para el Culto Divino
Eminencia :
Con motivo de que el Augusto Pontífice se dignó encargar a Vuestra Eminencia el Sagrado Dicasterio que vela sobre la Liturgia, esta Asociación se complace en presentarle las expresiones de su homenaje respetuoso.
A este saludo de veneración nos atrevemos a agregar las siguientes consideraciones y súplicas, las que, nos parece, no podemos dejar de poner en las manos de Vuestra Eminencia sin faltar a nuestras obligaciones de católicos, que deben exponer sus problemas a las Autoridades religiosas con filial confianza, sabiendo que se dirigen a sus padres.
No habrán escapado al conjunto de informaciones llegadas a la Sagrada Congregación, las relativas al estado caótico en que se desenvuelve el culto en este país y creemos que también en muchos otros. Es característica el ansia de destrucción hacia los templos y objetos consagrados a fomentar la piedad, el afán de cambio en las oraciones y traducciones, la introducción de cantos con letras de dudosa ortodoxia y ritmos bailables que no expresan la actitud religiosa, ni como adoración ni como humildad, y que suelen ser creaciones de personas que, además de carecer de espíritu religioso, que hasta dan la impresión de no tener fe ni veneración por todo lo que es de Dios, carecen también de buen gusto y cultura estética, por no decir que dejan traslucir con eso, la vulgaridad y grosería de su alma. Todo lo cual no les impide actuar con atrevimiento, insolencia y espíritu de imposición. Se les ve destruir la obra de siglos, la obra de santos y sabios, convencidos que el producto de su capricho e improvisación debe ser mejor, sencillamente porque han vivido el culto católico sin comprenderlo, sin gustarlo, sin alcanzar a ver su perfección y grandeza y hasta demuestran hastío frente a las manifestaciones de la religiosidad.
Han sentado, sin formularlos explícitamente en la mayoría las veces, varios principios a priori, de carácter absoluto, entre los cuales se destacan:
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a) Que la Iglesia es vieja y tiene que cambiar, porque todo lo que envejece se vuelve inservible, principio que una vez insinuado da sus frutos de perturbación en manos de los más audaces, sin que nadie se haya atrevido a demostrar que era lo que requería cambio y porqué, ni qué beneficio para las almas se esperaba obtener.
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b) Que la gente en general es torpe y vulgar y sólo puedo aceptar una religión rebajada, lo cual es enteramente falso. El común de la gente tiene bastante calidad moral y sentido común para encontrarse a gusto con lo elevado y juzgar con ironía lo que se rebaja.
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c) Que el culto a los santos aleja de Dios, como si los santos no estuvieran puestos por la Iglesia para ejemplo de virtudes, para que, a través de su vida aprendamos a interpretar las verdades de la fe, sin dejarnos guiar por las elucubraciones de teólogos que no han llegado aún a santos, sin contar que ellos son nuestros intercesores ante el Altísimo. A eso responde la eliminación de las imágenes que tanto ayudaban a fijar nuestro pensamiento y a despertar el recuerdo de sus virtudes,
dándonos oportunidad de elevados pensamientos. Se pensaba que los fíelos se detenían en las imágenes al entrar en un templo, en lugar de orientar su piedad al mismo Jesucristo, presente en la Sagrada
Eucaristía. Pero, cosa chocante y significativa: los mismos quo así razonan son
los que han eliminado del lugar central y principal al mismo Tabernáculo,
desplazándolo a un rincón o nicho secundario, como si la presencia de Nuestro Señor en el altar obstaculizara el libre desenvolvimiento de caprichosas liturgias o atrevidas predicaciones.
Analizados los cambios se encuentra a menudo que se
sostienen o realizan en base a falsedades, sin que aparezcan el celo del apóstol ni el calor de la piedad, pues no se
ve qué provecho para las almas fieles ni qué facilidades para el acercamiento de los que aún no participan de la fe o se han enfriado, se pueden obtener con esas novedades y alteraciones.
Esos cambios se propagan e imponen con formulaciones caminantes y a veces contradictorias, lo que pone en claro que
no son auténticas en su origen o han sido alteradas por personas u quienes la pasión las lleva a imponer a los demás sus propias y,
a veces, bastardas preferencias. A menudo se transforman simples concesiones en normas, impuestas, a veces, por disposiciones locales, pasando por encima de elementales preceptos de caridad v
de condescendencia. Lo cierto es que, tenemos fundadas dudas respecto de lo quo se nos pretende imponer como proveniente de
autoridad competente de Roma o aún como voluntad del propio Santo Padre.
Así el oficiar de espaldas al Sagrario, la comunión de pie, la tentativa de imponer la comunión en la mano, y otros hechos configuran un proceso de desacralización contra el cual el Romano Pontífice, actualmente reinante, tuvo que alertar a los fieles.
Esta cuestión del Culto Divino se halla íntimamente ligado a la prédica errónea de las verdades de fe, contribuyendo a disminuir en muchos la confianza en la Iglesia.
El Cardenal Gut, antecesor de Vuestra Eminencia —comentando el Novus Ordo Missae— declaró que el Santo Padre consideró a bien, ceder a prácticas que
el estimaba inconvenientes en materia litúrgica. Podemos asegurar a Vuestra Eminencia que estas prácticas no fueron solicitadas por la mayoría del pueblo fiel, ni siquiera por un sector considerable del mismo, sino impuestas por una pequeña minoría organizada. También podemos asegurar que la terminación de las reformas y la vuelta a los ritos tradicionales, especialmente al Ordo Missae codificado por San Pío V y a la comunión de rodillas, despertarían una gran alegría en muchos de los mejores cristianos y los llenaría de gratitud hacia la Autoridad que lo disponga.
Después de estas consideraciones presentamos las siguientes súplicas a Vuestra Eminencia:
1) Que sea restablecido como único rito para la celebración de la Santa Misa en la Iglesia latina el Ordo Missae codificado por el Papa San Pío V. Esta liturgia, que amaron tantos santos y por cuya defensa murieron tantos mártires, es la expresión más acabada del culto a Dios Nuestro Señor, señal de la universalidad de la Iglesia Católica y formulación segurísima de las verdades de nuestra fe.
2) En momentos que algunos osan poner en duda la Presencia Real de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, que se mande que la comunión sea recibida de rodillas en todas las iglesias.
Esta es la costumbre inmemorial y no encontramos
ningún argumento valedero para cambiarla. Al contrario, numerosos textos de la
Sagrada Escritura favorecen esta práctica, en la que se ve en forma sensible la
adoración de los cristianos a nuestro Dios y Redentor.
La Misa es el centro de la vida cristiana, el
único sacrificio capaz de agradar a Dios por sí solo, como que es el mismo
Sacrificio de la Cruz y manantial inagotable de las gracias divinas.
Todo cuanto hace a este Misterio de la Fe, toma
de él su importancia. No hay cosa más grande en la Tierra que el Santo
Sacrificio de la Misa. De allí que la irreverencia, la falta de respeto, la
indisciplina, el afán de novedades en todo lo que se refiere a este sublime misterio, exijan una lucha sin claudicaciones. No nos mueven en esto cosas humanas, sino una cosa de Dios.
Con filial respeto besamos la Sagrada Púrpura de Vuestra
Eminencia.
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V. EDUARDO
ORDOÑEZ |
M. ROBERTO
GOROSTIAGA |
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Secretario |
Presidente |