Año 1 No. 4  Revista mensual   10 de Junio de 2007. Xalapa, Veracruz

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Fernando Winfield Capitaine

 CHAMPLITTE Y JICALTEPEC

 

 “Hay que tener coraje y paciencia porque nuestras vidas están en manos de Dios”. Leontine François (dit Lucie) Bergez-Pascal Roussel, 1923.

 Reconstruir la frágil memoria es una tarea titánica que mueve a la paciencia para poder responder a construir la historia.

Me imagino a los viajeros despidiéndose de sus parientes, cargados con sus equipajes. Despidiéndose de sus muertos en el cementerio, para emprender un viaje sin regreso, con las lágrimas inundándoles los ojos, haciendo muecas en sus rostros, sin poder controlar el más ligero de sus músculos faciales, tratando de controlar sus emociones ante una partida sin esperanza de retorno. Sin embargo, una de las excepciones lo fue Nicolás Capitaine Taulle quien regresó a casarse con Anne Claude Bazinet Frionnet. El gran valle verde con sus colinas y bosques macizos era el mudo testigo de muchas emociones encontradas entre los que se quedaban y de los que se iban.

Como dice Daniel Ligney, vecino de Dampierre sur Salon, en toda la región se puede caracterizar una trilogía: una iglesia, una fuente y un castillo; y yo agregaría...y un puente, pues el río Salon con sus interminables serpenteos justifica la construcción de un puente para facilitar el acceso peatonal al otro lado del sendero. Nicole Ligney (Pâsquet fue su apellido de soltera) apoya afirmativamente a todo lo que sostiene su esposo Daniel; con una sonrisa sostiene todo lo que dice su entusiasta marido.

Tiempo atrás, nadie se imaginaba lo que iba a provocar esa enfermedad de los viñedos que no sólo partiría la economía de los lugareños, sino también su corazón, pues dividió a las familias que emprendieron un largo viaje hacia América en la tierra de la nueva esperanza, México. La Phyloxera de la vid cayó como una maldición en una sociedad que durante siglos se había especializado en el cultivo de la uva, pues causó la ruina de la economía regional.

La fundación de una colonia agrícola en Jicaltepec, estado de Veracruz colmaría las expectativas de sobrevivencia de unos agricultores que por generaciones habían cifrado su esfuerzo en el cultivo de la tierra para producir la vid. En una sala del castillo de Champlitte, el Señor había mandado pintar sobre los muros escenas de cómo era la vida en las tierras recién descubiertas del Pacífico: la promesa de un paraíso extenso con feraces tierras, con población nativa amigable, la lujuria del trópico y un calor perenne a lo largo de todas las estaciones del año. Ahí se planeó todo para las familias: la tierra, el trabajo, el crecimiento y la educación de los hijos, en suma, una nueva esperanza de vida.

Tuvieron que esperar a que el verano iniciara su estación temporal para que los caminos estuvieran en condiciones de ser transitados por los viajeros rumbo a París, y luego al puerto de embarque, Le Havre. Varios barcos trasladaron a los viajeros hacia Veracruz en una larga y en ocasiones penosa travesía por las enfermedades endémicas de la costa tropical, luego hacia los puertos de Nautla y de Jicaltepec. Muchos viajeros sucumbieron, en ocasiones familias enteras, sin poder arribar venturosamente a su destino. Pero los que llegaron fincaron con su trabajo y su sangre la prosperidad en tierras mexicanas.

Los nombres de los barcos fueron los siguientes: Aigle Mexicain (19 de septiembre de 1833), Le Sylphide (6 de junio de 1835). El primero llevó a 98 viajeros; el segundo a 131. Y continuaron más viajes en los años posteriores (Demard, 2000: 277 y ss.).

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