REVISTA ROMA

 AÑO VIII - Nº 18

BUENOS AIRES

MARZO DE 1971

 
 


PERFECCIÓN CRISTIANA Y
DOCUMENTOS LATINOAMERICANOS

        Al abordar los problemas relativos a la perfección de la vida cristiana, aún de sus elementos constitutivos esenciales, nos hemos referido en general a todo aquello que da estructura a la vida espiritual, en el hombre corriente y normal. Las virtudes, la oración, la abnegación de sí mismo, la confianza en Dios, aún en medio de las adversidades, son elementos comunes en la vida espiritual del cristiano, y los tópicos habituales de la teología Ascético-Mística.

        Tales cosas sirven para todos los hombres, prescindiendo de su posición económica o social, su grado de cultura o alfabetización, mayor o menor. La perfección de las obras de Dios es tal, que aún el analfabeto o el "subdesarrollado" puede llegar a ser un perfecto cristiano.

        Sin embargo, según documentos emanados de jerarquías responsables y grupos sacerdotales, la Iglesia latinoamericana parece absorbida por el problema del desarrollo. En todos esos documentos la vida espiritual católica se contempla en función de un incremento económico, el cambio, liberación o promoción humana.

        No hay duda que se refieren a abusos, a faltas de mayor o menor gravedad contra la zarandeada y noble virtud de la justicia. Pero, para corregir esos abusos, no se recurre a la moral cristiana, sino a cambios político-sociales de los cuales van a salir los remedios, como patos de la galera del prestidigitador.

        Deudores de claridad para con nuestros lectores, decimos que la vida espiritual católica, tiene sus leyes propias, fundadas en la Fe y en la Palabra revelada por Dios. De esas leyes propias nos ocupamos nosotros.

        Sobre todo tenemos en cuenta a los jóvenes sacerdotes y civiles, que en sus primeros años de formación reciben el asedio de esa literatura sobre cambio y desarrollo. La abrumadora literatura sobre "el hombre de hoy", conduce a una desestimación práctica de la doctrina espiritual. 

        Allende el océano el problema parece ser el adaptar la Religión al "hombre de hoy"; aquende, el adaptarla al "cambio de estructuras" ¡las que nosotros vamos a hacer!, nos dicen.

        Justamente, el cambio que piensan hacer es la edificación de la Ciudad secular, laica, pluralista y después atea, sin contemplar la ley divina ni la ley natural, para eludir la "cristiandad" y el "clericalismo". En los Documentos y proclamas se presupone el Estado laico o neutro, y una pura organización social técnico-administrativa.

Concretando, nuestro problema es el siguiente:

        ¿Si dada la reiteración de los planteos actuales en categorías de desarrollo, producción, promoción humana, debemos dar por liquidada la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la vida cristiana y perfección, que nos habla de mortificación, obediencia, oración, caridad, etc.?

        No se discute que la vida cristiana necesite un cierto bienestar económico. Se discute la falsa identificación entre vida cristiana y promoción humana o económica.

        Si resulta exagerado este planteo —las cosas no se dicen con tanta claridad— resulta peor que la doctrina de la Iglesia desaparezca en silencio, sustituida por un sociologismo mediocre, con su catequesis única, de pluralismo y desarrollo.

        Es perfectamente legítimo ocuparse, desde un punto de vista cristiano, del desarrollo y evolución de los pueblos. 

El desarrollo no tiene una pura inspiración tecnológica, sino inspirado en valores morales de salvación, tales como el amor sobrenatural y en la justicia. La caridad y la justicia tienen las riendas del desarrollo. La evolución económica no pierde su sentido de instrumentalidad y de servicio para el hombre y la comunidad. Los valores morales, los objetos de las virtudes (en lenguaje escolástico), tienen razón de fin en la vida del hombre. Los valores técnicos tienen razón de medios y no pueden sustituirlos.

        En los planteos latinoamericanos, no creemos que se piense explícitamente en una sustitución. Pero la reiteración, con el mismo lenguaje, siempre ambiguo, sin definir la posición del cambio frente a la Fe católica, llevan a pensar en tal sustitución. Pongamos una anécdota real, muy sugestiva.

        Un sacerdote, de quien doy fe, en una plática para religiosas, resumió la doctrina de Las Moradas, de Santa Teresa de Jesús. Días después una de las religiosas le preguntó si aquella doctrina podría servir para la gente de hoy...

        Con esas palabras puso de relieve una convicción que penetra lentamente en los ambientes religiosos, y que debe ser objeto de nuestra atención de ministros del Evangelio.

Univocidad y analogados
(No confundir lo que se distingue)

        Llamar los análogos a la univocidad, significa confundirlos, o unificar cosas distintas, que deben permanecer separadas.

        El desarrollo de la vida espiritual, de la vida moral del hombre, y el desarrollo de la vida económico-social, son análogos, cosas diferentes, que no se pueden unificar, confundiéndolas.

        En el hombre, el desarrollo de los hábitos morales, no es el desarrollo de los hábitos técnicos, ni aun el de los intelectuales.

        En todo este complejo de hábitos o virtudes, la vida espiritual del cristiano está regida por las virtudes teologales, de las cuales depende la unión con Dios. En términos de "desarrollo" la vida espiritual requiere el de las virtudes teologales y el de las morales (prudencia, justicia, templanza, humildad, fortaleza, etc.). Los hábitos técnicos, profesionales, virtudes intelectuales, habilidades, etc., se cultivan según las necesidades de la vida o profesión. Pero, en cualquier profesión o trabajo, la vida espiritual dependerá siempre del ejercicio de las virtudes teologales y morales. Repetimos que el analfabeto, sin cultivo de hábitos intelectuales, y el torpe para el trabajo, sin dominio de ninguna técnica, pueden santificarse lo mismo.

        El desarrollo de la vida espiritual, no depende de la posición económica. Antes al contrario, la excesiva preocupación por las riquezas ahoga la vida espiritual. Quiere decir, no se puede sostener ni sugerir, que la promoción económica sea necesaria a la vida espiritual de Latinoamérica, ni de ninguna parte. La construcción de la Babilonia latinoamericana, en nuestras tierras no aumentará a nadie la fe, la esperanza o la caridad ¡ni hará ningún dechado de justicia y honestidad!

        El desarrollo económico-social, por su parte, puede ser bueno o malo. No es necesariamente malo, como lo quiere cierto romanticismo maniqueo. Es un bien físico, que resulta un bien moral si está ordenado a Dios, por la justicia y la caridad. Siempre el bien moral, dependerá de las virtudes morales, que dan la ordenación a Dios, último fin del hombre. Los hábitos intelectuales o técnicos, no lo hacen por ellos mismos. 

        El desarrollo económico es legítimo. Siempre referido a las riquezas, es un bien útil, y tiene razón de medio con respecto al bien moral. Si la América Latina es un continente en desarrollo, ese desarrollo debe mantener siempre su ordenación al bien moral. La labor del sacerdote será luchar para que esa ordenación al bien moral, a Dios en último término, sea una realidad. Pero nunca puede ser su fin el mismo desarrollo, como lo afirman los documentos de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos), que mencionamos en su lugar. En el fondo tenemos una falsa identidad entre desarrollo económico-social, y desarrollo espiritual.

        Es indispensable distinguir el objeto propio de la Doctrina Social católica, y el objeto que persigue la Ascética-Mística, campo de la vida espiritual cristiana.

        En primer lugar, la Doctrina Social católica es Teología Moral, aplicada a la vida de relación entre los hombres.

        La Teología Espiritual, es también Teología Moral pero aplicada al progreso de la caridad y demás virtudes.

        Por ser Teología, la Doctrina Social, mira en primer lugar la salvación de todos los miembros de la sociedad. Promueve las relaciones de justicia, no solamente en los salarios o contratos, sino la afabilidad, la obediencia, la ayuda mutua, el respeto, el amor del prójimo, más allá de lo estrictamente reglamentario.

