Año 1 No. 5  Revista mensual   10 de Julio de 2007. Xalapa, Veracruz

 

 

Cascabeleando

Silvia Sigüenza Salcedo

¿Y, la cultura? Bien gracias

 

Mil y más de dos definiciones o aproximaciones, según la profesión de quién la emita, conocemos de “cultura”. En el país en general y nuestro estado no tiene por que cocinarse aparte, generalmente hemos adoptado y restringido el concepto a la expresión y manifestación de las artes: Música, Literatura con sus variantes; novela, poesía, cuento y texto dramático; Pintura, que incluye la fotografía; Escultura, la ya casi olvidada Arquitectura, Danza, y Teatro, en este caso se trata de las puestas en escena.

Y, de acuerdo a lo anterior, nos sentimos todos los ciudadanos, especialmente los dedicados a estos menesteres, muy contentos cuando nos crean un organismo que se dice dedicará sus esfuerzos, presupuesto y conocimiento del tema, a extender los beneficios de la “cultura”  y el arte; a dar cabida y calor a los creadores que inician sus obras, como caso particular, que no único, está en Veracruz el Instituto Veracruzano de la Cultura, que nace con la doctora Ida Rodríguez Prampolini como directora.

En este caso, hay que reconocer que lo hizo bien. Traía artistas de renombre a los que unía en las presentaciones, un creador estatal; así el consagrado le daba calor al nuevo. Después tuvimos un desfile de directores efímeros, Marcelo Ramírez, que duró en el cargo aproximadamente tres o cuatro mese y publicó un libro de su autoría y uno de su hija. Raúl Galindo, que fue sorprendido por la parca y no tuvo mayor oportunidad de mostrar su trabajo. Rafael Arias Hernández, que supo llevar el barco, realizando actividades valiosas y serias con un decoroso trabajo editorial -fue uno de los mejores momentos del IVEC-. Leticia Perlasca, que casi al final de su gestión, aprendió lo que debía hacerse; sin embargo su trabajo no fue lo que debió haber sido. Dos ocasiones el Instituto, ha tenido a Esther Hernández Palacios al frente; en la primera etapa, su trabajo fue muy cuestionado y con razón, aunque habría que señalar que su labor editorial fue decorosa, dio oportunidad  a los creadores jóvenes; en la segunda vuelta, (que todos sabemos nunca son buenas) Esther ha funcionado como un burócrata más. Las actividades del Instituto han ido de lo que había, ya de suyo poco, a menos. Dedicándose a dar continuidad a los festivales establecidos desde el gobierno del Estado, con menor calidad cada vez; las casas de cultura, si es que existe alguna, son cero a la izquierda; no hay labor editorial. En general no existe un trabajo de difusión de la cultura y el arte, ni programas para artistas y público.

Recientemente, con fecha 21 de Junio del presente año, a decir de la propia Esther en los medios, presentó su renuncia al cargo, y está en espera de la resolución. Aquí es donde una se hace muchas preguntas: Si ya tomó la decisión, lo pertinente, si va en serio y no se trata de una puesta en escena, sería que entregara un inventario y los bártulos completos a su segundo o segunda de a bordo y retirarse. Por otra parte, la versión que circula acerca de que Fidel Herrera Beltrán, dice que no hay quien ocupe el cargo, nos resulta  grave, de ser cierta, significa que nuestro gobernador no tiene ni la menor idea de quienes son los creadores, difusores y hacedores de la cultura en el estado, que sólo conoce y por interpósita persona al señor ese que compra chatarra y la retuerce, a Sebastián.

Por otra parte, sucede que los autocandidateados, están para soltarse a lágrima viva. Casi nadie ha entendido que en el IVEC, que entre paréntesis nunca debió salir de la estructura de la Secretaría de Educación, se necesita un trabajador y promotor de la cultura, no un intelectual o un artista. Decisiones equivocadas han llevado a que los pintores lleven sólo a pintores y adláteres, los escritores a los suyos, y así por el estilo, los intelectuales, acarrean a sus cuates, sobre todo a los de gran nombre nacional porque eso les reditúa a ellos, a los directores del coto veracruzano. En fin, una cantidad considerable de ciudadanos, sabemos qué queremos y esperamos del IVEC, de acuerdo a sus lineamientos desde que fue creado, sabemos que existen personas capaces de sacar adelante el proyecto original; pero también sabemos que nuestra voz no cuenta, que decide un sólo hombre,  asesorado y asediado por los cuates de siempre y los gandallas de siempre.

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