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Año 1 No. 0 Revista mensual 10 de febrero de 2007. Xalapa, Veracruz |
En vísperas de grandes cambios,
es bueno recordar algunas cosas del idioma que compartimos: Nuestro idioma desde siempre se ha venido enriqueciendo mas que nada por necesidad, porque así como ahora hemos tenido que aceptar tantos neologismos para denominar los avances científicos en navegación espacial, informática y otras ciencias y tecnologías en las que estamos atrasados, lo estuvimos también respecto a los árabes que practicaban quehaceres y oficios por los iberos ignorados. Ellos tenían lo que hoy llamaríamos agroindustria, sabían muy bien usar el agua y por eso hubo que incorporar al naciente idioma, alberca, aljibe y noria; de sus cultivos salieron el limón, la naranja, la toronja, la almendra, la alcachofa, la algarroba, la zanahoria, la berenjena, la alfalfa, el azafrán, la caña de azúcar, el algodón y las aceitunas, palabra derivada de aceite. Son árabes también la azucena, el azahar, la adelfa, el alhelí, el jazmín, la alhucema, la albahaca, la amapola, el arroz, el azúcar y el Café. Le debemos al árabe más de una palabra
Como eran grandes alarifes o
arquitectos, tenían albañiles, adobes, azulejos, tabiques, alcobas,
alféizares, alcantarillas, albañales, azoteas, zaguanes, aldabas y
¡Oh delicia! en las casas no podían faltar las almohadas, alfombras,
gabanes, jubones y nuestras típicas alpargatas. Como grandes matemáticos no sólo dejaron su numeración definitiva para el progreso de esta ciencia, sino el cero, la cifra, el guarismo y el álgebra. No inventaron el ajedrez pero lo introdujeron a Europa con sus alfiles, jaques y mates; como grandes astrónomos nos legaron voces como el cenit, nadir y acimut y como alquimistas nos trajeron el alcohol, el azogue, el alcanfor y el álcali. ¡Viva el árabe que nos legó la hazaña, la algazara, el alborozo, la alharaca, y las albricias de fulano y mengano aunque fueron vencidos por el Cid!
En el Siglo X de nuestra era, en
plena reconquista, mientras los caballeros guerreaban invocando al
apóstol Matamoros, los clérigos no solo rezaban sino que guardaban
los tesoros de la cultura occidental a través de los manuscritos.
Monjes fueron Gonzalo de Berceo y Juan Ruiz; y en Santo Domingo de
Silos a unos monjes se les ocurrió escribir el Penitenciario, o sea
el repertorio de penitencias que se imponían según los pecados
confesados, no en el latín tradicional sino en el incipiente
lenguaje de la época. Lo mismo hacían, sin saber de los otros, unos
monjes en San Millán con los sermones de San Agustín de Hipona. Las
glosas emilianenses están en la Real Academia de Historia de Madrid
y las silences los ingleses las robaron y las exhiben en el Museo
Británico. La Real Academia Española reconoce sólo 16.000 palabras. De todas maneras, el español, con 350 millones, es el tercer idioma más hablado en el mundo y el segundo en la Internet. Se compone, según los expertos, de cerca de 75.000 palabras de las cuales solo cerca de 16.000 son reconocidas por la Academia. Pero ello no es significativo si se tiene en cuenta que el lenguaje periodístico apenas supera las dos mil palabras. México es el país del mundo donde más se habla el Español, luego siguen Colombia, España, Argentina y Los Estados Unidos donde, si la migración sigue como va, en pocos años será la nación con mayor número de hispano - parlantes. *Colaborador invitado. Premio Nacional de Periodismo en Colombia.
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