Bellamente la canta a
María nuestro Lope de Vega:
¡Virgen, pura
azucena, lirio en valle,
candida y
limpiamente concebida;
Virgen donde se mide
el sin medida,
preciosa cinta a su
divino talle!
Jardín donde no hay
flor que no se halle
de las virtudes, de
que estáis vestida;
árbol, en cuya
planta esclarecida
la sierpe antigua
para siempre calle.
Si Dios se cifra en
vos, ¿qué puede hallarse
para excelencia
vuestra, si ésta excede
tanto, que a Dios no
deja en qué alargarse?
Cuanto El puede, y
vos sois, aquí se quede,
que como Dios no
puede mejorarse,
así de Madre
mejorar no puede.
* El primero de todos los privilegios de María, repito, en el orden cronológico
o de la sucesión del tiempo es el privilegio de su Inmaculada Concepción. ¡María
Inmaculada!
Y recurramos ahora al lenguaje del apólogo. Un poderoso rey, el día que nació
su hija primogénita, se propuso comenzar a formar su dote para cuando en edad
estuviera ella de poder tomar estado. Sentíase el rey en la seguridad plena
de que, aunque la suma ascendiera a muchos miles de cuentos, ni agotaría su
dinero, ni igualaría al anhelo de hacer feliz a su primogénita.
Y a tal fin depositó, en preciosa arca, una moneda de oro. Y el segundo día,
dos monedas; el tercero, cuatro; el cuarto día, dieciséis; el quinto... Y así
cada día iba depositando cantidad, doblada en progresión geométrica, en la
afortunada arca.
Treinta días sólo habían transcurrido. Y cuando su hija cumplía un mes no
cabían ya las monedas en el continente: ocupaban una sala del palacio y
pasaban con mucho de los mil cuentos. A los dos meses llegarían a... Y, ¿cuánto
no sería el capital al cabo de veinte años? ¡Aquel poderoso rey no pudo
cumplir su dorado anhelo!
* Lo que no hay, lector pío, en los tesoros de los reyes de este suelo,
existe en los inagotables tesoros del Rey del cielo para su PRIMOGÉNITA, la
Reina del cielo, María. Y la primera "moneda de oro" que depositó
Dios para dote de María fue el privilegio sin par de su Concepción
Inmaculada. Y de ahí, cual floración divina, brotando irían todos los demás
sinnúmeros privilegios y excelencias de la augusta Madre de Dios, María Santísima.
Qui facit mihi magna qui póteos est.
"Desde ahora me proclamarán bienaventurada todas las generaciones. Ya
que realizó a favor mío maravillas el Poderoso, aquel cuyo nombre es
Santo" (Lucas 1, 48-50).
Ya de muy antiguo la
Iglesia griega canta:
"Con providencia singular hizo Dios que la Sacratísima Virgen, desde el
principio de su vida, fuese tan absolutamente pura, cuanto convenía a la que
había de ser digna Madre de Dios" (Men. graec., 25 de marzo: Annunt. SS.
Deiparae).
Y una gran verdad asientan los Padres de la Iglesia y los Doctores al afirmar
que donde los santos acaban y terminan su glorioso ascenso en la perfección,
allí su Reina, María comienza. Y como la Luna acaba su curso más rápidamente
que planeta alguno: así llega la Virgen María a la perfección más rápida
que ningún otro santo, como se expresa San Alfonso María de Ligorio.
Sí, desde el principio, fue la Virgen María la más pura y perfecta de todas
las criaturas. "Eres toda hermosa, Amada mía, no hay tacha en Ti"
(Cantar 4, 7). Y en el primer instante de su ser ya era más santa que todos
los otros santos al final de su vida, como afirma el glorioso San Gregorio
Magno.
* ¿Quién es María? Quae est isía? (Cantar 3, 6). Cuando la
Bernardita había ya visto a María varias veces, le ordenó la Santísima
Virgen que trasladara su mensaje al sacerdote: Que levantaran allí, junto a la gruta, una capilla en su honor. Y aunque temblando de miedo, cumplió aquella inocente pastora el celeste encargo de María.
Pero el párroco, que no creía aún en las tales visiones, dijo que la Señora de la gruta, si se dignaba decir su Nombre, tendría la capilla...
Bernardita ya se lo había preguntado antes el Nombre, y la celeste aparición había sólo respondido con una sonrisa. Pero en la fiesta de la Anunciación, cuando Bernardita la vio de nuevo, díjole en el
éxtasis:
—Señora, ¿tendríais la bondad de decirme quién sois?
