Año 1 No. 0  Revista mensual   10 de febrero de 2007. Xalapa, Veracruz

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A LA vÍbora, víbora

 de la mar 

Por: Armando Ortíz

   

Porqué no más ABC

 

Desde diciembre del año pasado salió del aire el programa “La fuerza de la palabra” que se transmitía sábados y domingos de 13:00 a 14:00 horas por ABC Xalapa Radio. No tenía pensado hacer ningún comentario al respecto de no ser porque algunos amigos y radioescuchas que han solicitado información sobre la cancelación del programa, han sido mal informados, diciéndoles que Armando Ortiz fue el que se bajó del barco. No es cierto. El programa se “suspendió”, y uso el término que aplicó el ejecutor, por razones que no me quisieron decir claramente; la única excusa que pusieron es que el estudio, desde donde se transmitía, iba a estar cerrado los fines de semana. Si bien es cierto que tuve algunas desavenencias con el contralor Jorge Sierra, brazo ejecutor de las empresas de OEM en Veracruz, no fueron éstas motivo para que se cancelara el programa. Les digo, como no pudieron ser claros conmigo, me dejan la alternativa de especular.

“La fuerza de la palabra” nunca fue un programa cómodo para la empresa en que estuve. Al principio Sierra tenía la intención de llevar a cabo una programación diferente, atractiva, una programación que jalara radioescuchas y que pudiera competir sin desventajas con las otras estaciones establecidas; sin embargo se olvido del criterio editorial que maneja su propia empresa. Para empezar a quién se le hubiera ocurrido emplear para una programación de Organización Editorial Mexicana, que es la que imprime el Diario de Xalapa, un periódico que todo mundo sabe tiene su propio criterio y estilo editorial, a Julio Ricardo Blanchet y Armando Ortiz; ambos la antítesis de tal medio impreso.A mí Jorge Sierra me sacó con promesas del 610 de AM donde tenía un programa con un auditorio bien logrado y donde no tuve problema alguno. Aquí desde un principio me pusieron los puntos sobre las ies, a lo que estuve de acuerdo. Claro que ABC Xalapa se benefició con un auditorio inédito, un auditorio que se hizo fiel a la programación emitida y que de tener un mayor alcance, hubiera obtenido mejores resultados. Pero yo creo (les digo que no me queda más que especular) que las buenas intenciones de la radio se cancelaron más pronto que su programación. El encargado dejó de prestar atención a la estación. Primero no se preocupó en buscar anunciantes y presionó a los que hacíamos sus programas para que nosotros mismos buscáramos nuestros propios patrocinadores; el siguiente paso sería cobrarnos por transmitir. Jorge Sierra es muy pragmático, sus amigos lo conocen. Yo reconozco que es un hombre de “éxito” que sabe sacar adelante cualquier empresa que le pongan a cargo; sus métodos son lo cuestionable. Para empezar a muchos de los que transmiten programas no les paga sueldos. Y cuando uno toca el tema con él, tiene una magnífica habilidad para hacernos sentir culpables, para hacer sentir que somos una carga porque tiene que pagar técnicos para que vayan a operar a la hora de nuestra programación. El primero que no le aguantó fue Julio Ricardo Blanchet y después de dejar dicho en su propia radio la clase de persona que Sierra es, se regresó a Radio Universidad, pensando quizás que de ahí nunca debió haber salido.

Debo reconocer que a mí el contralor me tuvo más paciencia de la que acostumbra. En ocasiones me decía que le habían llamado de alguna dependencia para que le bajara el tono a mis comentarios, pero de un exhorto no pasaba. A mí no se me presionó directamente, de manera indirecta sí lo hicieron. En alguna ocasión que comenté que Fidel Herrera no iba a hacer nada en contra de los funcionarios alemanistas que se robaron 3500 millones de pesos, no sólo porque no tenía voluntad política para hacerlo, sino porque en política hay una ley inherente que dice “que no hay que pisarle la cola al que sale para que cuando salgas no te la pisen a ti”, me llamaron la atención y como poco caso hice, me suspendieron 15 días; justo cuando mi programa cumplía un año al aire. En adelante no obtuve más que desdenes. Aunque el desdén empezó desde el principio. Después de los primeros 15 días que anunciaron mi programa con foto y todo en las páginas de Diario de Xalapa, nunca volví a aparecer, ni siquiera en la programación de ABC Xalapa Radio sacaban spots anunciando “La fuerza de la palabra”; parecía como si se avergonzaran de mi programa, como si su objetivo fuera que menos personas lo escucharan; cosa que resultó lo contrario. El 23 de abril de 2006, Día Internacional del Libro, mientras Fidel premiaba a unos artistas de quinta en “Talento veracruzano”, nosotros recibimos más de 50 llamadas del auditorio en menos de hora y media. Además, ni una felicitación por parte de la empresa recibí cuando mi programa cumplió un año al aire. Antes bien recibí el castigo de la suspensión. Lejanos estaban esos días en que Sierra se acercaba afectuosamente y decía a los comensales, el día de la presentación de la Radio en el salón Ghal, “a este hombre yo le tengo gran apreció”; claro, un servidor fue el que inauguró en una cabina improvisada la programación de ABC Xalapa Radio, mi programa fue el primero que salió al aire en septiembre de 2005.

