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CHILE COMUNISTA
Salvador Allende, por confesión
propia, marxista, ateo y masón, jefe
de la primera minoría en las
elecciones chilenas del año pasado,
fue exaltado a la jefatura del
estado del país hermano por los
votos de los parlamentarios
comunistas y socialistas de toda
laya y por los de los demócrata
cristianos. Desde entonces,
consecuente con su ideología,
profesada desde hace varias décadas
—aún
en épocas en que tal profesión
entrañaba serios disgustos e
inconvenientes— lleva a su patria,
paso a paso pero con energía y
determinación, hacia el comunismo.
Se toman todas las medidas
conducentes a ese fin; todo el
estilo de gobierno es netamente
comunista. Muchos chilenos han
sentido ya lo que les espera si se
quedan y han elegido la libertad,
antes de que sea tarde. Nada
permite, en consecuencia, dudar que
Allende es comunista y que quiere
obligar a Chile que se vuelva
integralmente comunista.
Los que niegan este hecho
generalmente lo hacen por dos
motivos. La primera, adoptada por la
prensa marxista disfrazada —revistas
ilustradas sobre todo— para no
asustar y desarmar la reacción de
los hombres de buena voluntad, cuya
caridad no se ha enfriado hasta el
punto de abandonar a sus hermanos
chilenos bajo la tiranía comunista,
sin decir siquiera una palabra de
protesta. La segunda razón es la de
los timoratos, de los débiles y de
los comodones, los que practican,
con una constancia digna de mejor
causa, la política del avestruz.
Son los optimistas por profesión,
los que se niegan pertinazmente a
ver la realidad, para no tener que
confesar que algo grave está
pasando, lo que los obligaría a
hacer algo o, al menos, no los dejaría
dormir tranquilos. Entonces optan
por decretar que no va a pasar nada
grave.
Estos últimos, valiosos
colaboradores del comunismo, ya que
también anestesian la reacción de
la opinión pública, hablan de que
se va instaurar un socialismo
moderado, de que Allende es rico,
luego no es comunista, de que tratará
de resistir a las presiones del
Partido, cuando la realidad es que
milita en la fracción más extremista del comunismo, la pro-china o pro
castrisla y no la estrictamente moscovita, aunque en
definitiva nosólo poco importa, pues en el país trasandino ambas fracciones
trabajan siempre mancomunadas, bajo la bendición del Kremlin, de
Mao y de Fidel.
¿QUÉ HACER?
La caída de Chile bajo las garras del marxismo nos impone dos obligaciones, sin lo cual nuestra actitud será la de llorar bajo un muro de lamentos, sin realizar nada positivo en bien de nuestros hermanos oprimidos ni tan siquiera en defensa propia. Las obligaciones son: hacer todo lo que esté de nuestro alcance para que el gobierno del camarada Allende sea derrocado y sea borrada toda influencia roja de Chile y sacar las consecuencias para que esta peste no se propague entre nosotros.
Fátima
Si el Señor no es el que edifica la casa, en vano se fatigan los que la fabrican. Si el Señor no guarda la ciudad, inútilmente se desvela el que la guarda"(1). Sin la ayuda de Dios no se triunfa sobre el comunismo. Al recordarlo debemos volver nuestras miradas sobre el acontecimiento máximo de nuestro siglo, las apariciones de Nuestra Señora de Fátima(2). Ella, ya en 1917, antes de la revolución de Lenin, anunció que si el mundo no se convertía, Rusia difundiría sus errores por el mundo. Los hechos anunciados en la Cova de Iría se vienen cumpliendo con exactitud absoluta, lo que, por otra parte, no puede ser de otro modo, ya que la Santísima Virgen no se equivoca ni puede engañarnos. Y como no nos convertimos, Rusia sigue difundiendo sus errores y vamos en camino de que "varias naciones serán aniquiladas"(3).
Allí se nos dio la receta infalible, la oración
—especialmente el Rosario— y la penitencia. Decía el santo cardenal Mindszenty, que si un millón de personas rezaran el Rosario se solucionarían todos los problemas.