        No promueve la lucha de clases, y aunque debe promover el bienestar y desarrollo de la comunidad, ese desarrollo no es un último fin, ni debe buscarse por el camino de las bombas, secuestros y luchas sociales.

        El bienestar no es fruto del desarrollo. Es fruto del trabajo honesto, de la paz de la conciencia para con Dios, de la resignación cristiana en las adversidades, de lo que el hombre posee como fruto de su labor.

        La Doctrina Social católica, aunque combate la usura y la posesión ilícita, fomenta la propiedad privada y la posesión lícita de los bienes. Por eso es una injusticia el marxismo, que pone los bienes particulares en manos del Estado.

        El desarrollo no es indispensable para la felicidad. En la unión con Dios y con una vida cristiana, pueden ser felices el preso en la cárcel, el enfermo en el hospital, el que ve quebrada su hacienda por un mal negocio, el que ve rota su felicidad conyugal, el marginado por falta de capacidad de trabajo, etc., etc. Todos estos que la pedantería sociológica calificaría de subdesarrollados, son muy a menudo felices porque Dios ha puesto la paz en sus almas.

        Es un serio error pensar que el religioso en la comunidad política deba ser un factor de desarrollo. Lo es de bienestar, de felicidad, de paz y unión con Dios.

        El religioso o el sacerdote debe aportar a la comunidad los bienes de salvación. Su oficio es combatir el pecado, los errores contra la fe y la religión verdadera, que son elementos de ruptura y división.

        El sacerdote, por lo general, no entiende de desarrollo. Sus estudios han sido de teología y filosofía. Quienes entienden de desarrollo son: economistas, ingenieros, empresarios, ejecutivos, industriales, etc., y no necesitan la colaboración de un analfabeto en el ramo. Lo que éstos y todos necesitamos, es la doctrina cristiana, los sacramentos de Cristo, la oración para salvarnos.

        En los Documentos de la CLAR que vamos a mencionar se insiste extrañamente sobre este asunto, y ¡aún el novicio debe interesarse por el desarrollo!(1).

        La confusión proviene a menudo de identificar objetos formales diferentes. No es posible tratar en confuso todo cuanto se refiere al hombre. No puedo hacer de todo sociología, sicología, filosofía o teología.

        ¡No sólo tenemos el peligro de confundir, sino que corremos el peligro... de equivocarnos!  

Los Documentos

Medellín

        El Documento La Iglesia en la actual transformación de América Latina (1968), con sus luces y sombras, es un documento aprobado por algunos obispos del Continente. No obstante, vemos que todos los movimientos de izquierda, y los multiplicados pronunciamientos de clérigos en todo el continente, tienen su evangelio en Medellín. Eso nos obliga a pensar.

        Debemos en el Documento distinguir: la descripción de los hechos, y la doctrina social propiamente dicha.

        Los hechos pueden ser reales en muchas partes de América y del mundo; el Redactor los describe de manera enfática y tropical, como hechos dolorosos que hieren nuestra sensibilidad de cristianos. El marxista se aprovecha de la descripción y de la autoridad de quienes la hacen para promover la revolución social, y difundir entre clérigos, jóvenes y audaces, las utopías del marxismo, la sociedad angelical de los hombres sin pecados.

        En esta descripción tremenda, donde la opresión clava las espuelas en los ijares de la desesperación y la miseria, la Doctrina Social católica está como encubierta por la misma descripción; el lector corriente, no puede pensar en una doctrina, crispados los nervios por la indignación y la catástrofe.

        El defecto principal de la primera parte, es que la doctrina católica, positiva, no unta bien explícita. Aflora recién al final, al ocuparse do lo propiamente religioso.

        Consecuencia de esto es, que al tratar de desarrollo o transformación, no se guarda o no se destaca que la prioridad de la salvación es lo propio de la Iglesia. De hecho, ahora hablamos de "liberación", casi como un sustituto de salvación.

         El documento de Medellín, no omite, pero no pone en el debido relieve la misión salvífica de la Iglesia. No omite, pero quienes quieren aprovecharse del Documento fácilmente pueden prescindir de algo que está desteñido y difuso.

        Eso explicaría que lo publiquen las editoriales izquierdistas, y que sea saludado con alborozo por los enemigos de la Iglesia. En el Prólogo, se dice así:

        "Desde las Conferencias Episcopales que están dando últimamente impresionantes "saltos adelante" en sus tomas de posición (Perú, Argentina), hasta los gestos de contestación más espectaculares y prácticamente diarios, toman su punto de apoyo en los Documentos de Medellín" (Doc. de Medellín, prol. p. 7, ed. Nova Terra).

        Esto es exacto, y son documentos que no han encontrado ninguna oposición en el marxismo; antes bien, comunistas y católicos son compañeros de ruta en la revolución social. ¿A qué se debe este fenómeno?

        Tiene sus raíces históricas, la formación del progresismo católico dentro de la Iglesia; a saber, la unión entre comunistas y católicos, renunciando estos últimos a un catolicismo social de tipo institucionalista. Las protestas contra el ideal de "cristiandad", contra lo jurisdiccional en la Iglesia, el "mea culpa" por los pecados y defectos de la Iglesia, formaron el caldo de cultivo de la nueva concepción. La Iglesia se vuelve entonces: humanista, pluralista, "insertada en el mundo", y no reivindica ninguna jurisdicción.

        Transcribiremos los textos que han tenido mayor gravitación entre el clero latinoamericano, aquellas ideas-fuerza que circulan por todo el Documento, y que han señalado un rumbo en la pastoral, predicación y enseñanza, que han servido de base a los pronunciamientos de clérigos, estudiantes y núcleos revolucionarios en toda Latinoamérica, incluido, sin duda, el triunfo del comunismo en Chile.

        Idea-fuerza es la transformación social-económica, o sea el cambio.

        El cambio reconoce un punto de partida: estado de servidumbres políticas, sociales, económicas; miseria, opresión, ignorancia, "abusos del poder y del tener", injusticias, atentados contra la dignidad de la persona humana, esclavitud, colonialismos, etc., etc.

        Desde este punto de partida, se inicia el cambio o transformación, más o menos identificado con el concepto de salvación "del hombre entero" (Introducción).

        El cambio debe ser, no solamente una cierta promoción económica o cultural de sectores menos favorecidos, sino un cambio de "estructuras"... no se dice cuáles son. No es lo que entendemos por Estado cristiano u orden social cristiano, pues el redactor quiere la ciudad laical, la autonomía del orden temporal, técnico, opulento, pluralista, para la promoción del hombre.

        A la transformación religiosa habrá que presuponerla después que hayamos echado a volar las "estructuras opresoras". Esto, si otro poder político no viene antes, de comedido, para arreglarnos. Creemos firmemente que otro Poder Político nos mira y observa...

        Para la futura transformación religiosa no se da ningún elemento valedero, la Iglesia aparece como hablando en secreto, en los oídos particulares; llena de respetos por la herejía y sin vigencia en el orden jurisdiccional.

Pasemos a glosar algunos contextos más significativos.

        "América Latina está evidentemente bajo el signo de la transformación y del desarrollo" (Intr. 4).

        "La transformación conmueve todos los niveles, desde el económico hasta el religioso" (Ibid.).

        "Estamos en el umbral de una nueva época histórica de nuestro continente, llena de un anhelo de emancipación total, de liberación de toda servidumbre, maduración personal de integración colectiva". (Ibid.).

        El Redactor tiene una apreciación empírica del estado político-social del continente: servidumbres políticas, sociales, económicas.

        En esta apreciación, la palabra "servidumbres" encierra una referencia despectiva que no distingue de la necesaria obediencia política que deben los pueblos con respecto a sus gobiernos. Igualmente tiene sentido despectivo la mención de las necesarias limitaciones sociales o económicas que trae la vida. No tenía derecho.

