Año 1 No. 5 Revista mensual   10 de Julio de 2007. Xalapa, Veracruz

 

 

 

 

 

 

Serpentinas

Rafael Junquera Maldonado

               Memoria histórica y retroceso


“La democracia es laica o no es democracia”.

Ramón de la Fuente, Rector de la UNAM

Para la estructura de la iglesia católica y de sus creyentes, la asunción de un nuevo arzobispo al frente de la diócesis, es todo un acontecimiento que merece celebrarse; lo mismo podría decirse de un pastor protestante que asume la responsabilidad de un templo en una comunidad determinada, o de un rabino que asume el cargo en la sinagoga o de un imán que celebra su llegada a la mezquita.

En todos los casos resulta aceptable en cuanto que la ley garantiza la libertad de cultos. El problema se presenta cuando la irresponsabilidad de quienes ejercen funciones públicas carece de tacto para dar su justa dimensión a las cosas y no respetan la sutil frontera entre el ámbito religioso y el sector público.

El Estado laico mexicano, libre de vínculos con alguna religión en especial no es producto de la decisión de un hombre o de un gobierno en particular, sino producto de un largo y dramático proceso de nuestra historia que tuvo costos altísimos en pérdida de vidas, pérdida territorial e incluso el riesgo de ser extinguido como país soberano. El espíritu de esas características que identifican al Estado  está plasmado en nuestras leyes, en la Carta Magna. Los servidores públicos al asumir un cargo, juran cumplir  y hacer cumplir la Constitución.

Todo lo Capitán, licenciado, diputado y ¿sacristán? anterior pareció olvidarse por aquellos servidores públicos que sumisos y fervorosos se atropellaron para dar la bienvenida al nuevo arzobispo de Xalapa. Es una pena. Alguien me dice que ya debería acostumbrarme, y yo me niego. Se revive en mí el espíritu que animara mis mejores años como militante de la izquierda. Me rebelo…

Por eso retorno a la lectura de “La puta de Babilonia”, de Fernando Vallejo. Después de las primeras cien páginas, había suspendido su lectura, ahora prosigo. Me encapricho. Vallejo fustiga a la iglesia de Roma y habla de su pasado inhumano, perverso y totalmente anticristiano en el sentido profundo. Hay desmemoria de quienes desprecian la ley suprema y a la historia al exhibirse en actitudes beatíficas y de feligreses convencidos. Han olvidado por completo la historia de México, la Independencia, la Guerra de Reforma, la Constitución de 1857.

¡Que pena! De un plumazo olvidaron las guerras fraticidas del siglo XIX por la cerrazón clerical contra la República. Asunto tan grave que nos llevó a la pérdida de la mitad del territorio nacional y a la vergüenza de una monarquía imperial de la que nos libramos con altísimos costos. Todo parece ya sepultado en el olvido en este remedo democrático inducido por el imperio norteamericano, donde sólo habrá validez electoral cuando el triunfador no ponga en riesgo los más negros y oscuros intereses que hoy se enseñorean del país.

Quisiera no ser pesimista, pero ante este retroceso histórico no veo en el entorno a nadie con la voluntad liberal y republicana de la generación de La Reforma que pudiera hacerle frente. No veo a nadie y me preocupo. En el entorno del recién llegado arzobispo veo camisas rojas. ¡Paradoja de paradojas! El color de la izquierda histórica, de los luchadores populares, de los obreros y campesinos revolucionarios, de La Internacional comunista. ¡Que barbaridad! ¡Me pongo rojo de vergüenza!

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