Y María sonrió, y cuando Bernardita insistió, hasta por tres veces, en la pregunta, dejó posar los brazos en actitud semejante a la de la medalla Milagrosa, juntó las manos sobre el pecho, levantó los ojos y dijo:
—Yo soy la INMACULADA CONCEPCIÓN. . .
Y cuando terminó el
éxtasis fue a casa Bernardita con su amiga Úrsula, a quien no pudiendo por el camino más contenerse, dijo el NOMBRE de la celestial Señora, porque esto la hacía feliz. . .
No sabía ella el significado de las palabras INMACULADA CONCEPCIÓN, y a fin de no olvidarlas las iba repitiendo durante el trayecto hasta llegar a casa.
¡Yo soy la Inmaculada Concepción!
¿No podremos bien pensar y conjeturar de este hecho cuánto estima la Santísima Virgen María este SU privilegio? Escogió esta expresión para hacernos a todos saber que era Ella misma la que se apareció en la gruta de Lourdes.
—
¡María Inmaculada! El eximio cardenal Lambruschini, dice la historia, halló cierto día a Su Santidad Pío IX con muestras exteriores de profundo abatimiento y tristeza del alma. Y el Papa, en su
íntimo desahogo, le manifestó los graves males que amenazaban a la cristiandad.
—Para tantos males
—concluyó el augusto Pontífice— no hallo a mano remedio alguno.
Y entonces el cardenal, como inspirado, le expuso:
—Santidad, para todos esos males no hay más que un remedio: que Su Santidad defina el dogma de la Inmaculada Concepción de María. . .
Y fue de verdad el hecho más consolador de su glorioso pontificado: proclamar INMACULADA a la Virgen María, Madre de Dios y celestial Madre nuestra.
— Y acabo en este día con la ORACIÓN a la Inmaculada que compuso San Alfonso María de Ligorio, el gran canto de las GLORIAS DE MARÍA. Sea para tu alma luz, consuelo y armonía la oración en este día.
"Señora mía Inmaculada, me gozo con Vos de veros enriquecida de tanta pureza. Doy gracias y propongo dárselas siempre a nuestro común Creador, por haberos preservado de toda mancha de culpa. .. Quisiera que todo el mundo os conociese y celebrase como aquella hermosa aurora que siempre estuviste adornada de luz; como aquella
arca elegida de salvación, libre del común naufragio del pecado; como aquella perfecta e inmaculada paloma, cual os llamó vuestro divino Esposo; como aquel huerto cerrado, que hace las delicias de Dios; como aquella fuente sellada, donde nunca entró el enemigo a enturbiarla; como aquella candida azucena, que naciendo entre las espinas de los hijos de Adán, que todos nacen manchados de la culpa y enemigos de Dios. Vos nacisteis pura, toda candor y siempre amiga de vuestro Creador.
Permitid, pues, que os alabe ahora como os alabó vuestro mismo Creador: Toda eres hermosa y no hay mancha en Ti. ¡Oh, purísima paloma, toda hermosa, siempre amiga de Dios!
¡Qué hermosa eres, amiga mía, qué hermosa eres! Dulcísima, amabilísima, Inmaculada María, Vos, que sois tan hermosa a los ojos de vuestro Señor, no os desdeñéis de mirar con vuestros piadosos ojos las llagas tan repugnantes de mi alma. Miradme, compadecedme y curadme.
¡Oh, lindo imán de los corazones! Atraed también este mísero corazón mío. Vos, que desde el primer momento de vuestra vida comparecisteis pura y bella delante de Dios, tened piedad de mí. .. Virgen Inmaculada, Vos me habéis de salvar. Os diré, con San Felipe Neri: "Haced que yo me acuerde siempre de Vos y Vos no os olvidéis de mí".
"Mil años me parece que tardo en ir a ver vuestra belleza en el cielo para más amaros y alabaros, Madre mía, Reina mía, amada mía, bellísima, dulcísima, purísima, Inmaculada María. Amén".
¡María Inmaculada!
JOSÉ
MARÍA PEREZ,
PBRO.
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HABLAR IMPROPIAMENTE ES EL ORIGEN DE LAS
HEREJÍAS POR ESO, CON LOS HEREJES NO DEBEMOS TENER NI SIQUIERA
EN COMÚN EL LENGUAJE,
PARA NO FAVORECER SUS ERRORES.
SAN JERÓNIMO |