        La obediencia política es un servicio a la Patria, que ennoblece al hombre, inspirada en la virtud del patriotismo. La vida social o económica trae también para cada individuo sus limitaciones, por que todos somos limitados. Puede un hombre hacer un esfuerzo honesto por elevar su nivel de vida, pero es exagerado y demagógico tomar esto como liberación de servidumbres contrarias a su condición de persona.

El concepto de salvación también está adulterado.

        En el hecho de la transformación (intr. 5), el Redactor ve "la presencia de Dios que quiere salvar al hombre entero de alma y de cuerpo". Más abajo (nº 6), "no podemos dejar de sentir su paso que salva, cuando se da el verdadero desarrollo".

        Quiere decir que el concepto de salvación es salvarse del pecado y, en instancia temporal, conseguir una cierta independencia económica, política o social. Esto no implica el concepto tradicional de salvación, ni referido a la salvación del cuerpo. Por ese motivo será, que es paulatinamente intercambiado por el de "liberación".

        El desarrollo social o político, en un acontecimiento, es un hecho y nada más. Pertenece como tal a la historia humana, o si se quiere al gobierno general de la Providencia.

        La salvación, que implica la misión de las Divinas Personas, el orden de la gracia y predestinación de los hombres a la vida eterna, no tiene nada que ver de inmediato con el desarrollo económico. La Iglesia comenzó su obra de salvación en el Imperio Romano; salvó a los hombres a la caída del Imperio, los salvó entre los bárbaros, en el feudalismo, en el renacimiento, en países católicos, protestantes, en paganos, en todos los grados del desarrollo económico o formas sociales.

      La Iglesia salva el mundo por sus elementos propios : la predicación de la fe, la gracia, los sacramentos, la moral cristiana, etc. Pero no va a salvar con el desarrollo. Hubiera sido más claro que la Iglesia llamara la atención de este mundo latinoamericano, que no se salvará por el incremento de sus industrias, monto de ganancias o por la revolución social. El principio de la salvación, es y será siempre la verdadera Fe y la gracia de Dios; el respeto a la ley natural y divina. Por otra parte, la identificación entre salvación y desarrollo tiende a subestimar los elementos propios y específicos de la Iglesia; los vuelve poco menos que inútiles.

        Por último el Documento se ocupa de la vida espiritual de la Iglesia, la catcquesis, etc. Pero lo que señalamos es lo que tiene gravitación en los pronunciamientos actuales. Además esto va unido a toda la dialéctica de la secularización, adaptación al mundo, convivencia en la ciudad pluralista.

        Si bien es cierto que desde el principio dudamos de este Documento singular, no nos hemos atrevido a formular nuestro pensamiento. Solamente después de tantas revueltas de clérigos fundadas en Medellín, la enseñanza desastrosa en los colegios secundarios, también fundada en Medellín, los asaltos, secuestros, relacionados con lo mismo, elogios de personas y publicaciones de izquierda, entonces hemos llegado a la conclusión que nuestras dudas eran justificadas(2).

        Hemos señalado en la Introducción tres conceptos que ciertamente son ajenos al magisterio de la Iglesia: el de servidumbre, que sustituye a la legítima obediencia(3); el concepto de salvación, reemplazado por desarrollo o liberación; el tercero sería el mismo concepto de Iglesia, sin jurisdicción, como un movimiento espiritualista, insertado en las estructuras temporales, pero sin mayor trascendencia.

Ahora pasemos a la "Promoción Humana".

        Preguntamos, ¿por qué motivo no interesó la promoción cristiana, y sí la promoción humana?(4). Respondámonos en seguida.

         La promoción cristiana hubiera exigido ocuparse de la fe y de las otras virtudes cristianas. Este no era el objeto del Redactor.

        El Redactor aplica a Latinoamérica, todo un suculento catálogo de injusticias sociales, repetidas con fruición, capaces de movilizar a cualquiera y salir a los tiros a la calle.

        En "Justicia" —con método estrictamente sociológico— el Redactor comienza por lo que denomina Hechos: "la miseria que. margina grandes grupos humanos". La familia, la mujer, la juventud, etc., todo es "un fenómeno de inmensa frustración de legitimas esperanzas que crea el clima de angustia colectiva que estamos viviendo" (I. 1). Prosigue una descripción, que se repetirá varias veces sobre este continente de hombres frustrados, analfabetos, hambrientos, etc., sin más ley que la selva.

        Este panorama no es muy ajeno a la realidad de algunas regiones, no sólo en Latinoamérica, sino en Europa y Asia: en la Europa bolchevique y en el Asia maoísta, donde a la frustración, al hambre, a la opresión, hay que agregar el silencio y el terror, la inseguridad, la delación y la venganza. El Redactor debió poner de manifiesto, por ser verdad, que los pueblos latinoamericanos, presentan esa lamentable fisonomía, en la medida que abandonaron su Fe y las instituciones cristianas heredadas de España, y dieron entrada al liberalismo político y al capitalismo protestante del mundo anglosajón. Entonces sí, desde el Estado e instituciones sin Dios, aparece el hombre frustrado y estrangulado por su hermano; siguiendo este camino llegaremos, por la revolución social, a la "madurez" o sea, a ser todos estrangulados por el Estado.

        "En la Historia de la Salvación toda la obra divina es una acción de promoción y liberación humana" (J. 2.2.).

        Quizás ha sido dicho en un sentido muy general; pero en sentido estricto, la Salvación, es perdón de los pecados e influye inmediatamente en la vida moral del hombre, pero no en el desarrollo de los hábitos. Existe una influencia indirecta sobre la totalidad del hombre; en este sentido es cierto. Pero éste no es el sentido del Redactor. La liberación humana, si se quiere, viene por añadidura, cuando buscamos el Reino de Dios. La obra divina, que realizan las virtudes cristianas, es promoción de la caridad, de la misma vida cristiana, de la imitación de Jesucristo. En el fondo vemos una falsa identificación del orden natural con el sobrenatural.

        La misión de la Iglesia es sobrenatural. Identificado el orden sobrenatural con el natural, la misión de la Iglesia pasa al orden natural: elevar la dignidad de la persona humana, consolidar la sociedad, etc. Todo esto la Iglesia lo hace, pero no es lo único ni principal.

        Dentro del apartado "Justicia", tenemos "Orientación del Cambio Social" (3.1.1.).

        No no se trata del cambio político que implicaría una concepción cristiana del Estado y de las instituciones. Se trata de un cambio social. Y el cambio tiene por objetivo: "una economía verdaderamente humana"... y servirá "para desencadenar el verdadero proceso de desarrollo".

        ¿Cuándo será esa economía "verdaderamente humana", y ese "desarrollo" que libere de la esclavitud física, profesional, cultural, cívica...?

        Hubiéramos querido una respuesta más clara, pero se nos responde: con el cambio de estructuras (ib. 3.3.).   

        Esta respuesta ambigua nos hace pensar. Las estructuras son en sí mismas políticas, son institucionales, ordenadas a un régimen político-económico determinado. Sin embargo, no menciona ningún régimen político especial. No se sabe entonces, hacia donde endereza esta reforma de estructuras...

        Tenemos tres concepciones del Estado que pueden interesarse por las "estructuras": son el Estado Católico, con estructuras corporativistas o participacionistas, respetando y dando "status" a los grupos intermedios naturales; el Estado Liberal, de partidos; el Estado Comunista, que absorbe todo en manos del Estado.

        En el Documento que comentamos, ni se menciona ni se quiere un Estado Católico. No se preocupa por distinguir lo que puede ser de derecho natural o derecho positivo. No se quiere tampoco al Estado Liberal y se lo refuta sólo en lo económico, no en lo político, menos aún en lo religioso.

        Sobre el marxismo, también hay algo al pasar: "que implica una concentración totalitaria en manos del Estado". En fin, las estructuras... no sabemos a donde van a parar. Pero podemos conjeturar a donde van a parar... Alguien nos observa, desde las orillas del Volga, o desde los arrozales del Yantsekiang.

        El apartado PAZ comienza con un llamado de atención, bastante inquietante. "Si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, el subdesarrollo latinoamericano, con características propias en los diversos países, es una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la paz".

