REVISTA ROMA

 
AÑO VI Nº 25

BUENOS AIRES

JULIO 1972

 
 
 

¿RENOVACIÓN DE LA VIDA RELIGIOSA?
A RAIZ DE LA JORNADA POR LAS VOCACIONES RELIGIOSAS

   Eclesiología renovada: ¿impiedad renovada?

   La eclesiología renovada es el fundamento de este exhortatorio para hacer desaparecer todo vestigio de vida religiosa, o cambiarla en acción social y política. Esto aparece en el folleto n° 2 también de la misma Conferencia Latinoamericana de Religiosos: LA VIDA RELIGIOSA. ASPECTOS DOCTRINALES, 2ª ed., 1971.

   Son tres trabajos: el primero del P. Beltrán Villegas SS. CC., el segundo del P. Ronaldo Muñoz SS. CC., el tercero en colaboración por los PP. Francisco Houlart, Cecilio Lora, Renato Poblete. Mencionaremos algo de esta "eclesiología renovada", lo suficiente para que el lector se percate de las causas de la crisis que padece su iglesia en nuestro medio.

   Comienza el primero con la eclesiología "sacramental". Puesto el adjetivo entre comillas, significa que la Iglesia debe renovarse y volverse no sacramental, en el sentido que los sacramentos y la gracia sacramental no constituyen algo en el mundo para la salvación de los hombres. Los siete sacramentos, afirma Beltrán Villegas, son signos del Reino Escatológico... el magisterio y el gobierno son casi contrasignos del Reino. De eso concluye que no es la Iglesia una institución con gobierno ni magisterio válidos (p. 17-18).

   ¿Por qué camino llegaremos a una eclesiología no sacramental? Es lo mismo que preguntarse: ¿Por qué camino podremos llegar a negar la Iglesia de Jesucristo, como institución fundada por Jesucristo para la salvación de los hombres? Esto es absurdo en un libro publicado con el patrocinio de CLAR.

   La Iglesia sacramental es traída de la concepción del Cuerpo Místico de Cristo. Beltrán Villegas le va a encontrar méritos y defectos.

   Los méritos señalados, ya indican una orientación: "la Iglesia se define no por las estructuras visibles y jerárquicas... sino por su carácter de vehículo e instrumento de la acción santificadora de Cristo" (p. 12).

   Aclaremos que en ningún modo niega la MYSTICI CORPORIS CHRISTI, de Pío XII (1943), la estructura visible de la Iglesia.

   Los defectos señalados están en la misma línea de polémica contra la estructura visible, o sea de polémica contra la Iglesia Católica y Romana:

   "El enfoque Cuerpo de Cristo favorece una visión de las cosas según la cual la acción santificadora de Cristo aparece limitada al interior de las fronteras de la Iglesia, contribuyendo a trazar una línea divisoria muy precisa entre Iglesia y Mundo (o humanidad)" (p. 12).

   Después de borrar las fronteras entre la Iglesia y el mundo, agrega: "Esto haría aparecer la Iglesia como fin y meta de la humanidad, sin que se viera cómo podría calificársela de servidora de ella" (p. 13).

   La imagen de la Iglesia salvadora de la humanidad aparece borrada. Toda la teología paulina de la vocación de los gentiles, el llamado a la santidad, el cuerpo místico de Cristo, la recapitulación de todas las cosas en Cristo, nada de esto tiene ningún sentido en esta nueva eclesiología "renovada".

   ¿Qué teólogo se animaría a sostener que cuando Jesús le dice a Pedro: apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos, era para encargarle ciertos servicios sociales? Todo esto es absurdo. Es falso y herético. Por más caritativos y antipolémicos que seamos no podemos dejar de advertir los ataques reales a la santa Iglesia de Dios.

   Pero continuemos con un verdadero documento de la CLAR, como es este libro. Si la Iglesia es identificada con el mundo y si tiene por objeto realizar ciertos servicios sociales que requiere nuestro Continente, ¿qué papel tiene; la vida religiosa?

   La vida religiosa viene aquí estudiada en relación con la concepción teológica que se tiene de la Iglesia.

   La segunda laguna, que Beltrán Villegas encuentra a la eclesiología tradicional (que él denomina sacramental), es la siguiente: la noción de signo, que utiliza el Vaticano I y que también trae el Vaticano II.

   En el contexto mencionado, el Vaticano I afirma que a la Iglesia pertenece todo lo que concurre a la evidente credibilidad de la fe cristiana; que por ella misma la Iglesia, por su admirable propagación, eximia santidad, inexhausta fecundidad de todos los bienes, católica unidad e invicta estabilidad, es ella misma un motivo de credibilidad, y testimonio irrefragable de su divino mandato.

