Año 1 No. 4  Revista mensual   10 de junio de 2007. Xalapa, Veracruz
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A la víbora, víbora de la Mar

Armando Ortiz Ramírez

El infierno de los hombres

 

“No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte”

Anónimo

 

Ahora que se ha actualizado el temor al infierno por parte de los diputados de la Asamblea Legislativa del DF, quienes automáticamente han sido excomulgados de la iglesia católica, convendría saber que es el infierno para acercarnos al tamaño de su temor.

 

El infierno no es un invento de la sociedad occidental, ni siquiera es un invento del cristianismo primitivo. La idea del infierno ya existía en las culturas orientales, sin embargo ese infierno de los budistas y de los hindúes más que un lugar de tormento eterno, era un lugar de limpieza espiritual y restauración final.  ¿De dónde entonces surge la idea del infierno como un lugar de tormento?

 

Infierno significa inferior, y recomienda la idea de un lugar más abajo. Infierno es la palabra que utilizaron los traductores latinos de la antigüedad para designar el “hades” griego que a su vez es la palabra para traducir el “seol” hebreo. En un principio las tres palabras guardaban un significado común. Hades literalmente significa “el lugar no visto”, seol por su parte es la palabra utilizada para designar el lugar de los muertos, no simplemente la sepultura, sino ese sitio o condición que guardan todos los muertos. Seol es una palabra hebrea que se deriva de un verbo que significa inquirir, solicitar, exigir y da la idea de ese lugar hueco que pide o exige a todos los muertos sin distinción; porque al seol, al hades o al infierno primigenio van tanto los buenos como los malos. ¿Cómo explicaríamos entonces que el justo Job haya solicitado a Dios en los días de su suplicio que éste lo llevara al seol, para que después lo llamara y fuese resucitado?

 

El infierno va adquiriendo su forma dantesca conforme los pecados de los hombres van siendo revelados. El infierno se basa en esa filosofía de los opuestos que entiende que si hay un cielo, lugar de placer y recompensa de los justos, también hay un infierno, ese sitio donde los pecadores pagarán con creces sus iniquidades. Así como lo dice León Bloy: Aterradora idea de Juana acerca del texto Per speculum in aenigmate: Los placeres de este mundo serían los suplicios vistos al revés, en un espejo”. Ya la palabra placer nos remite al cuerpo. Y es que el infierno es ese lugar donde el cuerpo, los sentidos vitales del hombre, son obligados a experimentar dolor eterno. Así conforme el hombre va descubriendo nuevas formas de placer, obvio es que éste se figure que haya un suplicio en el revés de ese espejo infernal. Algo de verdad hay en el trillado dicho que señala que cada quien se crea su propio infierno. Y es que el infierno ha evolucionado con el hombre. De ser un lugar más abajo, donde residen los muertos, equivalente al seol y al hades, ha llegado a ser un sitio de tormentos indecibles que se magnifica ante la idea de la eternidad. James Joyce, en El retrato del artista adolescente nos aclara o tal vez nos obnubila con la idea de esa eternidad:

“La última tortura, la que sirve de remate a todas las otras del infierno, es su eternidad. ¡Eternidad! ¡Oh, tremenda y espantosa palabra! ¿Qué mente humana podrá comprenderla? Y tened presente que se trata de una eternidad de sufrimiento. Aunque las penas del infierno no fueran tan terribles como son, se harían infinitas sólo por estar destinadas a durar para siempre. Pero al mismo tiempo que son eternas, son también, como sabéis, insufriblemente intensas, intolerablemente extensas. Sufrir aunque fuera sólo la picadura de un insecto por toda la eternidad, sería un tormento espantoso”.

 

Cómo no coincidir con Joyce. El infierno, además de abrumador es absurdo. Mira que recompensar al causante de todos los males, al Diablo, con la regencia de un lugar donde se deleita atormentando a unos sujetos que por 20 0 30 0 60 años se la pasaron buscando el mal a sus semejantes y por eso habrán de sufrir tormentos eternos. Pero muchos dicen que así tiene que ser porque es la justicia de Dios. Los que afirman eso, no tienen la menor noción de justicia.

 

Pero el infierno como lugar de tormento eterno  seguirá existiendo mientras haya placer en la tierra. El infierno es un instrumento de la religión para mantener al rebaño en el redil. Porque mediante el amor no se puede tener a las ovejas en el aprisco y resulta más efectivo el terror del infierno. Pero el infierno es también un consuelo para los impotentes y para los que se abstienen del placer. Éstos ven gozar a otros en su lascivia y lo lamentan, pero celebran que la justicia de Dios pueda hacer pagar cara su conducta en el infierno. Lo que no saben es que ese sentimiento los vuelve soberbios y muy dignos de su propio infierno.

 

 

 

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