REVISTA ROMA

AÑO VIII - Nº 19

BUENOS AIRES

MAYO DE 1971

 
 
 

LA PASTORAL DE LOS SANTOS

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   ¡Qué desgracia tan grande cuando entre las personas colocadas al frente de obras de importancia, no se encuentran almas que sean verdaderamente interiores! Lo sobrenatural aparece eclipsado y el poder de Dios como encadenado. Y en estos casos, como nos lo enseñan los santos, vienen a decaer los países, y la Providencia parece que deja libres a los malos para ejercer su poder destructor.

   Las almas, es preciso que lo sepamos, llegan a percibir como por instinto sin acertar a explicar claramente lo que experimentan, esta irradiación de lo sobrenatural. ¡Y así verás con qué gusto viene a postrarse a los pies del sacerdote y a implorar el perdón de sus extravíos el pecador que llega a reconocer al mismo Dios en su representante! Y por el contrario, ¿no se ha visto que desde el día en que el concepto integral de la santidad dejó de ser el ideal necesario del ministro de una secta cristiana, ésta corrió a pasos seguros a suprimir la confesión ?

   Sin obrar milagro alguno, Juan Bautista atraía las muchedumbres. La voz del santo Vianney (El Santo Cura de Ars) era demasiado débil para hacerse oír del inmenso gentío que acudía a su alrededor. Se le oía poco, pero se le veía, se veía en él un representante de Dios y sólo con esta vista subyugaba y convertía a las gentes. Un abogado, volvía de Ars, y habiéndosele preguntado qué era lo que más le había impresionado, respondió: "He visto a Dios en un hombre".

(El alma de todo apostolado, Dom Chautard)

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