   Por lo cual —agrega el contexto— ella es como señal levantada entre las naciones, ya convoque a sí a los no creyentes, ya cuando certifica a sus hijos, fundada en el firmísimo fundamento de la fe que profesamos (Dz. 1794).

   Lo que molesta al P. Beltrán Villegas y coautores del folleto, es que la Iglesia se declare verdadera Iglesia de Cristo.

   Si se insiste en su visibilidad, no es simplemente "para oponerse a la idea de una iglesia espiritual e invisible" (p. 13), lo cual sería poca cosa. El intento es convocar a los cinco continentes, llamar a todos los hombres de toda lengua, raza y nación, a participar de los bienes de salvación dejados a Ella por Jesucristo.

   "¡Alzará su estandarte en las naciones; reunirá a los dispersos de Israel, juntará a los dispersos de Judá de los cuatro confines de la tierra!" (Is. XI, 12).

   Aquella eclesiología no sacramental, es vecina a Teilhard de Chardin, a quien menciona, vecina de Hans Küng y otros.

   En esta eclesiología "renovada" no se puede fundar ninguna vida religiosa. Al final se insinúa que "guardar la fe", era de antes (p. 45). La Iglesia —agrega— ya no debe ejercer una función de control social... en la sociedad pluralista, papel ... orientador (ib.).

   También estamos encargados de "desterrar los contra-signos aún existentes": ¿será decapitar a los provinciales y priores?

   Más abajo la Iglesia es admitida (por los redactores) a proponer orientaciones, pero: "sin ánimo de imponer soluciones cristianas, como si se tratara de una cristiandad de izquierda" (p. 46).

La solución para lodo es... el CAMBIO

   Otro documento trata de la Formación para la Vida Religiosa Renovada en América Latina (n" 3).

   No se trata de la vida religiosa madura sino en formación, in fieri.

   El esquema es semejante a los anteriores, apto para crear una conciencia de cambio, libreprofetismo, y actuación en un nivel de estructuras económico-sociales. Si a eso unimos lo de la Iglesia sacramentalista del nº 2 y el menosprecio de las "formas sacrales" del nº 1, ya tendremos un cuadro completo.

   Según el documento que comentamos el religioso debe ser pobre, casto y seguidor de Cristo. En eso no hay inconveniente.

   Pronto el Redactor introduce a nuestro hombre en el... Cambio.

   Los cambios son adjetivados con singular fruición de profundos, totales, urgentes, constantes, ambivalentes. El Redactor invita, no a ocuparnos de la vida cristiana de las gentes en este vertiginoso rotar, sino que nos quiere ocupados en la parte técnica: secularización, socialización, evolución, problemas de orden económico, político, social (p. 13-4). Los religiosos debemos —según el Redactor—, tomar el sentido del cambio como "signo de los tiempos" y hacerlas de profetas. La conclusión viene sola: debemos predicar el evolucionismo, la socialización, la secularización, etc.

   Viene después el conocido esquema de la situación latinoamericana, para avalar el libreprofetismo: "La opresión y miseria, la marginalidad, la secularización".

   Todo este planteo llevaría al Redactor (no comprometido), a preparar una política teológica, tratando los problemas del salario, vivienda, trabajo, propiedad, etc., según la doctrina tradicional de la Iglesia. Proponer incrementar, si se quiere, la formación de los religiosos en la doctrina social, siquiera para que se abstengan de opinar de lo que no saben. Aun así, siempre el Redactor tendría que tener en cuenta, que la misión del religioso es la salvación, la lucha contra el pecado, predicar la gracia salvadora de Cristo y las virtudes cristianas.

   El postulante a la vida religiosa busca precisamente aquello. El quiere dedicar su vida y sus energías a predicar la fe y la salvación donde lo manden. Ningún joven, candidato a la vida religiosa, tiene interés por la secularización; tiene interés por la cristianización. No tiene interés por ningún cambio temporal; tiene interés por llevar los hombres a la vida de fe, de amor a Dios y cumplimiento de sus deberes de cristiano; tiene amor por las tradiciones de su Orden, que llegan hasta él como testimonio vivo de servicio permanente a la Iglesia de Jesucristo. Este testimonio es toda una lección que no pueden acallar las voces de un menguado y estúpido libreprofetismo.