Nosotros le hicimos la talacha, hicimos que se oyera de la nueva estación. Y cuando digo nosotros me refiero sobre todo a quienes fueron mis compañeros en cabina, trabajadores que siempre se portaron a la altura: Facundo Cruz, Iván Fortuny, Juan Carlos Hernández, Roberto Hernández y por supuesto don Miguel Ángel Cuevas Escobar.

Sierra es un gran mercader, ha hecho de Diario de Xalapa una de las empresas más redituables de la Organización Editorial Mexicana, es hombre de todas las confianzas de don Mario Vázquez Raña. Sabe vender y vende bien. Uno de sus mayores compradores es el gobierno del estado. En su momento Miguel Alemán siempre salía retratado con sus trajes Armani y sus zapatos Salvatore Ferragamo, diciendo “Todo va bien”, en la primera plana del Diario; a la fecha Fidel Herrera es el cliente preferido. Es de antología esa plana de un Fidel de pies descalzos en medio de la tormenta repartiendo víveres a los damnificados. Es de antología esa nota de ocho columnas donde se anuncia el pago total de la deuda veracruzana. Fidel es un gran cliente. Pero si Sierra puede vender ruido, también sabe negociar silencio. Y es por ahí, por donde especulo, libre como soy para hacerlo en un asunto que me concierne, que está la razón de la “suspensión” de mi programa.

Salí justo cuando el Centro Cultural Pabello Acosta, fundación que bien patrocina Diario de Xalapa, reconoce mi labor como periodista otorgándome una Mención Honorífica en su concurso de periodismo. Ya saben, Sierra tiene una peculiar manera de premiarme.

El día que acudí para pedir explicaciones sobre la suspensión de mi programa, Sierra de entrada me dijo “no voy a hacerte perder tu tiempo ni voy a perder el mío, el programa está suspendido hasta nueva orden”. Después me reclamó que nuestra “amistad” no había fructificado porque un servidor no pasaba con constancia a saludarlo. ¿Quién lo entiende? Una semana me tomó entrevistarme con él y todavía cuando llegué me hizo esperar dos horas. Nunca fui empleado de Jorge Sierra porque nunca me pagó un sólo centavo y no iba a permitir que me tratara como a uno de sus empleados; eso se lo dejé claro. Después de sus argumentaciones inválidas (hubiera bastado con que me dijera que él era el jefe y podía hacer lo que quisiera con su estación), harto ya de escucharlo, me levanté para retirarme. Cuando di vuelta me dio un leve golpe en la espalda, que no pude evitar y con su candorosa prepotencia me dijo: “sólo interpreta mi mensaje”. Esta última escena muestra claramente la manera de actuar de Jorge Sierra.

De modo que me quedé sin mi programa de Radio. Sierra tuvo la habilidad y las argucias para sacarme de Mundo 610, pero no tuvo la tolerancia para mantenerme dentro de ABC Xalapa Radio, haciendo con eso un gran servicio a su estado.

Yo, confieso, no puedo con las mentiras y las medias verdades; tampoco tengo la verdad absoluta, me equivoco constantemente, pero hay cosas en las que no me he equivocado y estoy orgulloso de haberlas dicho muy a tiempo a pesar de que no se hizo eco para evitar el daño. Dos años antes de terminar Miguel Alemán su sexenio, señalé que “Miguel Alemán había de ser recordado en el estado de Veracruz como recordado es su padre en la república, como un vil ladrón”. Por eso puse el grito en el cielo cuando me enteré que el congreso local le había aprobado un préstamo de 3500 millones de pesos. En mi programa de radio repudié tanto al gobernador como a González Cerecedo, a González Rebolledo, Díaz Pedroza y a la caterva de diputados panistas que nada hicieron por impedir este saqueo. En su momento muchos medios, entre ellos Diario de Xalapa, ponderaron la necesidad de ese préstamo; hoy, demasiado tarde, piden que rinda cuentas Miguel Alemán. Pero no se hará nada, por las razones que ya dije. Me quedé sin voz, porque un sujeto me la canceló. Pero mi palabra, esa no ha claudicado y espero seguir usándola a mi albedrío. Este artículo es un ejemplo de eso.

 

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