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“No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte”
Anónimo
Ahora que se ha actualizado el temor al infierno por
parte de los diputados de la Asamblea Legislativa del
DF, quienes automáticamente han sido excomulgados de la
iglesia católica, convendría saber que es el infierno
para acercarnos al tamaño de su temor.
El infierno no es un invento de la sociedad occidental,
ni siquiera es un invento del cristianismo primitivo. La
idea del infierno ya existía en las culturas orientales,
sin embargo ese infierno de los budistas y de los
hindúes más que un lugar de tormento eterno, era un
lugar de limpieza espiritual y restauración final. ¿De
dónde entonces surge la idea del infierno como un lugar
de tormento?
Infierno significa inferior, y recomienda la idea de un
lugar más abajo. Infierno es la palabra que utilizaron
los traductores latinos de la antigüedad para designar
el “hades” griego que a su vez es la palabra para
traducir el “seol” hebreo. En un principio las tres
palabras guardaban un significado común. Hades
literalmente significa “el lugar no visto”, seol por su
parte es la palabra utilizada para designar el lugar de
los muertos, no simplemente la sepultura, sino ese sitio
o condición que guardan todos los muertos. Seol es una
palabra hebrea que se deriva de un verbo que significa
inquirir, solicitar, exigir y da la idea de ese lugar
hueco que pide o exige a todos los muertos sin
distinción; porque al seol, al hades o al infierno
primigenio van tanto los buenos como los malos. ¿Cómo
explicaríamos entonces que el justo Job haya solicitado
a Dios en los días de su suplicio que éste lo llevara al
seol, para que después lo llamara y fuese resucitado?
El
infierno va adquiriendo su forma dantesca conforme los
pecados de los hombres van siendo revelados. El infierno
se basa en esa filosofía de los opuestos que entiende
que si hay un cielo, lugar de placer y recompensa de los
justos, también hay un infierno, ese sitio donde los
pecadores pagarán con creces sus iniquidades. Así como
lo dice León Bloy: “Aterradora
idea de Juana acerca del texto Per speculum in
aenigmate: Los placeres de este mundo serían los
suplicios vistos al revés, en un espejo”. Ya
la palabra placer nos remite al cuerpo. Y es que el
infierno es ese lugar donde el cuerpo, los sentidos
vitales del hombre, son obligados a experimentar dolor
eterno. Así conforme el hombre va descubriendo nuevas
formas de placer, obvio es que éste se figure que haya
un suplicio en el revés de ese espejo infernal. Algo de
verdad hay en el trillado dicho que señala que cada
quien se crea su propio infierno. Y es que el infierno
ha evolucionado con el hombre. De ser un lugar más
abajo, donde residen los muertos, equivalente al seol y
al hades, ha llegado a ser un sitio de tormentos
indecibles que se magnifica ante la idea de la
eternidad. James Joyce, en El retrato del artista
adolescente nos aclara o tal vez nos obnubila con la
idea de esa eternidad:
“La última tortura, la que sirve de remate a todas las
otras del infierno, es su eternidad. ¡Eternidad! ¡Oh,
tremenda y espantosa palabra! ¿Qué mente humana podrá
comprenderla? Y tened presente que se trata de una
eternidad de sufrimiento. Aunque las penas del infierno
no fueran tan terribles como son, se harían infinitas
sólo por estar destinadas a durar para siempre. Pero al
mismo tiempo que son eternas, son también, como sabéis,
insufriblemente intensas, intolerablemente extensas.
Sufrir aunque fuera sólo la picadura de un insecto por
toda la eternidad, sería un tormento espantoso”.

Cómo no coincidir con Joyce. El infierno, además de
abrumador es absurdo. Mira que recompensar al causante
de todos los males, al Diablo, con la regencia de un
lugar donde se deleita atormentando a unos sujetos que
por 20 0 30 0 60 años se la pasaron buscando el mal a
sus semejantes y por eso habrán de sufrir tormentos
eternos. Pero muchos dicen que así tiene que ser porque
es la justicia de Dios. Los que afirman eso, no tienen
la menor noción de justicia.
Pero el infierno como lugar de tormento eterno seguirá
existiendo mientras haya placer en la tierra. El
infierno es un instrumento de la religión para mantener
al rebaño en el
redil. Porque mediante el amor no se puede tener a las
ovejas en el aprisco y resulta más efectivo el terror
del infierno. Pero el infierno es también un consuelo
para los impotentes y para los que se abstienen del
placer. Éstos ven gozar a otros en su lascivia y lo
lamentan, pero celebran que la justicia de Dios pueda
hacer pagar cara su conducta en el infierno. Lo que no
saben es que ese sentimiento los vuelve soberbios y muy
dignos de su propio infierno.
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