REVISTA ROMA

 AÑO VIII - Nº 18

BUENOS AIRES

MARZO DE 1971

 
 


LAS TRES SOLEDADES

TRÍPTICO

La Soledad de Cristo en la Cruz

Como faro potente cuya luz
las tinieblas paganas ilumina, 
se levanta del Gólgota en la cima 

la triple soledad de aquella Cruz.

En el duro madero está Jesús
derramando sobre él Sangre Divina,
la cabeza sangrienta se reclina
y en sus ojos, apágase la luz.

Sus labios entreabiertos una queja
dejan brotar del Corazón herido.
Y a su Padre pregunta dolorido:
¿por qué tan sólo en su dolor le deja?
No puede soportar la Soledad,
el Redentor que es Uno, en Trinidad:

La Soledad de María

Cristo ha dado su cielo y su perdón.
Su vida, su dolor, su Sangre Pura.
Ha bebido el hisopo de amargura
y ha entregado partido el Corazón.

Ha legado su Cuerpo en Comunión. 
Y para suavizar la vida dura, 
una Madre, sublime en su ternura
que Inmaculada fue en su Concepción.

Ella cargó con su dolor profundo
el peso de una Iglesia que nacía.
Nueva maternidad que florecía
en el seno que Dios hizo fecundo.
¡María, que engendró una humanidad 
sus lágrimas lloró en Soledad!

La Soledad de la Cruz

Duerme tranquilo el pueblo victimario
y la muerte mastica su derrota.
El huracán, tranquilo, ya no azota
la granítica mole del Calvario.

Tienden las blancas nubes un sudario
sobre la roja tierra, que devota,
El huracán, tranquilo, ya no azota
convirtiendo su seno en un Sagrario.

En la penumbra azul de la alborada
se respira una paz de eternidad. . .
En su muda elocuencia, la verdad
que por Cristo nos fuera revelada,
proclama, como cátedra de luz
la Soledad austera de la Cruz...

AMALIA ESTRADA DE SHAW

.

ÍNDICE DEL Nº 18

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