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En México se ha reanudado el linchamiento
mediático contra Hugo Chávez, como
una prolongación de lo más negro del
proceso electoral del 2006,
acusándolo de enemigo de la libre
empresa y de la libertad de
expresión, porque su gobierno se ha
negado a prorrogar la concesión de
Radio Caracas Televisión (RCTV)
empresa de comunicación masiva
venezolana cuya licencia otorgada
por el Estado concluyera el 28 del
presente mes de mayo. Nuestros
medios han puesto el grito en el
cielo y se desgañitan acusándolo de
arbitrario y de atentar contra esa
sacrosanta empresa. Magnifican el
descontento por tal medida y dan
amplia cobertura a las protestas de
los opositores, quienes han vuelto a
sacar las cacerolas a la calle tan
peculiar de los reaccionarios,
ignorando a los miles y miles de
venezolanos que la han aprobado. Se
aprovecha la coyuntura para llevar
agua a su molino y enrarecer aún más
la atmósfera a propósito de la
convenenciera “Ley Televisa”, tan
cuestionada por los sectores
progresistas de la sociedad y ahora
por la propia SCJN.
Esta solidaridad entre el duopolio de
nuestro país, Televisa y TV Azteca,
con la empresa sudamericana en
desgracia, no debe extrañarnos.
Todas tuvieron el mismo origen y
obedecen a los mismos criterios.
Nacen como medios de distracción y
enajenación al servicio del poder
político y económico. Son el
instrumento de que se valen quienes
gobiernan y manejan la economía y su
papel es mantener a las grandes
masas en un letargo estúpido merced
al futbol y las telenovelas. Estos
verdaderos instrumentos al servicio
del poder, han permitido el control
masivo de la población, la
acumulación de la riqueza, mediante
el abuso empresarial y el saqueo de
los bienes nacionales, bajo un juego
pseudodemocrático que garantice y
perpetúe tales privilegios. Si en un
principio sus objetivos fueron la
distracción y la diversión, tienen
ahora en sus espacios informativos y
de opinión, sus mejores armas para
manipular a la sociedad y hacerle
frente a lo que les represente un
verdadero peligro. Si tal fue el
origen periodístico de estos medios,
no sólo tergiversan los fines de la
prensa, sino que prostituyen de
origen sus altos fines.
Ese es el caso, por desgracia, de gran
parte de la prensa de nuestro
tiempo, no sólo la de los medios
electrónicos. Aparentan el ejercicio
informativo y presumen de ser
veraces y objetivas, siempre y
cuando no afecten los intereses que
les dieron origen. Nunca duermen y
siempre están en alerta contra quien
ó quienes intenten acabar con su
edén de impunidad y privilegios.
Desde esta óptica, Hugo Chávez se ha
convertido en el mayor peligro, no
sólo para las familias Cisneros y
Mendoza, detentadoras de las grandes
riquezas venezolanas, sino para
todas las poderosas familias
privilegiadas del continente
americano. La empresa Radio caracas
Televisión, jugó su papel para hacer
frente al peligro que Hugo Chávez
representaba y no se anduvo con
rodeos. Fue parte de la conspiración
de 2002 para el golpe de Estado que
le echó del poder, apapachó y
reconoció al usurpador al líder de
las Cámaras de Comercio, Pedro
Carmona, cuando este asumió
efímeramente la presidencia de la
república, igual que lo hicieran los
gobiernos norteamericano, de
Colombia, Salvador y España.
Durante esas trágicas horas con gran
regocijo se puso al servicio de los
golpistas, dando por liquidado al
presidente Hugo Chávez. Cuando se
dio ese burdo atentado a la
democracia venezolana, ninguno de
los organismos internacionales de
prensa, de derechos humanos e
incluso la OEA, que ahora chillan y
se rasgan las vestiduras, dijo algo
o protestó.
Por fortuna, en esa ocasión no se salieron
con la suya. Hugo Chávez recobró el
poder y para bien de los
venezolanos, se ha sostenido desde
entonces, mediante el voto directo y
el referéndum de las mayorías. Su
gestión al frente del gobierno ha
permitido alcanzar un crecimiento
promedio en el PIB superior al 9 por
ciento, consiguiendo notables
mejorías en salud, educación y
niveles de vida del pueblo
venezolano. Lo que ha significado un
verdadero escupitajo en el rostro a
los oligarcas criollos que se
aferran al poder para empobrecer y
saquear aún más a sus respectivos
pueblos. La revolución socialista
bolivariana, en la que desborda su
gran ímpetu, está echando por tierra
las viejas estructuras que sólo
concentraron la riqueza en unos
cuantos.
En medio de esta heroica empresa de
profundas transformaciones sociales
y económicas, la golpista RCTV,
aliada al imperio, a los saqueadores
de la riqueza petrolera, había
venido manteniendo su política de
linchamiento mediático, invitando a
los venezolanos de manera reiterada
a la insurrección. Amparándose en la
libertad de prensa, se atribuyó el
derecho de calumniar, deformar y
denostar para echar abajo un
proyecto de redención popular. No ha
tenido límites para incitar a la
violencia y a la lucha fraticida
entre la Venezuela opulenta y la de
las carencias ancestrales. RCTV,
como otros consorcios de América, al
servicio de los oligarcas y del
imperio, resultan sacrílegos cuando
enarbolan un estandarte de libertad
de prensa que no les corresponde.
Yo celebro, junto con la libertad de
prensa, el fin de la concesión de
RCTV y doy la bienvenida a la nueva
televisora cuyo contenido
programático reflejará este momento
trascendente del pueblo de Simón
Bolivar.
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