativa, 8(2) en
http://redie.uabc.mx/vol8no2/contenido-hirsch2.html.
3.
Schmelkes Sylvia La escuela y la formación valoral
autónoma. Castellanos editores: 1997.
4.
Yurén Teresa y Araujo Sonia (coordinadoras)
Calidoscopio: valores, ciudadanía y ethos como problemas
educativos. Universidad Autónoma de Morelos: 2007
*
Dr. Carlos Topete Barrera, catedrático de la Maestría en
Administración y Desarrollo de la Educación del
Instituto Politécnico Nacional. Miembro del SNI.
**
Lic. en Psicología por la Universidad Veracruzana y
alumna del Segundo semestre de la Maestría en
Administración y Desarrollo de la Educación del IPN |