REVISTA ROMA

AÑO VIII - Nº 19

BUENOS AIRES

MAYO DE 1971

 
 
 

EL MESTIZO DE LIMA

Tierra donde el Quetzal, nace y luce su plumaje,
en la que florecen rosales, azucenas y amapolas.
Tierra de Incas, Virreyes, frailes y guerreros
y de oraciones santas que pueblan los conventos.
En ella, por gracia de Dios, Martín de Forres,
mestizo y dominico, elige su escoba y abraza el crucifijo.

Alto, joven, atlético, con su andar despacioso,
este peruano de pocas letras, sigue a Domingo,
imitando con su humildad, su fervor y su Gracia,
a tantos de sus hermanos que vivieron el estado de santidad.
Le agradaba que le llamaran por el color de su piel,
este mestizo que trabaja con la escoba y esgrime el crucifijo.

Todo Lima habla de él y de sus favores,
aparece aquí y allá, en las Molucas y en la China,
su peregrinaje tiene el sello de los elegidos por Dios.
Vence al Demonio, habla con los animales y los proteje,
acude solícito a cada dolor y a toda necesidad,
con su escoba a cuestas y el crucifijo en el corazón.

Su fama crece, porqué crece su fidelidad a Dios,
viste tosco sayal, blanco como sus esperanzas y su alma,
está en todo lugar y en toda ocasión obra el milagro,
Martín de Porres busca a los pobres y los sirve,
llevando alivio al enfermo y salvando al hermano caído,
con la ayuda de su escoba y de su inseparable crucifijo.

Los Santos, entre ellos, Martín de Forres,
se parecen a las flores que perfuman a todos por igual,
Santos que unen en el Amor y en la Fidelidad al Mensaje,
que son como la Luna y el Sol que nos iluminan,
señalándonos el derrotero de la salvación,
y que él conquistó con su escoba y su crucifijo.

En aquella alborada triunfal, las constelaciones celestes,
anuncian que lo vieron pasar presuroso y alegre,
dirigiéndose al encuentro de la Beatitud Eterna,
aureolado por el resplandor de las estrellas,
el dulce cántico de salutación de los justos
y la compañía de la escoba y el crucifijo de su redención.

J. JERÓNIMO GARRIDO

ÍNDICE DEL Nº 19

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