Mas la oración y la penitencia, por supuesto, no nos eximen de la lucha, ni tampoco de la reflexión para ver las causas del desastre, lo que nos ayudará a poner los remedios. Sostener lo contrario sería falsa piedad, ya que si Dios nos dio fuerzas y razón, es para que las usemos. Con ese espíritu vamos a pasar revista sobre las principales fuerzas que han llevado a Allende al poder.
LOS QUE AYUDARON A ALLENDE
Vastos sectores del clero
Otrora, hasta 1960 con
seguridad, el clero católico era el bastión más firme contra el comunismo. Sus huestes
sacrificadas y austeras eran el blanco del odio más feroz de los marxistas como lo prueban los
innumerables mártires en los lugares donde los rojos lograron poner un pie. El catolicismo
constituía ya para Lenin la preocupación máxima, y el clero fiel a la doctrina de Cristo
tampoco veía posibilidad alguna de acomodarse, pactar o dialogar con el bolchevismo. En España
el clero preparó el ambiente de la Cruzada y por doquier ponía piedras en el camino a cualquier
clase de socialismo. Hoy, si bien la posición de la Iglesia no ha variado un ápice, ya
que "el comunismo es intrínsecamente perverso, y no se puede admitir que colaboren con
él en terreno alguno los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana"
(4)
, la actitud del clero que ha abandonado la doctrina de Cristo por las
fantasías progresistas es bien distinta. El clero chileno, en una
proporción considerable ha sido procomunista. Desde la elección de Frei, el que tomó con aplauso "católico" muchas medidas comunizantes, muchos sacerdotes se fueron ubicando cada vez más a la izquierda, pasando ya en su demagogia al mismo gobierno demócrata-cristiano, el que sin embargo no constituyó otra cosa que una preparación y un ablandamiento de los espíritus para la aceptación del comunismo.
Una vez electo Allende, hubo sacerdotes que no disimularon su satisfacción. Muchos manifestaron su decisión de colaborar para asegurar el
éxito del nuevo régimen comunista. Leemos en el comunicado del provincial de los jesuitas, Padre Manuel Segura: "El programa de la Unidad Popular, conocido por todos ustedes, se fija algunas metas que podríamos considerar como auténticamente cristianas". .. "Para nosotros debe ser un motivo de profunda alegría el hecho de que el grupo que ha obtenido la mayoría en las urnas prometa trabajar por el pueblo y por los pobres". . . "Nuestra actitud sincera debe ser de colaboración leal en todo lo que redunde en bien de los pobres y en la creación de una sociedad más justa. De ningún modo debemos aparecer como aliados con los que se opongan a estas transformaciones. . ."
(5).
¡Así que el programa rojo se fija metas cristianas!, según el Padre Segura. Por otro lado,
¿qué partido no promete trabajar por el pueblo y los pobres? Mas en la historia los comunistas han demostrado que no lo hacen nunca. ¿Cómo se puede creer que un movimiento que según la enseñanza de su ideólogo máximo, Lenin, rechaza hasta el mismo concepto de justicia trabajará para la creación de una sociedad más justa? Creer en los que tienen
como sistema el engaño es locura y, para un jesuíta, desprecio de la enseñanza de la Iglesia, que alerta claramente sobre el
tema(6). Con un movimiento ateo y totalitario recomienda la colaboración a sus religiosos el provincial de la Orden de San Ignacio.
¿No cesa, para este caso, el deber de obediencia religiosa?, ya que está escrito: "Es necesario obedecer a Dios, antes que a los
hombres"(7).
En ese triste episodio de la traición de tantos hombres consagrados al servicio de nuestro Divino Redentor, Su Emcia. el Cardenal Silva Henríquez
—cuya actitud no constituye, por desgracia, caso aislado— por su altísima jerarquía, merece capítulo aparte.
El cardenal Silva Henríquez
Que un príncipe de la Iglesia declare lícito, si la conciencia del elector así lo considera, votar por un marxista; presida el nombramiento de "doctor honoris causa" de Pablo Neruda, en la Universidad Católica, de la que es gran canciller (preguntamos:
¿tiene honor un comunista?)(8); y cante un "tedeum ecuménico"
(volvemos a preguntar: ¿qué es esto?) en acción de gracias por la subida al poder de un ateo, jefe de la facción determinada a borrar el santo nombre de Dios de la faz de su patria, no se ha visto en las felices
épocas preconciliares, mas ni siquiera en edades de mayor relajamiento del clero, como, por ejemplo, el Renacimiento.
