Diario Clarín, Argentina
Ante un Luna Park repleto, el grupo mexicano mostró
su profesionalismo y su manejo del escenario.
Su fórmula, que integra elementos del rock y el
pop melódico, no ofrece ninguna novedad. Van llegando
a su fin dos horas de concierto.
Fher, el cantante, corre de un costado a otro,
enseña la remera de River y se gana aplausos y
abucheos. Ahora se la saca y demuestra que abajo
tiene la de Boca. Enseguida, corre por una enorme
bandera mexicana que hace flamear mientras del
techo caen globos y papelitos. Son, según sus
ventas y la publicidad del show, "el grupo de
rock latino más importante del mundo" y el público
festeja extasiado el haber estado ahí. Si hasta
el candidato Aníbal Ibarra (fila 8, pasillo) corea
todos los temas, alza los brazos y, lástima, tiene
que atender un inoportuno radiomensaje en el medio
del superhit Vivir sin aire.
A la vista, no hay secretos entre Maná y el público:
un show bien estructurado, con sentido de la tensión
(entran con temas fuertes, cuelan un set acústico
en el medio, incluyen un solo de batería cerca
del final, dejan los mayores hits para el bis)
y una ejecución irreprochable. Fher es un buen
cantante, que además maneja a la perfección el
arte de comunicarse con el público: lo adula,
lo excita y se pone serio cuando lo requiere el
tema. Por ejemplo, haciendo subir a dos voluntarios
de Greenpeace al escenario para explicar que su
deseo es que Buenos Aires tenga un río limpio
(prólogo de ¿Dónde jugarán los niños?) o para
despacharse contra Pinochet y Videla y dedicar
a sus víctimas una sentida versión, en plan reggae,
de Desapariciones de Rubén Blades. Claro que en
el liderazgo de Maná, Fher cuenta con un socio,
el baterista Alex González.
Excelente instrumentista y ocasional cantante
(es el encargado de temas como Tú tienes lo que
quiero y Como un perro enloquecido, moldeados
en la horma The Police) a González lo puede su
exhibicionismo. No soporta estar tan atrás en
el escenario y a cada rato sale a animar a un
público ya de por sí entregado. Es un auténtico
malabarista de la batería: hace girar los palillos
entre sus dedos índice y mayor, los tira para
arriba y los recoge para darle al redoblante y
se para a bailar en los retornos detrás de su
instrumento para caer con las piernas abiertas
sobre su banquito. Se ha polemizado bastante sobre
la esencia musical de este cuarteto mexicano,
sobre si es pop, rock o melódico. Y quizás el
error sea juzgarlos a partir del prejuicio de
que algún género tenga mayor mérito artístico
que otro.
En vivo, el grupo despliega la sobria fusión de
los tres elementos. Pueden sonar indistintamente
a The Police (su grupo de cabecera) como a Ricardo
Arjona y colar una ranchera (Te solté la rienda)
sin que se pueda decir que se corran de marco,
precisamente porque ésa es la esencia de su música.
Acaso por su enorme popularidad (llevan vendidos
alrededor de 10 millones de discos en todo el
mundo), los Maná terminan siendo fans-dependientes
y es por eso que sus composiciones (superficiales
y grandilocuentes al mismo tiempo) carez can del
tiempo de maduración para lograr la sustancia
y el peso artístico de otros artistas latinos
como sus compatriotas Café Tacuba, los chilenos
Los Tres o Andrés Calamaro y Gustavo Cerati. Ellos,
a la hora de hacer una torta, se fijan primero
en que el bizcochuelo sea rico y consistente.
Maná, en cambio, va primero por la decoración
y las velitas. Cuestión de gustos, que le dicen.
Ficha:
MANA Músicos:
Fher (voz y guitarra), Alex González (batería
y voz), Sergio Vallín (guitarra), Juan Calleros
(bajo). Invitado: Juan Toribio (teclados)
Lugar y fecha: Luna Park, jueves y viernes. Bueno
Creditos:
Clarin.com