REVISTA ROMA

 AÑO VIII - Nº 35

BUENOS AIRES

AGOSTO 1974

 
 

MARÍA INMACULADA        

        En el orden cronológico o de la sucesión del tiempo, el primero de los privilegios por Dios concedido a María, en atención a su futura Maternidad divina, es el privilegio de su Inmaculada Concepción. ¡María Inmaculada!

        Todos los privilegios, títulos, excelencias y grandezas de María arrancan del hecho inefable de su Maternidad divina. ¡La Madre de Dios! Y si María es la Inmaculada, la Llena de gracia, la Corredentora de la humanidad; si María subió al cielo en cuerpo y alma para ser allí Reina de Cielos y tierras, y es la Mediadora universal de todas las gracias...; todo, todo es consecuencia de haber sido elegida para MADRE de Dios.

        La Maternidad divina colócala a tal altura y tan por encima de toda criatura, que Santo Tomás de Aquino, por otra parte tan sobrio y discreto en sus apreciaciones, no vacila en calificar su dignidad de "en cierto modo infinita" (I 25, 6 ad 4). Y su gran comentarista, el cardenal Cayetano, dice que María alcanza por su Maternidad divina los límites de la Divinidad.

        Sí, entre todas las criaturas, es María sin duda la que tiene mayor "afinidad" con Dios. Y siendo ello así, ya nada debe sorprendernos ni extrañarnos en torno a las grandezas, excelencias, títulos y privilegios sin cuento de María.

Bellamente la canta a María nuestro Lope de Vega:

¡Virgen, pura azucena, lirio en valle,

candida y limpiamente concebida;

Virgen donde se mide el sin medida,

preciosa cinta a su divino talle!

Jardín donde no hay flor que no se halle

de las virtudes, de que estáis vestida;

árbol, en cuya planta esclarecida

la sierpe antigua para siempre calle.

Si Dios se cifra en vos, ¿qué puede hallarse

para excelencia vuestra, si ésta excede

tanto, que a Dios no deja en qué alargarse?

Cuanto El puede, y vos sois, aquí se quede,

que como Dios no puede mejorarse,

así de Madre mejorar no puede.

        * El primero de todos los privilegios de María, repito, en el orden cronológico o de la sucesión del tiempo es el privilegio de su Inmaculada Concepción. ¡María Inmaculada!

        Y recurramos ahora al lenguaje del apólogo. Un poderoso rey, el día que nació su hija primogénita, se propuso comenzar a formar su dote para cuando en edad estuviera ella de poder tomar estado. Sentíase el rey en la seguridad plena de que, aunque la suma ascendiera a muchos miles de cuentos, ni agotaría su dinero, ni igualaría al anhelo de hacer feliz a su primogénita.

        Y a tal fin depositó, en preciosa arca, una moneda de oro. Y el segundo día, dos monedas; el tercero, cuatro; el cuarto día, dieciséis; el quinto... Y así cada día iba depositando cantidad, doblada en progresión geométrica, en la afortunada arca.

        Treinta días sólo habían transcurrido. Y cuando su hija cumplía un mes no cabían ya las monedas en el continente: ocupaban una sala del palacio y pasaban con mucho de los mil cuentos. A los dos meses llegarían a... Y, ¿cuánto no sería el capital al cabo de veinte años? ¡Aquel poderoso rey no pudo cumplir su dorado anhelo!

        * Lo que no hay, lector pío, en los tesoros de los reyes de este suelo, existe en los inagotables tesoros del Rey del cielo para su PRIMOGÉNITA, la Reina del cielo, María. Y la primera "moneda de oro" que depositó Dios para dote de María fue el privilegio sin par de su Concepción Inmaculada. Y de ahí, cual floración divina, brotando irían todos los demás sinnúmeros privilegios y excelencias de la augusta Madre de Dios, María Santísima.

        Qui facit mihi magna qui póteos est. "Desde ahora me proclamarán bienaventurada todas las generaciones. Ya que realizó a favor mío maravillas el Poderoso, aquel cuyo nombre es Santo" (Lucas 1, 48-50).

Ya de muy antiguo la Iglesia griega canta:

        "Con providencia singular hizo Dios que la Sacratísima Virgen, desde el principio de su vida, fuese tan absolutamente pura, cuanto convenía a la que había de ser digna Madre de Dios" (Men. graec., 25 de marzo: Annunt. SS. Deiparae).

        Y una gran verdad asientan los Padres de la Iglesia y los Doctores al afirmar que donde los santos acaban y terminan su glorioso ascenso en la perfección, allí su Reina, María comienza. Y como la Luna acaba su curso más rápidamente que planeta alguno: así llega la Virgen María a la perfección más rápida que ningún otro santo, como se expresa San Alfonso María de Ligorio.

        Sí, desde el principio, fue la Virgen María la más pura y perfecta de todas las criaturas. "Eres toda hermosa, Amada mía, no hay tacha en Ti" (Cantar 4, 7). Y en el primer instante de su ser ya era más santa que todos los otros santos al final de su vida, como afirma el glorioso San Gregorio Magno.

