Año 1 No. 4  Revista mensual   10 de Junio de 2007. Xalapa, Veracruz

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Los   Peores   Cuentos De Los Hermanos Grim

Roberto Williams García 

El chileno Luis Sepúlveda nos entretuvo mucho con “Un Viejo que leía novelas de amor” (1989) y, ahora, al alimón, con el uruguayo Mario Delgado Aparaín nos entrega la obra titulada “Los peores cuentos de los hermanos Grim” publicado en Buenos Aires en 2004; edición Seix Barral.

La novela me la llevó Lorenzo Ochoa a mi cuarto del hospital de la Nutrición donde me interné el martes de la Semana Santa 2007. Lorenzo, arqueólogo esclarecido, contactado por mi hija trató de buscar donadores de sangre, “Oye tigre, todos andan en vacaciones e incluso yo salgo mañana a Polonia rumbo a Praga. Te traje este libro para que te entretengas”. Agradecí su obsequio e intuí que mi reciprocidad con él debiera ser un comentario pues el tuxpeño Lorenzo es lector sagaz.

La primera gracejada de los autores sudamericanos galopa en el título “Los peores cuentos de los hermanos Grim”. Sabido es que los hermanos alemanes produjeron relatos clásicos, por eso un chispazo me advierte que el apellido de los patagónicos no duplica la eme final. Entonces son distintos los cuentistas alemanes de los pamperos Caín y Abel cuyo padre vaticinó que siempre estarían en disputa empezando con el seno único que poseía la madre.

 Novela estructurada en 16 cartas, amplio campo de correspondencia entre dos investigadores de la vida de los mellizos Grim. Uno de ellos radicado en Mosquitos, Uruguay, es evidentemente Aparaín escudado en el nombre de Orson Castellanos. El otro investigador, es Sepúlveda, radicado en Tortitas, Patagonia, con el nombre ampuloso de Segismundo Ramiro von Klatsch. Antropólogo andariego víctima de un correo fachista que suele arrojar su correspondencia a la basura de donde, a veces, la rescata un bichicomero, Von Klatsch recurre a Castellanos porque pretende escribir la biografía de los mellizos o cuando menos una crónica.

 La novela humorista no intenta ser ensayo biográfico; no es su género. La novela de Sepúlveda-Aparaín nos entretiene a lo largo de las 16 cartas que transporta el correo marítimo En ellas van destacando las acciones de los singulares payadores. El tío de Castellanos le contó que conoció a los Grim durante una actuación en el Circo Criollo de los Hermanos Podestá en l929; Seducían al público con sus milongas y contrapuntos de canto y guitarra, además de encantar a una anaconda amazónica a la que hacían lagrimear dormida mientras la mantenían enhiesta cual mástil de cuatro metros que casi topaba con el techo de la carpa hasta que despertaba violentamente y entonces un trapecista, en sus vuelos, le pateaba en la cabeza y se derrumbaba coincidiendo el abrupto despertar del ofidio con el rasguido final de Caín Grim. Esto le escribía Castellanos al benemérito profesor von Klatsch. Los payadores patagónicos eran Abel y Caín. Abel Grim era el único que tocaba la guitarra para cantar sus desafíos improvisados Caín harto de andar cargando la guitarra, y otros enseres de las giras tuvo la ocurrencia de inventar su propio charango que ya nunca soltó. En Uruguay, en las tierras de Minas se le ocurrió destripar al armadillo, que ahí llaman “mulita”. Caín inventó su peculiar charango con el que entonaba cantos que el público nunca acogió.

Las anécdotas continúan en el extenso tramado de la correspondencia producto de dos humoristas. No es novela para guardarla al lado de las ya clásicas, sino leerla y dejar que circule hasta que la deshoje el tiempo. Me entretuvo un buen rato gracias a Lorenzo Ochoa.

Jalapa,Ver.28-V-2007

 

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