        Esto 'significa que en todo país "subdesarrollado" existe un estado de beligerancia interna. ¿Puede alguien promover la guerra civil en su país, porque no ha llegado a un grado determinado de desarrollo económico? El derecho al alzamiento contra la autoridad constituida, requiere causas muy graves. El bajo nivel económico de parte de la población, puede obedecer a muchos factores, que se deben estudiar y ponerles remedio; en todo caso es un problema de gobierno civil. Los obispos no pueden sugerir la revolución social. Por ese motivo no creemos estar ante un documento propiamente episcopal.

        El lector que asistió al desfile de los hambrientos, marginados y analfabetos y oprimidos de "Justicia", vuelve aquí a encontrar el mismo cuadro desgarrador de las "tensiones", donde se promueven todos los enfrentamientos, que van a pasar después a la docencia juvenil en centros de Acción Católica, universidades y colisión, con todas las deplorables consecuencias cine conocemos.

Escuchemos lo que nos dice Tomás de Kerripis sobre la Paz:

        "Conviértete a Dios de todo tu corazón, deja este mísero mundo y hallará tu alma reposo(5).

        "Ponte primero a ti en paz, y después podrás apaciguar u otros"(6).

        "Algunos hay que tienen paz consigo y con otros también. Y algunos hay que ni tienen paz consigo, ni la dejan tener a otros; molestos para los otros, lo son más para sí mismos" (ib.)(7).

        Prosiguen "La Familia", "Educación", "La Juventud", etc., etc. No vamos a continuar el comentario. En todos estos aparatos sigue el mismo asunto del desarrollo, el cambio y la transformación de una manera que produce mareos. Siempre el Redactor es un sociólogo que maneja datos, dentro de una técnica de interpretación "estructural". El mueve las cosas como las piezas de ajedrez, y las acomoda para producir el desarrollo, y de allí se promete el bienestar para todos.

        Afiladas las aristas de la oposición social y económica, mantiene el Redactor la fría tensión problemática de intereses antagónicos, que él no se preocupa por apaciguar, sino más bien por exacerbar. Los hechos han probado que la violencia dialéctica no quedó en las palabras. En "Reflexión Doctrinal" (2.2.5.), se habla contra la violencia. Pero esto no ha tenido, ni ha podido tener ninguna gravitación, en quien ha leído con atención y se ha hecho cargo de todas las tensiones, enfrentamientos, opresiones y la urgencia por el cambio de estructuras. Leemos, por ejemplo:

        "No debe pues extrañarse que nazca en América Latina la tentación de la violencia. No hay que abusar de la paciencia de un pueblo que soporta durante años una condición que difícilmente aceptarían quienes tienen una mayor conciencia de los derechos humanos" (2.2.2.).

        En todos y en cada uno de los períodos, está viva la necesidad del cambio, de la movilización, y la palabra al hombre latinoamericano diciéndole marginado, esclavo, tarado, imbécil, subdesarrollado, ignorante, miserable, hambriento, en poder de prepotentes y de audaces. Esta palabra "pastoral", llega y ha llegado a sacerdotes, seminaristas, centros de Acción Católica, etc., y ha tenido que despertar, necesariamente, una conciencia revolucionaria, aunque se agregue algo contra la violencia.

        En "Educación", prosigue el Redactor, en el mismo lenguaje prepotente, ocupándose de los "hombres marginados", "los analfabetos... que deben ser liberados de sus prejuicios...", etc. Creemos que los analfabetos... es mejor que no aprendan ningún alfabeto en semejante escuela; a los marginados, que se nos deje tranquilos en nuestra orilla; no necesitamos más para salvarnos, 

        Queremos acabar. El apartado sobre la juventud sigue en el misino estilo. El Redactor no entiende absolutamente nada de la .juventud católica. Los jóvenes que aman la Iglesia, aman su fe, el reino de Jesucristo, y no se interesan un bledo por... el proceso de secularización. El Redactor afirma que los jóvenes son sensibles a la secularización. ¿Qué joven, con amor por la Iglesia, va a pensar en la secularización? Después asigna a los jóvenes particular entusiasmo por "el carácter pluralista de la sociedad".

        La Fe, sobre todo la Fe juvenil, el amor inicial por la Iglesia de Cristo, es simple, generoso y totalitario.

        La familia católica, que debe ser un santuario irreductible a la herejía y centro de vitalidad cristiana práctica, es extrañamente invitada por el redactor a una "generosa apertura para con las otras familias, inclusive de confesiones cristianas diferentes". Creemos intolerable que la Fe de los niños reciba desde edad tan temprana el impacto de la herejía.

        En el mismo estilo de imprudente irenismo está otra conclusión en el apartado PAZ: "Invitar también a las diversas confesiones y comunidades cristianas y no cristianas a colaborar en esta fundamental tarea de nuestro tiempo". Siempre hemos pensado que no podemos dedicarnos a promover el protestantismo en nuestro suelo. Aunque muchos protestantes no sean herejes formales, el protestantismo, sí lo es. Habrá un problema de acercamiento, evitaremos echarnos en cara cosas pasadas, abordaremos el diálogo sobre cuestiones dogmáticas para poner en claro cosas oscuras, todo eso está bien, pero con actitudes prematuras o imprudentes, no podemos promover lo que es contrario a la Fe.

        Hemos estudiado esta primera parte, que es la que ha influido en los acontecimientos recientes, de estos últimos años. Dejamos otras como "Liturgia", "Laicos", "Sacerdotes", "Religiosos", 'Pastoral de Conjunto", etc.

Documentos de la Confederación Latinoamericana de Religiosos

        Otros Documentos por el mismo estilo, lenguaje, aspiraciones, ifirmaciones explícitas, subentendidos, con idéntica concepción de a Iglesia para el mundo, apertura, etc., son los documentos de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos).

        Es difícil entenderse con semejantes escritos, porque hay que uponer que se trata de personas responsables, que aman la Igle-ia, y que se indignarían ante una acusación de modernismo.

        Debemos pensar sin embargo, que existe en el viejo mundo aquí en el nuevo una problemática eclesiológica fuera de lugar propio. Su propio lugar sería la Fe y la Revelación, pero no lo es. 

        El lugar donde esta eclesiología se desarrolla, se llama: "los signos de los tiempos".

        Será por eso que encontramos dificultades. Nos hemos acostumbrado a enfrentarnos con la Vida Religiosa según la Fe y la Revelación. Ahora tenemos que enfrentarnos con la Vida Religiosa según los "signos de los tiempos".

        ¿Estamos frente a dos Iglesias, a dos concepciones diversas de la vida religiosa? Parece que sí; por lo menos pensando así comenzamos a entender un poco.

        En el Documento nº 6 (CLAR), se exhorta al religioso a la comunión con los demás hombres. Ser solidario con los hombres de su tiempo (pág. 21).

        Esto es obvio. Pero lo entienden de manera desigual, la Iglesia de Cristo, y la Iglesia "signo de los tiempos". La Iglesia de Cristo, va a pedir una vida religiosa con clausura, silencio, estudio de la Teología, un apostolado de ministerio sacramental, retiros, ejercicios espirituales, pláticas para formar en las virtudes cristianas, en fin, lo necesario para salvar a los hombres con los cuales se es solidario.

        La Iglesia "signo de los tiempos", va a pedir una vida religiosa de estar en el mundo, "los religiosos —dice el documento citado— no son ajenos a las aspiraciones y anhelos actuales del mundo", deben reflejar, en cierto modo todas las transformaciones del mundo. "La vida religiosa —agrega— siempre fue considerada como una consagración a Dios.. . hoy se insiste sobre la inserción del consagrado en el mundo a ejemplo de Cristo que se encarnó para salvarlo" (pág. 22).

        "El ejemplo de Cristo" arregla un poco las cosas; habitualmente es una identificación en los modos de ser y de pensar, que influye desastrosamente en la concepción de los propios valores religiosos. Pongamos un ejemplo: el apostolado social de la Iglesia "signo de los tiempos", es promover el Comunismo.

