REVISTA ROMA

 
AÑO VI Nº 25

BUENOS AIRES

JULIO 1972

 
 
 

MARÍA ES NECESARIA A LOS HOMBRES
 PARA OBTENER EL ÚLTIMO FIN

   Dudo que la Santísima Virgen fue necesaria a Dios con necesidad llamada hipotética, en consecuencia de la voluntad divina, debemos inferir que es aún más necesaria a los hombres para llegar a su último fin. La devoción a María no debe confundirse con las devociones a los demás santos, como si aquélla no nos fuese más necesaria, y sí sólo de supererogación.

1) La devoción a María es necesaria a todos los hombres para salvarse

   El docto y piadoso Suárez[1], de la Compañía de Jesús; el sabio y devoto Justo Lipsio, doctor de Lovaina, y otros varios, fundándose en el sentir de los Padres, entre otros, de San Agustín; de San Efrén, diácono de Edesa; de San Cirilo Alejandrino; de San Germán de Constantinopla; de San Juan Damasceno; de San Bernardo; de San Bernardino; de Santo Tomás y de San Buenaventura[2], han probado irrefutablemente que la devoción a Nuestra Señora es necesaria para la salvación; y que es señal infalible de reprobación, como lo han reconocido Ecolampadio y algunos otros herejes, el no tener estima y amor a la Santísima Virgen; como, por el contrario, el entregarse a Ella y serle entera y verdaderamente devoto es señal infalible de predestinación.

   Las figuras y las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento lo prueban; el sentir de los santos y sus ejemplos, lo confirman; la razón y la experiencia lo enseñan y demuestran; los mismos demonios y sus secuaces, impelidos por la fuerza de la verdad, se han visto obligados a confesarlo a pesar suyo. De todos los pasajes de los santos Padres y Doctores, de que tengo hecha una extensa colección para probar esta verdad, sólo alegaré uno para no ser prolijo. Dice San Juan Damasceno: Seros devoto, oh María, es una prenda de salvación que Dios concede a los que quiere salvar[3].

   Podría yo referir aquí varias historias que confirman lo mismo; entreotras:

   1º) La que se menciona en las Crónicas de San Francisco, de cuando vio en éxtasis una larga escalera que llegaba hasta el cielo, sobre la cual estaba la Santísima Virgen, y por la cual le fue mostrado que era preciso subir para llegar al cielo.

   2º) La que se refiere en las Crónicas de Santo Domingo, de cuando quince mil demonios, apoderados del alma de un desgraciado hereje, cerca de Carcasona, donde el santo predicaba el Rosario, se vieron forzados a confesar, con gran confusión suya, por mandato que les impuso la Santísima Virgen, muchas, grandes y consoladoras verdades referentes a su devoción, con tanta fuerza y claridad, que por poco devoto que uno sea de Nuestra Señora, no puede leerse esta historia auténtica y el panegírico que el demonio, a pesar suyo, hizo de esta devoción, sin derramar lágrimas de alegría.

2) La devoción a María es aún más necesaria para
los que son llamados a una perfección particular

   Si la devoción a María Santísima es necesaria a todos los hombres, simplemente para alcanzar la salvación, lo es todavía más a los que son llamados a una perfección particular; y no creo que nadie pueda adquirir una unión íntima con Nuestro Señor y una fidelidad perfecta al Espíritu Santo, sin una unión grandísima con María y una gran dependencia de su socorro.

Sólo María halló gracia ante Dios[4] sin auxilio de ninguna otra pura criatura. Sólo por Ella han hallado gracia ante Dios cuantos después de Ella la han hallado, y sólo por Ella la hallarán cuantos en adelante la hallen. Llena de gracia[5] estaba cuando la saludó el arcángel Gabriel; sobreabundantemente llena de gracia quedó cuando el Espíritu Santo la cubrió con su sombra[6] inefable; y de tal manera acrecentó Ella de día en día y de momento en momento esta doble plenitud, que llegó a un grado de gracia inmensa e inconcebible[7]; de manera que el Altísimo la ha hecho tesorera única de sus riquezas, y única dispensadora de sus gracias, para ennoblecer, levantar y enriquecer a quien Ella quiera; para hacer andar por el estrecho camino del cielo a quien Ella quiera; para franquear la entrada, a pesar de todos los obstáculos, por la angosta puerta de la vida a quien Ella quiera, y para dar el trono, el cetro y la corona de rey a quien Ella quiera. Jesús es en todas partes y siempre el fruto y el Hijo de María y María es en todas partes el árbol verdadero que lleva el fruto de la vida y la verdadera Madre que lo produce.

