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ORTODOXIA
y ORTOPRAXIS
Estamos constantemente
oyendo loas al desarrollo,
a las novedades, a la
eficacia y al progreso y
está resultando casi
universal la creencia que
las disquisiciones y
discusiones doctrinales,
el estudio, meditación y
defensa de los principios
generales, han caducado.
Cuestiones bizantinas,
dicen muchos con tono sarcástico
de superioridad, cuando
alguien intenta poner en
evidencia errores de
principio o falsos
planteamientos doctrinales
y desviaciones de la
ortodoxia.
Lo que importa es la
ortopraxis, la acción
eficaz y beneficiosa y no
la ortodoxia inmovilista
que se desarrolla en el
mundo abstracto de las
ideas.
Esta primacía de la
praxis se observa no sólo
en la política y en la
administración, sino que
invade zonas más
delicadas y que hasta
ahora habían tenido
especial cuidado de
preservar la integridad de
los principios: la moral y
la religión. Se han
relegado al olvido o a la
execración pública las
palabras herejía, anatema
y condenación para vivir
en un mundo plácido, sin
contrastes, un mundo de
hedonistas en el que los
únicos
"marginados" serán
los que conservan la
preocupación por la recta
doctrina y con sus
consideraciones ortodoxas
juegan el papel de
aguafiestas en la kermesse
contemporánea.
Pero si nos paramos
a pensar, aunque sólo sea
un momento sobre los
motivos que inspiran a los
que desprecian a la
ortodoxia, veremos en
seguida que en ellos
existe también una base
doctrinal, que no por ser
inconsciente en la mayoría,
es menos reconocible y
definida. Se ha creado una
nueva ortodoxia que aunque
carece las más de las
veces de coherencia y
precisión, no es menos
intransigente y
exclusivista que la
verdadera ortodoxia.
*
* *
Tres son las columnas, los
dogmas, sobre los que se
asienta la neoortodoxia:
el relativismo, el
evolucionismo y el
naturalismo.
Relativismo
Niega la existencia de
principios generales
universales, lleva al
subjetivismo cuando no al
confusionismo y es la
puerta de entrada de todas
las aberraciones, pues si
todo es opinable, variable
y relativo no existen
principios seguros en los
que basar las actividades
humanas.
Evolucionismo
Admite como postulado (no
sujeto a discusión) que
"todo tiempo
futuro será mejor",
que la humanidad y la
naturaleza progresan
ineluctablemente y que
todo cambio y transformación
es necesariamente
beneficioso.
Naturalismo
Niega u olvida el mundo
sobrenatural, la vida
futura después de la
muerte con sus recompensas
y castigos y las
realidades invisibles,
pues si las admitiese
encontraría en ellas
principios absolutos e
invariables contrarios a
los dos primeros dogmas.
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Con estos tres dogmas
tenemos elementos
suficientes para
interpretar la praxis
neoortodoxa que se
desarrolla de un modo análogo
en la mayoría de las
actividades del hombre
moderno, sean culturales,
políticas, jurídicas,
administrativas, económicas,
morales o religiosas. La
experiencia enseña que
esta praxis neoortodoxa
sigue siempre un
determinado esquema en
cinco etapas bien
definidas.
Primera
etapa
Consiste en denigrar el
pasado, buscar defectos
reales o ficticios en lo
existente, señalar
injusticias o
irregularidades y crear
una psicosis de cambio
alegando los dogmas del
relativismo y del
evolucionismo e invocando
derechos a una vida más cómoda
y placentera en este
mundo, de acuerdo con el
tercer dogma.
Segunda
etapa
Se esfuerza en convencer
de la necesidad de
organizar algo más
perfeccionado y sobre todo
diferente a lo que existía
y que para esto esto es
indispensable un estudio
"exhaustivo" del
estado actual de la cuestión.
Estudio que debe ser rápido,
cuantitativo y utilizar
encuestas y computadoras y
una terminología nueva
que supla con vocablos
esotéricos la pobreza de
sus conceptos.
Tercera
etapa
Es la de la planificación.
Admite ésta como evidente
que los encargados de ella
son de una inteligencia
superior a la de todos sus
antecesores y el proyecto
ideal que elaboran es
infinitamente superior a
lo que existe en la
actualidad, ya que tiene
en cuenta el estudio
exhaustivo cuantitativo
mecanizado de la etapa
anterior y se esfuerza en
contentar al mayor número
de los interesados.
Cuarta
etapa
Es la de la destrucción,
pues para desarrollar el
proyectado plan de la
tercera etapa es necesario
eliminar las instituciones
y estructuras anteriores.