        Hay en esto un vuelco hacia lo temporal. Así la misma vida religiosa, "corresponde a las aspiraciones del mundo moderno". . . "redescubre su valor en el mundo en desarrollo. . .". "Así florecerá plenamente integrada en el mundo y en la Iglesia de los nuevos tiempos" (pág. 22).

        Aquí también existe la confusión o univocación de análogos. La Iglesia debe colaborar con el mundo para su salvación. No colaborar —porque no es su oficio— para desarrollarlo o transformarlo.

        En otro Documento (3) sobre "Formación para la Vida Religiosa Renovada en América Latina", también habla la Iglesia "Signo de los tiempos". Transcribamos solamente algunos trozos característicos, que no pueden presentar una imagen deformada. Son insólitos si se piensa en la Iglesia tradicional de Cristo y Pedro; pero son perfectamente sólitos y ordinarios en la Iglesia "Signo de los tiempos".

"Facilitar una iniciación más realista de la vida religiosa, dentro del contexto del mundo actual, sincronizando mejor la experiencia vivida con la reflexión iluminada..., etc.... Dar mayor importancia a la presencia que a la separación".

        Tratándose de formación, entendemos que se trata de novicios, de quienes recién ingresan a la vida religiosa. Dice lo siguiente:

        "Presencia entre los hombres para conocerlos y descubrir sus preocupaciones diarias. Presencia en las circunstancias reales de la vida, en las que experimenten las verdaderas formas de trabajo y de pobreza. Presencia y participación en los acontecimientos y problemas que se relacionan con el desarrollo cultural del país.. .".

        "Presencia en el mundo latinoamericano prestando su atención a sus continuos cambios..., etc." (pág. 24).

        Todo esto desde el noviciado. La Iglesia "signo de los tiempos" parece que no quiere tener más sacerdotes y trabaja por acabarse.

        Es una tragedia muy seria cuando un joven pide el ingreso en una Orden religiosa y lo pide pensando que la familia religiosa está en la Iglesia de Pedro; es una tragedia, decimos, si lo recibe sigilosamente la Iglesia "signo de los tiempos". Entonces pierde su vocación, con todos los peligros de lo incierto. Urge solucionar tan terrible problema.

La Iglesia Latinoamericana ¿Protesta o profecía?

        Los Documentos reunidos en "La Iglesia Latinoamericana ¿Protesta o Profecía?" todos fundados en Medellín, son significativos del estado mental de gran parte del clero latinoamericano.

        "A esta Iglesia —dice el prologuista— se le exigía poner al día, con despiadada radicalidad, sus métodos y estructuras, para hacer frente a un cambio desproporcionadamente rápido, y a una conciencia social más y más crítica", pág. 12.

        Y esta "conciencia social" se agita violentamente, "profética" o fanfarrona en clérigos jóvenes, seminaristas, y otros no tan jóvenes, para denunciar la opresión, marginalidad, la explotación, las "oligarquías que no tienen barreras, y que utilizan las estructuras de la sociedad para su provecho propio". En otro documento, "laicos comprometidos", aseguran que, "la enfermedad, la miseria, la inseguridad, el hambre, no son sino la consecuencia de una estructura económico-social mantenida por objetivos monopolísti-cos..." etc. Hemos leído también con paciencia, la insolente Carta Abierta al Hermano Pablo, con motivo de su visita a Bogotá (agosto 1968). Allí el autor, agita toda la temática de la revolución social, dirigida, no a Pablo VI, ni al pueblo, sino a mentalizar los curas en el famoso cambio de estructuras.

        No es nuestro objeto un relato exhaustivo de cosas que .se repiten en cada nuevo congreso, proclama o documento. A nosotros nos preocupa, porque vemos una desviación en la actividad del clero, y un abandono de lo propio, del propio objeto de la predicación de la Iglesia, que es la salvación.

        No se nos objete que la Iglesia debe ocuparse también de lo temporal: problemas de vivienda, enfermedad, miseria, trabajo, etc. No es esa la cuestión. La cuestión es, que las soluciones son falsas, y revelan una actividad excesivamente extraña y sintomática.

Documentos del Vble. Episcopado Argentino

        Frente a estos documentos del Celam debemos destacar la Declaración del Episcopado Argentino (21-26, abril-1969), y la Declaración del 12 de agosto de 1970, con motivo de las actividades del llamado Tercer Mundo.

        Ambos Documentos tienen gran importancia, porque enfrentan resueltamente la temática de Medellín, rectificando profundamente la primera parte o Promoción Humana, de la cual nos acabamos de ocupar.

        Los Obispos argentinos, tienen presente, en primer lugar, la misión salvífica de la Iglesia:

"La misión propia que Cristo confió a la Iglesia no es de orden político, económico, social; el fin que El le señaló es de orden religioso" (Declar. 12 de agosto. Palabras de la const. G.S, nº 42).

        En la Declaración de abril (1969), primero se ocupan del sacerdocio y de la crisis sacerdotal, lo más inmediatamente relacionado con aquella misión de salvar los hombres que tiene la Iglesia. Declaran la importancia de la vida interior, de una vida profundamente enraizada en la fe, razón de ser de la Iglesia, afirman los Obispos. Por eso, agregan, reconocemos la enorme importancia de la Teología, y necesitamos el auxilio de la oración ..., etc.

        En ambos documentos la doctrina de la Iglesia está mucho más explícita, y puesta en su propio lugar. La misión salvífica de la Iglesia, el ministerio sacerdotal, la condenación de la violencia, están tratados con precisión y claridad.

        Advertimos en general, y con particular complacencia, un acento distinto. El famoso cambio también debió ser abordado: "No puede hacerse, dicen nuestros Obispos, a partir de la destrucción de todo lo recibido".

        Dentro del caos del mundo moderno, y de una Iglesia que se nos presenta a menudo con un atuendo singular de "adaptada al mundo", tenemos aún los argentinos una palabra autorizada, que nos llama a la fe, a la oración, a valorar la misión salvífica de la Iglesia de Cristo.

Concientización - Mentalización

        ¿ Qué significa este neologismo ? Significa, poco más o menos, formar la conciencia, pero no la conciencia de los deberes. Digamos que es formar la conciencia, para que obre y piense de una manera determinada.

        La importancia que tiene esto salta a la vista. La conciencia es la norma última de la acción. Es importante trabajarla para hacerla obrar de manera determinada. La concientización es pues, influir en la conciencia de un sujeto, darle elementos de juicio, para promover en ella determinada forma de pensamiento y de acción.

        La doctrina cristiana tiende a formar la conciencia, enseñando los diez mandamientos, los deberes para con Dios y para sí mismo y para el prójimo. En esto no hay dificultad. La concientización es otra cosa. Se trata de imponer en la conciencia, como necesaria, una estructura político-social determinada.

        La conciencia católica, dentro de la doctrina católica, llega, sin esfuerzos, a desear una estructura político-social católica, donde toda la comunidad tienda a Dios como su último fin. El católico siempre ha pensado en la indisolubilidad del matrimonio, la escuela católica, la vivienda adecuada, la propiedad privada, la función social de la misma, salarios adecuados, régimen jubilatorio, sistemas asistenciales para la vejez o la enfermedad, etc., todas cosas que preocupan a la Doctrina Social católica.

Pero estas no son las metas de la concientización.

        Sobre las metas: la concientización sugiere, sin precisar.. . Sugiere algo contra lo institucional, por juridicismo. Sugiere algo contra el Estado católico, por "clericalismo"; contra la "Cristiandad", por "medieval"; contra la propiedad privada, por capitalismo ; contra los sistemas asistenciales, por paternalismo; sin precisar nada, no hay nada que le satisfaga. Si la concientización tiene alguna meta definida, es la Ciudad Secular, laica, técnica, pluralista, donde se le promete al cristiano, vivir su "compromiso", ser testigo, "insertarse" en el mundo laico y ateo, respetando el materialismo, el ateísmo y la herejía. Otra cosa sería clericalismo, ¡no debe meterse en política! La política es de ellos.