   Sólo a María ha entregado Dios las llaves de las bodegas[8] del divino amor, y el poder de entrar, y de hacer entrar a los otros, en los caminos más sublimes y más secretos de la perfección. Sólo María permite a los desgraciados hijos de la infiel Eva la entrada en el paraíso terrenal para pasearse en él agradablemente con Dios, para esconderse seguramente en él contra sus enemigos, para alimentarse deliciosamente, sin temer ya a la muerte, del fruto de los árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal, y para beber a boca llena las aguas celestiales, que brotan copiosas de la hermosa fuente que allí mana con abundancia; o por mejor decir, Ella misma es ese paraíso terrenal, esa tierra virgen y bendita de la cual fueron arrojados Adán y Eva pecadores. Ella no da entrada sino a aquellos y aquellas a quienes le place para que lleguen a ser santos.

   Todos los ricos del pueblo, para servirme de las palabras del Espíritu Santo[9] según las explica San Bernardo, solicitarán vuestra mirada de siglo en siglo, y particularmente al fin del mundo; es decir, que los más grandes santos, las almas más ricas en gracias y virtudes serán los más asiduos en rogar a la Santísima Virgen y en tenerla siempre presente como su perfecto modelo para imitarla y como poderosa ayuda que pueda socorrerles.

   He dicho que esto sucederá particularmente al fin del mundo, y bien pronto; porque, según ha sido revelado a un alma santa, cuya vida escribió M. de Renty, el Altísimo con su Santísima Madre han de suscitar grandes santos, que excederán en santidad a la mayoría de los otros santos cuanto los cedros del Líbano exceden a los arbustos.

   Estas grandes almas, llenas de gracia y de celo, serán escogidas para oponerse a los enemigos de Dios, que bramarán por todas partes. Serán singularmente devotas de María, esclarecidas por su luz, alimentadas con su leche, guiadas por su espíritu, sostenidas por su brazo y guardadas bajo su protección; de tal modo, que lucharán con una mano y edificarán con la otra[10]. Con una mano combatirán, derribarán, aplastarán a los herejes con sus herejías, a los cismáticos con sus cismas, a los idólatras con sus idolatrías y a los pecadores con sus impiedades; y con la otra mano edificarán el templo del verdadero Salomón y la mística ciudad de Dios, es decir, la Santísima Virgen, llamada por los Santos Padres "el templo de Salomón" y "la ciudad de Dios". Con sus palabras y ejemplos conducirán a todo el mundo a la verdadera devoción de María. Esto les granjeará muchos enemigos, pero también muchas victorias y mucha gloria para solo Dios. Así lo reveló Dios a San Vicente Ferrer, el gran apóstol de su siglo, como él mismo lo consignó claramente en una de sus obras.

   Esto mismo parece haber predicho el Espíritu Santo en el salmo 58 por estas palabras: Para que sepan que Dios reina en Jacob y hasta los confines de la tierra. Vuelven a la tarde, ladran como perros y recorren la ciudad buscando de comer[11]. Esta ciudad que al fin del mundo encontrarán los hombres para convertirse y saciar el hambre de justicia, es la Santísima Virgen, llamada por el Espíritu Santo "pueblo y ciudad de Dios" (Ps. 86, 3).

SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT


NOTAS
  • [1] In Sam P. de 23, s. 3. Cita varios Padres. 

  • [2]  Véanse varios testimonios en San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María, p. 1ª, c. 5.

  • [3] Tibi devotum esse est arrha quaedam salutis, quam Deus iis dat quos vult salvos fieri, (Sermón de Nativ. B. M. V.). 

  • [4] Lc., 1, 30.    

  • [5] Lc., 1, 28. 

  • [6] Lc., 1, 35.

  • [7] Puede verse desarrollado este punto en Segneri, El Devoto de la Virgen,p. 1, c. 3, § 4.

  • [8] Cant. 1, 3.

  • [9]  Ps. 44, 13.

  • [10] Alude a los judíos vueltos del cautiverio, que reedificaban el templo la vez se defendían de sus enemigos (2 Esdr. I, 17) 

  • [11] Ut sciatur Deum regnare in Jacob et usque ad fines terrae. Revertuntur vespere, labrant ut canes et percurrunt civitatem... cibum quaerentes (Ps. 58, 14-16).

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