   Es completamente fuera de lugar recibir al novicio con el cambio, el pluralismo, la socialización, "las llamadas del mundo latinoamericano" o la función profética. El candidato que pide entrar en una Orden religiosa (dominico, salesiano, jesuita, benedictino, etc.), pide su ingreso por lo que él sabe de la Orden. Lo que sabe son las tradiciones, las vidas de los santos, la actuación general de la Orden. Eso es lo que lo ha llevado.

   Sería insólito y fuera de lugar que el Maestro de Novicios le salga con que todo lo anterior es algo perimido y que ahora toca "el cambio". Antes la Orden se dedicó a la salvación de los hombres, a enseñar la Religión, la Teología, la fe de la Iglesia defendiéndola contra los errores. Ahora toca la socialización, odiar la sociedad sacral, el pluralismo, silenciar la fe para evitar las polémicas. El novicio entró para que le hablaran de Dios, el camino del renunciamiento por Cristo, la fidelidad a la Iglesia. Sufrirá un impacto tremendo, si oye en cambio toda esta faramalla de la personalización, las exigencias del mundo de hoy o la sociedad de consumo.

   Para la formación de los jóvenes es esencial una imagen digna de la Iglesia y de la misma institución que se abraza. Toda esta literatura del CELAM contribuye a menoscabar la fisonomía de la Esposa de Jesucristo.

   El reconocimiento de una finalidad propia de las Ordenes y congregaciones religiosas llega tardío (p. 25) cuando se ha insistido en la sociología del cambio y adaptación al mundo. Por otro lado se dice más adelante que: "la comunidad formada según el criterio de huida del mundo mantiene o crea barreras artificiales que no le permiten aprovechar el creciente proceso de socialización" (p. 48). Todo el apostolado y acción están orientados en este sentido. Es un llamado a todos los conventos y casas de todas las comunidades religiosas de Latinoamérica; un llamado tanto a la revolución social de Latinoamérica, como a la anulación religiosa del mismo continente. Efectivamente, la revolución social no es sacralisla, quiere la sociedad secularizada y laica.

   El religioso es invitado a insertarse en un mundo que no le admite nada de religión. La Revolución (pongamos mayúscula), le señala hasta las pautas del apostolado: debe predicar la socialización. Y hasta que no predique contra la propiedad privada no será ¡auténtico cristiano! La Revolución que prometió el paraíso ruso, polaco, checo, rumano, chino, promete ahora el paraíso latinoamericano. Los hombres consagrados a Dios no podemos ser tratados como idiotas, ni hacer caso a las potencias imperialistas que quieren todo instrumentar para sus fines.

La pobreza que predican los que
lo tienen todo en sus manos

   En el opúsculo nº 4 se trata de la pobreza. La pobreza es verdaderamente esencial en la vida religiosa.

   Después de lo que hemos leído sobre la Iglesia pobre y toda la literatura post-conciliar sobre la pobreza, nos permitimos dudar de los motivos que inspiran tales panegíricos.

   Una exhortación a la pobreza no viene mal. Pero aquí no se trata de la práctica de la pobreza, de evitar lo superfluo, de la conformidad con la voluntad de Dios. Se trata de un problema social y político.

   El Redactor diserta con fruición sobre el subdesarrollo y la miseria latinoamericanos. El religioso es exhortado en definitiva a ponerse al lado de aquellos "subdesarrollados", para luchar contra aquellos que tienen más, o suscitar un régimen político que acabe con el derecho de propiedad, contra el cual va un pronunciamiento implícito o más o menos explícito. Esta es la solución propuesta al problema de la pobreza religiosa.

   Tal cosa es lo intentado, o por lo menos así lo han entendido todos los sacerdotes que leen español, muchos de los cuales se incorporan sin más a los movimientos subversivos y revolucionarios de América, creyéndose exhortados (con fundamento), por la Confederación Latinoamericana de Religiosos.

   Además así lo han entendido todos los estudiantes de las universidades católicas, donde se promueve la revolución social y se enseña como forma de la comunidad política una concepción atea o naturalista, llámese marxismo o no.

   En las comunidades femeninas, estas exhortaciones a la pobreza ha hecho abandonar los colegios, construidos con el trabajo y la pobreza verdadera de beneméritas religiosas. Colegios para mil o dos mil alumnas, tienen que ser edificios grandes. No pueden entrar mil alumnas en una casa pequeña. Pues allí ha ido el demonio a decirles a las buenas monjitas que el edificio es suntuoso y que hay familias que apenas cuentan con una pieza. Esto causa un trastorno y las hermanas quieren abandonar los colegios y dispersarse en grupos por las villas miserias. Esto obedece sin duda a un sentimiento de generosidad personal quizás in abstracto laudable. Pero abandonar los colegios, sería un mal muy grande; dispersarse en grupos, de hecho, arruina la vida en común e inclina a la secularización.