        * ¿Quién es María? Quae est isía? (Cantar 3, 6). Cuando la Bernardita había ya visto a María varias veces, le ordenó la Santísima Virgen que trasladara su mensaje al sacerdote: Que levantaran allí, junto a la gruta, una capilla en su honor. Y aunque temblando de miedo, cumplió aquella inocente pastora el celeste encargo de María.

        Pero el párroco, que no creía aún en las tales visiones, dijo que la Señora de la gruta, si se dignaba decir su Nombre, tendría la capilla...

        Bernardita ya se lo había preguntado antes el Nombre, y la celeste aparición había sólo respondido con una sonrisa. Pero en la fiesta de la Anunciación, cuando Bernardita la vio de nuevo, díjole en el éxtasis:

—Señora, ¿tendríais la bondad de decirme quién sois?

        Y María sonrió, y cuando Bernardita insistió, hasta por tres veces, en la pregunta, dejó posar los brazos en actitud semejante a la de la medalla Milagrosa, juntó las manos sobre el pecho, levantó los ojos y dijo:

—Yo soy la INMACULADA CONCEPCIÓN. . .

        Y cuando terminó el éxtasis fue a casa Bernardita con su amiga Úrsula, a quien no pudiendo por el camino más contenerse, dijo el NOMBRE de la celestial Señora, porque esto la hacía feliz. . .

        No sabía ella el significado de las palabras INMACULADA CONCEPCIÓN, y a fin de no olvidarlas las iba repitiendo durante el trayecto hasta llegar a casa.

¡Yo soy la Inmaculada Concepción!

        ¿No podremos bien pensar y conjeturar de este hecho cuánto estima la Santísima Virgen María este SU privilegio? Escogió esta expresión para hacernos a todos saber que era Ella misma la que se apareció en la gruta de Lourdes.

        — ¡María Inmaculada! El eximio cardenal Lambruschini, dice la historia, halló cierto día a Su Santidad Pío IX con muestras exteriores de profundo abatimiento y tristeza del alma. Y el Papa, en su íntimo desahogo, le manifestó los graves males que amenazaban a la cristiandad.

        —Para tantos males —concluyó el augusto Pontífice— no hallo a mano remedio alguno.

Y entonces el cardenal, como inspirado, le expuso:

        —Santidad, para todos esos males no hay más que un remedio: que Su Santidad defina el dogma de la Inmaculada Concepción de María. . .

        Y fue de verdad el hecho más consolador de su glorioso pontificado: proclamar INMACULADA a la Virgen María, Madre de Dios y celestial Madre nuestra.

        — Y acabo en este día con la ORACIÓN a la Inmaculada que compuso San Alfonso María de Ligorio, el gran canto de las GLORIAS DE MARÍA. Sea para tu alma luz, consuelo y armonía la oración en este día.

        "Señora mía Inmaculada, me gozo con Vos de veros enriquecida de tanta pureza. Doy gracias y propongo dárselas siempre a nuestro común Creador, por haberos preservado de toda mancha de culpa. .. Quisiera que todo el mundo os conociese y celebrase como aquella hermosa aurora que siempre estuviste adornada de luz; como aquella arca elegida de salvación, libre del común naufragio del pecado; como aquella perfecta e inmaculada paloma, cual os llamó vuestro divino Esposo; como aquel huerto cerrado, que hace las delicias de Dios; como aquella fuente sellada, donde nunca entró el enemigo a enturbiarla; como aquella candida azucena, que naciendo entre las espinas de los hijos de Adán, que todos nacen manchados de la culpa y enemigos de Dios. Vos nacisteis pura, toda candor y siempre amiga de vuestro Creador.

        Permitid, pues, que os alabe ahora como os alabó vuestro mismo Creador: Toda eres hermosa y no hay mancha en Ti. ¡Oh, purísima paloma, toda hermosa, siempre amiga de Dios! ¡Qué hermosa eres, amiga mía, qué hermosa eres! Dulcísima, amabilísima, Inmaculada María, Vos, que sois tan hermosa a los ojos de vuestro Señor, no os desdeñéis de mirar con vuestros piadosos ojos las llagas tan repugnantes de mi alma. Miradme, compadecedme y curadme.

        ¡Oh, lindo imán de los corazones! Atraed también este mísero corazón mío. Vos, que desde el primer momento de vuestra vida comparecisteis pura y bella delante de Dios, tened piedad de mí. .. Virgen Inmaculada, Vos me habéis de salvar. Os diré, con San Felipe Neri: "Haced que yo me acuerde siempre de Vos y Vos no os olvidéis de mí".

        "Mil años me parece que tardo en ir a ver vuestra belleza en el cielo para más amaros y alabaros, Madre mía, Reina mía, amada mía, bellísima, dulcísima, purísima, Inmaculada María. Amén".

¡María Inmaculada!

JOSÉ MARÍA PEREZ, PBRO.


HABLAR IMPROPIAMENTE ES EL ORIGEN DE LAS 
HEREJÍAS POR ESO, CON LOS HEREJES NO DEBEMOS
TENER NI SIQUIERA EN COMÚN EL LENGUAJE,
PARA NO FAVORECER SUS ERRORES.

SAN JERÓNIMO

 

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