Destruye los elementos de la vida cristiana

        Aquí nos interesa la concientización, como un cambio en la mentalidad de los cristianos que excluye, poco a poco, todos los elementos propios y específicos de la vida cristiana; no hay depuración de la vida cristiana sino pérdida de la fe, del espíritu de oración, pérdida de las virtudes cristianas; lo que se denomina: desacralización. Los usos y costumbres de la persona no atienden más a lo sagrado. Desacralización en el fuero interno, secularidad en el fuero externo, social. En este plan todo lo que se pueda decir de Teología Espiritual, resulta inútil.

        Ya sabemos que, por un motivo de defensa polémica se podrá decir que no hay una nueva finalidad en la predicación y actividad de la Iglesia. Pero, el nuevo sacerdote, formado en esta temática, no entiende la vida de la Iglesia como la hemos entendido siempre, con una finalidad sobrenatural, promoción... de la vida y de las virtudes cristianas.

        En toda esta temática de la Iglesia Nueva, no se trata de la humildad, la vida interior, la paciencia, la imitación de Jesucristo. Todo esto aparece postergado para dar lugar a instancias sociales y económicas. Es el lenguaje y son los temas del Comunicado de Coordinadores Regionales del Movimiento Sacerdotes para el Tercer Mundo (27 junio, 1969); declaración de 17 Sacerdotes de Mendoza: "liberación de toda servidumbre... advenimiento del Hombre Nuevo" (28 mayo, 1969); declaración de Tucumán (23 mayo, 1969). No menos fuera de lugar y aún exótico es el Documento del Encuentro Socio-pastoral de Montevideo (1968).

Problema para el Estado

        El cambio, la concientización, la reforma de estructuras, etc., plantean al Estado Nacional latinoamericano problemas que antes no existían. Problemas de una propaganda, que aprovecha un régimen de libertades individuales (cualesquiera sean sus defectos), para encauzarse por cualquier camino. Usa los resortes de autonomía individual que respeta el Estado, para destruir, no sólo al mismo Estado sino a la Nación. La concientización es la palabra persuasiva de un imperialismo que no renuncia a sus propósitos.

Compromiso y cambio

        La Fe, en la Iglesia de siempre, busca la contemplación, la presencia de Dios, vivida en la gracia de Dios. La Fe, en la Iglesia nueva, busca el Compromiso. El Compromiso consiste en luchar contra la organización política y social de los pueblos. En esta lucha no distingue lo que es de derecho natural, derecho divino, lo que es un legítimo derecho positivo, y lo que es ilegítimo y deba realmente cambiarse. En esta lucha tampoco distingue autoridad y autoritarismo, gobierno y arbitrariedad, obediencia legítima y servilismo, posesión privada legítima de bienes e ilegítima. Sin pensar que vivamos en Jauja, suponemos que todo empleador no será... un explotador. La noción de abuso (ab-uso), supone un uso legítimo sea de la autoridad, sea del dinero o de la propiedad. La ley del cambio no puede ser tan radical; menos, para poner todo, derechos y libertades, en manos del Estado, en manos de la clase dirigente del Estado Comunista, como ha ocurrido siempre (Rusia, Cuba, China, Democracias Populares de todo pelo).

        En todos los países sudamericanos (Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay, etc.), tenemos con diversos matices, pronunciamientos semejantes, con similares características.

        Las mismas expresiones, idéntica ambigüedad. Es evidente que en todas partes habrá excesos y desórdenes; pero, también es cierto que habrá algo bueno; de todos modos, habrá que pensar antes de cambiar por algo peor. Digamos también que el cambio no significa una conversión religiosa de la persona; es cambio, "a nivel de estructuras", como me dijo un sacerdote a quien interrogaba de estos asuntos.

        Quienes sienten el compromiso de su Fe, y poseen un verdadero amor por la Iglesia, tienen derecho a tener seguridad de que están trabajando por la Iglesia. Deben saber que ponen su esfuerzo por una sociedad cristiana, con leyes e instituciones inspiradas en la Revelación y el Derecho Natural, para que toda la comunidad viva en posesión tranquila de los valores esenciales de su salvación.

        Una política de Cambio, que ataca por una punta lo institucional, y por la otra punta habla solamente de la Iglesia-misterio, prepara la mentalidad para atacar mañana la institución-Iglesia. Al agitarse el Cambio contra el institucionalismo ya se ve de lejos que se prepara el ataque a la Iglesia.

        El Cambio no puede denigrar la Cristiandad, o una "pastoral de cristiandad", sin atacar la idea misma de una sociedad cristiana. La Mentalización tiende en este caso a volver absurda o ridícula la idea de una sociedad cristiana.

        La política de Cambio de estructuras, aunque rehuse ser tildada de comunista, no puede dedicarse a construir un orden social enteramente técnico, opulento, sin tomar en cuenta la ley de Dios y la vida religiosa de la comunidad. La piedad particular debe ser ayudada por la comunidad. El hombre no vive aislado; depende en muchas cosas de su vida ordinaria de la comunidad; no puede pedirse a cada cristiano un perpetuo estado de polémica o tensión con la sociedad en que vive.

        El cambio legítimo debe luchar por la familia católica y la escuela católica. La posibilidad de la escuela estatal católica, se ha alejado por hoy de nuestro país. El laicismo es un mal, y siempre lo será. Hemos traicionado por igual a la Iglesia y a la Patria. La política del cambio debe luchar por una vivienda digna, con capacidad para criar niños sanos; contra la carestía de la vida, las excesivas cargas impositivas, por salarios suficientes, por una pedagogía del trabajo y aun de los gastos; por el descanso dominical y el cumplimiento del precepto dominical.

        No entendemos un Cambio que insiste en el pluralismo, la secularización, desmantela los templos, acorta los horarios, suprime imágenes, suprime festividades religiosas, suprime actos de culto, procesiones, devociones populares.

        El compromiso de la Fe, si es un verdadero compromiso debe llevarnos a luchar por todo lo que signifique una vida cristiana.

        El apostolado católico puede sugerir a los individuos particulares el abandono de sus propiedades y abrazar la vida religiosa. Eso lo ha hecho siempre. Pero no puede predicar una sociología contra la propiedad privada. Yo debo perdonar mis enemigos, pero no puedo predicar la libertad de todos los delincuentes. Hay abusos entre el empleador y el empleado, el patrón y el peón, debo corregirlos, armonizar intereses (convenios laborales), pero no puedo declarar legítima la lucha de clases.

        Existe toda una dialéctica contra la propiedad privada, por la lucha de clases, con finalidades puramente políticas; red de pescadores en río revuelto. Es ingenuo y tonto que el apostolado católico se desvirtúe en finalidades que no son las de la Iglesia y sí las de aquellos pescadores.

        La Iglesia, la vida religiosa, miran a Cristo Redentor y anhelan la salvación del mundo. La gracia de Dios es más importante que la sustancia del mundo. El mundo no es un mal; pero en el mundo no tenemos el principio de la unión con Dios. El principio de la unión con Dios está en Jesús, y es la gracia de Dios, que llega al mundo en la Iglesia, por la pasión y muerte del Redentor.

        Existe en la actualidad un cambio de perspectiva que desestima lo sobrenatural. La Iglesia se adapta al mundo, pero no para subsistir y seguirlo en sus realizaciones mundanas. Se adapta al mundo con señorío y misericordia, para salvarle, enseñarle el camino de la Cruz, otorgarle el perdón de sus pecados. Adaptarse al mundo no es cohonestar errores, herejías, prácticas contra la moral cristiana.

        En Actualidad Pastoral (febrero 1970), sobre Pastoral de Adolescentes, leemos lo siguiente, que transcribimos:

        "Educar la Fe de los adolescentes es tomar nota de las características propias y de las modalidades de la vida de los adolescentes" (pág. 219). Con todas las notas en la mano, aún no ha empezado la educación de la Fe.