No faltan colaboradores en
esta etapa, ya que muchos
esperan que cuanto mayor
sea su celo en la demolición
tanto mayores serán sus méritos
en las nuevas estructuras.
Quinta
etapa
Cuando llega (pues en el
transcurso de las cuatro
etapas anteriores pueden
ocurrir cambios que
obligan a un nuevo
replanteamiento de los
planes) se trata de
realizar el plan previsto.
Pero como la realidad
tiene sus leyes complejas,
muchas de las cuales han
escapado a la máquina
computadora y no han sido
tenidas en cuenta en las
encuestas, se llega, es
verdad, a algo diferente
de lo que existía al
principio del proceso pero
que se aleja a menudo del
plan previsto y que, en el
mejor de los casos, no
tiene todos los defectos
de la situación anterior,
sino otros diferentes.
Estos nuevos defectos
obligarán a un nuevo
replanteamiento en manos
de nuevos planificadores,
todavía más inteligentes
que los anteriores, que
empezarán de nuevo el
ciclo con sus cinco
etapas.
Claro es que en este nuevo
ciclo, la cuarta etapa, o
sea la de la destrucción,
será mucho más fácil
por la fragilidad e
inconsistencia de las
nuevas estructuras creadas
en el primer ciclo.
Finalmente llegamos al
paraíso de la
neoortodoxia, todo es
fluido variable y
relativo, siempre en
espera de un futuro
maravilloso que nunca
llega. Pero en este juego
incesante se habrá
logrado una finalidad muy
importante y es el olvido
y desprecio de las
realidades sobrenaturales
que son las únicas que
pueden dar un sentido a la
vida y una estabilidad y
seguridad al orden
natural.
*
* *
Cuando estos ciclos
sucesivos afectan a las
instituciones seculares o
a la organización económica
o política, pueden
producir algunas veces
resultados parciales
positivos y lejos de
nosotros el condenar de un
plumazo la afición
desarrollista de nuestros
contemporáneos, pues cada
caso particular necesitaría
un análisis detallado.
Cuando todo este proceso
resulta más grave es si
se utiliza en lo que
constituye la base y la
razón de nuestra
civilización en general y
de nuestros países hispánicos
en particular: la religión
católica. Lo que parecía
más estable y definitivo,
lo que era base y
fundamento de nuestra vida
espiritual y por
consecuencia de nuestro
comportamiento, se
tambalea y arrastra en su
caída todo lo demás.
Encontramos
desgraciadamente estas
cinco etapas del ciclo
neoortodoxo en el interior
mismo de la Iglesia,
fomentadas por miembros
del clero y hasta por
altos jerarcas que actúan
de un modo solo comparable
con un médico que
desarrollase la guerra
bacteriológica contra sus
mismos compatriotas con el
pretexto que el concepto
de enfermedad es un
concepto relativo. La
disciplina, el derecho canónico,
la música, el arte, los
seminarios, la liturgia y
hasta el dogma, todo se
encuentra ahora sujeto a
una (o varias) de las
cinco etapas del ciclo
diabólico. Todo está en
proceso de crítica, de
estudio cuantitativo, de
planificación imprudente,
de destrucción sacrílega
o de estructuración
improvisada.
Este ciclo diabólico,
apoyado por las más altas
jerarquías produce y
acelera la "autodemolición"
de la Iglesia y con una
ceguera incomprensible, o
con manifiesto deseo de
destrucción, muchos creen
que estas cinco etapas del
ciclo deben acentuarse.
Sólo podremos salir de
este engranaje infernal
cuando existan esforzados
paladines de la nueva
Contrarreforma Católica
que rompan este ciclo y
cada una de sus cinco
etapas y vuelvan a
encontrar el proceso
natural y lógico:
Afirmación de la doctrina
invariable; Conocimiento
cualitativo de la realidad
y de sus leyes tal como
las enseña la historia;
Condenación y rechazo de
las desviaciones y errores
con la eliminación de los
que los elaboran o
transmiten y, finalmente,
Restauración de todo lo
que se ha ido degradando o
alterando por la acción
de imprudentes
reformadores.
Sólo por este camino se
podrá llegar a un
verdadero progreso, pues
la Verdad Religiosa no la
obtenemos por nuestras
propias fuerzas, sino que
la recibimos de nuestros
antepasados en la fe y la
transmitimos a nuestros
sucesores, sin cambio ni
alteración, y si somos
fieles todo lo demás se
nos dará por añadidura.
JULIO
GARRIDO
a
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