   Las llamadas "villas miserias", requieren la atención sacerdotal y religiosa. Pero una atención de ministerio sacerdotal, como lo requiere cualquier grupo humano.

   La solución contra los excesos del capitalismo liberal es la vida cristiana que puede suscitar el ministerio sacerdotal; la vida de fe, esperanza y caridad es la única fuente de la justicia social. Las soluciones de Rusia, China o Cuba son radicalmente falsas y mentirosas: no disminuyen sino acrecientan la miseria.

   No vamos a comentar todas las publicaciones de la CLAR. Solamente qucremos enseñar algo de la docencia, digámoslo así, que nutre las raíces de la profunda crisis religiosa que padece la Iglesia latinoamericana.

   Si la Iglesia es llevada a enrolarse en la Revolución social, no tendremos a corto plazo ni Iglesia ni paraíso latinoamericano, sino el infierno comunista.

Cristo en la historia,

   La Misión del Religioso, es tratada ex profeso en el libro n° 5, y será el último que nos preocupe por ahora. Comienza, como es de rigor, con las conclusiones de Medellín.

   "Gran postulado de nuestra renovación es el compromiso con las realidades terrenas y la promoción humana, nuestra inserción en el mundo, como testimonio de la presencia del Señor en la Historia y como anticipo de su Reino entre los hombres".

   Todas las palabras están perfectamente calculadas. El religioso no tiene como mandato promover la vida de las virtudes cristianas, ni perdonar los pecados, ni predicar la salvación, ni administrar los sacramentos. Todo esto se olvida o se da por sobreentendido. Se lo olvida porque no es lo que interesa. Se le asigna un lugar de sobreentendido, cuando amenaza sobrevenir la objeción o la polémica, que pondría de manifiesto algo muy grave y que se quiere introducir despacio.

   Vuelve la habitual inserción en el mundo, que no objeta las prácticas religiosas, pero que las declara anticuadas e ineficaces una a una.

   La actual herejía no proclama negaciones radicales y esenciales. Niega empero, cada uno de los hechos religiosos, cada práctica religiosa como ineficaz y anticuada.

   El testimonio de la presencia del Señor en la Historia, merece consideración aparte.

   No se trata de un testimonio de la Iglesia o un testimonio de la Fe católica. Cristo en la Historia, es la fórmula con que el actual protestantismo evita la mención de la Iglesia.

   Cristo sin duda pertenece a la Historia. Más aún, es verdaderamente el centro de la Historia de los hombres.

   Pero el modo de estar Cristo en la Historia actual es por los sacramentos y en particular por la Eucaristía. Quiere decir que está en la Iglesia.

   Entonces quiere decir que nuestra inserción en la Iglesia, es testimonio de la presencia de Cristo en la Historia y no nuestra inserción en el mundo.

   El religioso se incorpora vitalmente en la Iglesia y sirve a la Iglesia. Al mundo lo sirve, llevando hasta él la redención de Cristo; dando nuevos miembros vivos a su Cuerpo Místico.

   Hay escasez de vocaciones religiosas, y muchas deserciones. Los cómputos son penosos; no los reproducimos. Esta situación es debida no al mundo, sino a la orientación secularista impresa a la vida religiosa. Los Superiores Mayores de Ordenes Religiosas deberían protestar contra un organismo como la CLAR que habla en su nombre.

Conclusión

   Nos preocupa sobremanera:

   1º) Que esto pueda hacerse impunemente: usar el nombre de los Superiores Mayores de las Ordenes Religiosas y distribuir en las casas religiosas de todo el continente sirviendo de base a multitud de cursillos de "actualización" pastoral, esta verdadera Religión del Hombre que hemos comentado, al servicio de una empresa política.

   2º Que con estos tópicos a nivel periodístico que llegan hasta el ridículo, puedan hacer daño en casas religiosas, que no rechacen de inmediato este grosero veneno.

   Es grave no sólo la inacción de la cabeza sino la anestesia del cuerpo, y muestra la profundidad de la actual crisis religiosa.

   No habrá renovación sino en el sentido que la entendieron los santos, los grandes fundadores, los Padres que sobre las huellas de los Apóstoles, echaron las bases de la vida religiosa en común.

ALBERTO GARCÍA VIEYRA, O. P.

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