        No es ésta una cita aislada en un contexto que diga lo contrario. Así como aquello no es educar la Fe del adolescente, ni de nadie, también el autor (que no nombramos) 'sugiere "el rechazo de las organizaciones demasiado institucionalizadas (¿y la Iglesia?)... búsqueda de los auténticos valores evangélicos, los valores del fenómeno de la secularidad". Más adelante prosigue modelando la imagen de aquella catequesis de "búsqueda", que ya conocemos, cuando preguntamos a los niños y adolescentes: quién es Dios, y no saben; quién es Jesucristo y no saben; qué es la Eucaristía y ¡tampoco saben!

        La adaptación de la Iglesia al mundo se presenta no como una actitud a asumir para la salvación del mundo, sino como mentalización frente al Cambio.

        La mentalización, dirigida por un equipo especial, estudiará: oí mundo y oí cambio, la Iglesia y oí cambio, el Concilio y oí cambio, la religiosa o el religioso y el cambio, etc., etc.; siempre. . . el cambio.

        ¿Qué es el cambio? Lo único que sabemos que es un cambio universal de estructuras.

Sin embargo, quisiéramos saber:

         ¿Si el Cambio concibe a la Iglesia Católica y Romana como la única y verdadera Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, cuya cabeza visible es el Papa, Vicario de Jesucristo? ¿Si después del cambio no tendremos un conglomerado de pluralismo religioso?

        ¿Si el Cambio distingue el orden natural del sobrenatural; el mundo y la Iglesia?

        ¿Qué papel atribuye el Cambio a la Fe, a la Religión verdadera frente al pluralismo y religiones disidentes?

           ¿Cómo concibe el Cambio la creación del hombre y el pecado original ?

        ¿ Qué valor asigna el Cambio al estado de gracia, cumplimiento de los preceptos? ¿Qué actitud asume frente al Marxismo, al Existencialismo, al Evolucionismo, al Capitalismo, al Racionalismo, etc.?

        Conocemos el punto de partida del Cambio que es la crítica de la sociedad actual, pero no sabemos las metas a que quiere llegar. Los equipos de mentalización tampoco lo saben. Obran sin pía» político.

        Aunque no nos han dicho las metas del Cambio, tratándose de un cambio de estructuras, podemos imaginarnos lo que esto significa, aunque no esté en la mente de todos los comprometidos en la mentalización. No queremos juzgar intenciones de nadie. Queremos preservar de errores, actitudes un poco ingenuas, juveniles, que siguen los dictados de un generoso corazón.

        No queremos pecar de negativos. Pero el estado convulsionado y revolucionado de toda nuestra América nos obliga a unir, a la candidez de la paloma, la prudencia de la serpiente. El cambio de estructuras tiene su dialéctica propia dada la forma de las instituciones. A esta dialéctica propia es a la que nos referimos.

La mentalidad del Cambio

        Sugiere siempre algo contra la institución de la Iglesia. El Cambio será entonces: abolición de la Iglesia jurídica, visible, y su reemplazo por un movimiento espiritualista sin contenido religioso.

        Otra "estructura" molesta es la propiedad privada. El Cambio será abolición de la propiedad privada, y su reemplazo por el Estado único propietario (no puede darse otra opción).

        Correlativa a esta es la abolición de la empresa privada, y el Estado único empresario. Burocratización de todas las industrias y actividades.

        Otra "estructura" molesta es la Teología especulativa; aquella que exige pruebas y habla de verdades. Creemos que, hasta su definitiva desaparición se la tiende a reemplazar disimuladamente por la liturgia. También la Revelación y los objetos de la Fe, se esfuman ante los signos de los tiempos.

        La "estructura" celibato sacerdotal sufre reiterados golpes para volver casi ineficaz el sacerdocio, lo mismo los seminarios y casas de formación.

        Las "estructuras" Cristiandad, Estado católico, educación pública católica, hace tiempo que sufren infinitos golpes de todos los interesados en el Cambio. El Cambio quiere el Estado ateo, la comunidad sincretista o irreligiosa.

        Hay "estructuras" que no son tocadas aún, pero que lo serán a su tiempo con la maduración del proceso:

        Abolición de la familia por el divorcio, y amor libre regido por el Estado. Abolición de la Religión, vigencia del Ateísmo como religión del Estado. Abolición de las opiniones particulares, y el único opinante el Estado. Libertad de conciencia hasta la imposición de la línea partidaria.

        El Supremo Patrón del cambio y reforma de las estructuras quiere que la Iglesia, el máximo enemigo, se encargue de su propia destrucción por la desacralización, el pluralismo y la secularización.

El que quiera entender que entienda.

        El cambio de estructuras aparece siempre sin decir lo que quiere. Nosotros hemos partido de sus instancias críticas para ver a donde quiere llegar.

El planteo sociológico es legítimo, el
planteo teológico-espiritual es legítimo

        Nos hemos detenido en este fenómeno que afecta profundamente a la Iglesia actual, especialmente entre nosotros, y que se propaga como una peste en el clero y elementos dirigentes.

        Nos interesa porque no es cuestión de más o menos, de izquierda o derecha, de "opciones" que podrían ser legítimas. La gangrena ataca a la Iglesia en su propia especificidad.

        De instrumento para la salvación de todos los hombres, hemos hecho un instrumento de... liberación, de cambio, lo cual, tomado absolutamente u orientado hacia la ciudad técnica y secularizada, supone otra finalidad en su apostolado, que no es la propia.

        La finalidad propia e irrenunciable de la Iglesia, es la salvación de los hombres, por la fe, la gracia y las virtudes cristianas.

        Dentro de este criterio puede y debe hacer planteos sociales para la cristianización de la sociedad, de las leyes e instituciones del Estado. Para promover un bienestar de la comunidad, dentro de la fe y las costumbres cristianas. Pero un planteo para un Estado neutro, ateo, laicista, indulgente con la herejía y la inmoralidad, no puede ser. La Iglesia no puede luchar por eso.

        La salud del pueblo es la suprema ley, reza un antiguo adagio Esa misma ley de la salvación es la que lleva a la Iglesia a contemplar la doctrina social, para que la convivencia humana no ponga obstáculos a la economía de la salvación.

        El planteo de problemas sociales y económicos, la Iglesia lo ha hecho muy a menudo. No es pequeño el catálogo de Encíclicas sociales donde aborda estos problemas. Más aún, es legítimo que un Obispo se haga cargo de las condiciones de trabajo de sus súbditos y que se interese por sus problemas económicos también. Los patrones y empresarios no son de por sí explotadores, pero no son ángeles. Si no pagan la cosecha de algodón, por ejemplo, está justificado que el Obispo intervenga para hacérsela pagar. Otra cosa 'son los curas alzados por la promoción humana, la sociedad pluralista, el dejar el hábito o el celibato, abandonar la catequesis, la predicación evangélica, el confesionario, el rezo del rosario, etc.

        La Iglesia habla, como hemos sugerido, en dos niveles diferentes, análogos pero distintos. El nivel de los preceptos, de lo indispensable, que debe observar toda la comunidad cristiana, y 5! nivel de los consejos, referido más bien, a personas particulares.

        En el primer caso entran los problemas de la vivienda, los salarios, etc. En el segundo, la mortificación, la obediencia, po-areza, etc.

        Uno y otro de estos planteos son legítimos, y no deben confundirse, como lo hace el neosociologismo latinoamericano que comentamos.

        A pesar de la legitimidad de la preocupación social, los valores esenciales en el cristianismo son la Fe y la Revelación.

        Respondiendo a la pregunta inicial, decimos: Que a pesar de a reiteración de los planteos actuales de índole económico-social los podemos considerar perimida la doctrina espiritual de la Iglesia sobre la vida de las virtudes cristianas Prácticamente el neosociologismo desatado en estos últimos años ha influido en el ministerio eclesiástico y en la vida religiosa, distrayéndolas en cosas que no son su función propia y específica.

        El enfermo se muere sin sacramentos porque el sacerdote está n el Encuentro, en el Cursillo o en el Equipo. Las religiosas terminan el año agotadas, y tienen que empezar el cursillo de mentalización.

        En este movimiento vertiginoso no hay tiempo de meditación, e recogimiento, de trato con el Señor.

        Por eso, aunque no haya una doctrina, propiamente dicha, explícita contra la vida interior, existe una práctica que la desestima constantemente y la vuelve imposible. Igual ocurre con el ministerio sacerdotal.

Por ese motivo hemos querido plantear así nuestro problema.

        Es indispensable la Teología Ascético-Mística para la vida espiritual del alma.

        El bienestar económico es necesario para la vida espiritual, o sea, como dice Santo Tomás, para la práctica de las virtudes cristianas.

        El bienestar económico, urgido por una dialéctica marxista, se transforma en malestar espiritual y económico. En malestar del pueblo, aunque bienestar de los hombres de gobierno.

        La sociología marxista lucha con mentiras, por el malestar del hombre y el bienestar del Estado totalitario. Decírnosle totalitario, porque tiene la totalidad de los recursos económicos de todos sus súbditos.

        La Doctrina católica, limita el poder totalitario del Estado, pone en manos de los subditos recursos económicos, y sobre todo abre las fuentes del verdadero bienestar, que no depende de los recursos económicos sino de la vida en gracia de Dios.

        La felicidad del hombre no depende de su nivel económico. La sociedad técnica y opulenta no es el pan de vida para el hombre de hoy.

        Hoy como ayer, y lo será mañana, el pan de vida es la Eucaristía, y la vida de ese pan en el alma, es y será la felicidad del hombre.

        La vida espiritual del hombre tiene sus leyes propias y a ellas debe atender. Sobre todo, la vida religiosa está ligada a la evolución del continente en forma muy relativa. Creer que deba secularizarse, por el desarrollo económico del Continente, es un error.

        En la Europa de fin de siglo, en pleno desarrollo industrial, hubo un amplio movimiento de restauración de la vida religiosa que no tomó para nada en cuenta el desarrollo industrial, sino las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia.

        Los fundadores, han hecho sus Institutos adaptados a su tiempo y que respondieran a las necesidades de la Iglesia. Esa adaptación fue para salvar a los hombres y la santificación de sus miembros. Hoy, la adaptación de los Institutos es para escándalo de los hombres y la secularización de sus miembros.

        Cualesquiera que sea el desarrollo del hombre latinoamericano, ande en carro o en un satélite, dando vueltas al planeta, la vida religiosa pide el silencio, la oración, la mortificación, el estudio, la predicación del Evangelio, la vida de las virtudes cristianas.

        No atinamos a saber en qué sentido pueda lamentar el Redactor de Medellín, porque exista "una disociación práctica entre las observancias de la vida regular y la participación en el desarrollo del hombre latinoamericano" (Reí. XII, 2.2.1.). La disociación es de cosas que deben estar unidas. Pero si deben estar separadas no hay disociación.

        La distinción de oficios no es disociación. El sacerdote debe estar en lo suyo, para poder servir a quiénes participan en el desarrollo do manera más inmediata. Particularmente los jóvenes religiosos, han sido y son adulados por improvisados maestros, para llevarlos a un enfrentamiento contra los principios básicos de la vida religiosa, con pretexto de una "adaptación al mundo de hoy".

        Oigamos a Pío XII: "El primer impulso que debe mover el espíritu sacerdotal debe ser el de unirse estrechamente al Divino Redentor, para aceptar dócilmente y en toda su integridad las divinas enseñanzas, y aplicarlas diligentemente en todos los momentos de su existencia"(8).

CONCLUSIONES

  • 1) Los Documentos latinoamericanos estudiados se prestan fácilmente a identificar salvación y desarrollo económico-social

  • 2) Se prestan igualmente a confundir obediencia legítima y servilismo ilegítimo.

  • 3) No se reconoce en ellos la legitimidad de ciertos límites naturales, económicos o sociales en el individuo. Puede el individuo tratar de superarlos, pero no encender la lucha social, que es una guerra civil.

  • 4) La vida espiritual cristiana depende del desarrollo de las virtudes teologales y morales, y no depende del incremento de la vida profesional o técnica.

  • 5) El último fin del cristiano es la perfección de la caridad, la abnegación, la imitación de Jesucristo, y no la promoción humana o el desarrollo.

  • 6) El último fin de la comunidad política es Dios, Sumo Bien, último fin del hombre y de la comunidad. No es la Ciudad Secular, ni la sola autonomía del orden temporal.

  • 7) El fin del apostolado católico no es promover el desarrollo económico-social sino buscar el Reino de Dios.

  • 8) El documento de Medellín hace un imprudente llamado a la lucha social, por declarar ilegítimas las actuales estructuras políticas, sociales y económicas de la América Latina.

  • 9) En ningún momento aboga por un estado u orden político cristiano. Habla de pluralismo.

  • 10) El cambio de estructuras no es, en ningún momento para obtener instituciones o leyes católicas. La concepción fundamental se mantiene en un orden puramente técnico, laicista.

  • 11) Debió destacarse mejor que la misión de la Iglesia no es para promover la dignidad de la persona humana, sino para salvar los hombres pecadores.

  • 12) La vida religiosa no puede inspirarse en el desarrollo económico, ni en el mundo. Debe inspirarse en Jesús, y realizarse en la oración y el recogimiento (esto figura en CLAR).

  • 13) La apelación a los llamados "signos de los tiempos" no debe ser tal que sustituya a la Palabra de Dios.

  • 14) El religioso que experimenta vocación por problemas sociales, debe luchar por la influencia social del Catolicismo en leyes e instituciones. No luchar por el Estado ateo, laico, sin Dios; tampoco luchar por un orden social tan autónomo, que no recibe la Revelación.

ALBERTO GARCÍA VIEYRA O. P.

Documentos consultados

        Los Documentos de Medellín. Prólogo de José Camps. E. Nova Terra. Barcelona (1969). fy25 paga. Comprende: Presencia, de la Iglesia en la Actual Transformación de América Latina. Saludo de Pablo VI a la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Alocución de Pablo VI en Bogotá. Documento de Buga. (Mensaje a los pueblos latinoamericanos). Tenemos otros textos de Revistas.

        La Iglesia Latinoamericana ¿Protesta o Profecía? Ed. Búsqueda. Avellaneda (1960). 462 pág. Contiene 59 documentos de distintos países. Todos de protesta social. Conclusión critica de Ricardo Cetrullo.

        Las Tareas de la Iglesia en América Latina. Oficina Internacional de Investigaciones Sociales. Friburgo (Suiza), Bogotá (Colombia) año 1964. 87 págs.

        Declaración del Episcopado Argentino (21-26 de abril 1969). Ed. Paulinas. Buenos Aires, 72 págs.

        Declaración del Episcopado Argentino (12 de agosto 1970) condenando al llamado Movimiento del Tercer Mundo.

        Declaración de Sacerdotes Argentinos. Julio 1970.

        Documentos de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (1-6) 1967-1970. Bogotá. Colombia.

        Boletín CLAR y COSMARAS, nº 1.

        Diversas Revistas especializadas.

        DE SAL. Marginalidad en América Latina, Santiago de Chile 1969


NOTAS

  • 1 Cf. Formación para la vida religiosa renovada en América Latina (3), CLAR, pág. 24, 1970.

  • 2 Cf. El elogio a Medellín, en Política Internacional, n° 112, y otras publicaciones de izquierda.

  • 3 Cf. Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, 104 aa 1-6. i Cf. roma, n? 12.

  • 4 Cf. ROMA nº 12.

  • 5 Imitación de Cristo, 1, 20.

  • 6 Ibid. 3.

  • 7 Ibid. 3.

  • 8 Encíclica Menti Nostrae.

ÍNDICE DEL Nº 18

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