Vimos al Cardenal de la única Religión verdadera, mancomunado con los pastores de las distintas herejías (y tenemos entendido, el rabino de los judíos) entonando en común al Dios altísimo, en el que quizás crean, mas al que con seguridad no sirven, la blasfema oración de alegría por el triunfo de los sin-Dios. No nos explicamos por qué se excluyó de esta parodia al mufti de los musulmanes, al bonzo de los budistas y al representante espiritista, que también deben tener seguidores en Chile.
¿O, tal vez, tengan más dignidad y rechacen tal convite?
Al enterarnos del ofrecimiento de apoyo hecho por el Arzobispo de Santiago al presidente Allende, no nos podemos librar del pensamiento de que el Cardenal Silva Henríquez, que empezó
siendo enemigo de Nuestra Señora y termina sirviente del comunismo, no tiene exagerado temor de Dios, sin que este pensamiento quite un
ápice siquiera de nuestro respeto y veneración por la sagrada púrpura de la que tanto abusa.
Problema
universal
Mas lo que hemos esbozado con breves
trazos y que tiene miles de matices,
comparables con los innumerables hechos
anticristianos que viene produciendo el
clero trasandino durante la última década,
no se circunscriben a la nación
cordillerana. El clero argentino, y en
general todo el hispanoamericano,
permanece ciego, sordo y mudo, cual
Iglesia del silencio, no por opresión de
los impíos sino por voluntad propia.
Aparte de la notoria simpatía del
tercermundismo por el comunismo, el
llamado "clero bueno" —es
decir el que profesa la religión católica
y no los errores progresistas— tampoco
habla. ¿Han oído acaso nuestros lectores
sermones y pastorales, alertando y
denunciando el caso chileno? ¿La caridad
no exige, acaso, defender al hermano por
todos los medios lícitos? Hoy —en
momentos que se cacarea sobre la caridad más
quizás que en ningún otro momento de la
historia— nadie hace el mínimo
sacrificio —si es que sacrificio se le
puede llamar— en levantar su voz cuando
se esclaviza a todo un pueblo católico.
Debemos
concluir, pues, que el clero católico no
es más —como sería su deber— bastión
contra el comunismo y que el progresismo
ha hecho grandes "progresos" en
su camino para cimentar UNA
IGLESIA ATEA PARA EL ESTADO COMUNISTA(9).
La
Democracia Cristiana
Hijo de Lamennais, popularizado por
Jacques Maritain y por Emmanuel Mounier,
este movimiento ideológico se convierte
en partido político de relevancia en los
países europeos después de la segunda
guerra mundial y penetra en Hispanoamérica
en la década del cincuenta(10).
En general en el Continente no ha tenido
exagerado éxito, salvo en Costa Rica con
Figueres, en Venezuela con Caldera y en
Chile con Frei.
Al ser la Argentina uno de los países más
preservados de este partido, muchos no se
aperciben de su poder destructivo.
Mas en Chile la situación se presentó
distinta. Un grupo de hombres separados
del antiguo partido conservador —que allí
era católico y no liberal como aquí—
funda la Falange, la que posteriormente se
convierte en democracia cristiana. Desde
hace muchos años es filocomunista.
Defendió el régimen rojo de Arbenz, de
Guatemala (1954), votó a favor de la
legalización del partido comunista
durante la presidencia del general Ibáñez
del Campo (1957) y en múltiples
oportunidades adoptó las mismas consignas
que los secuaces
de Moscú. Bajo la dirección de Eduardo
Frei pudo, sin embargo, capitalizar una
falsa opción, la de Frei o Allende en
1964, y llegar, con innegable habilidad y
con la ayuda de los medios de comunicación
de masas, tanto de Chile como de todo el
Occidente, al poder(11). Los partidos políticos
de la falsa derecha —conservadores y
liberales— lo apoyaron, para recibir
como paga el repudio de los demócrata
cristianos, que los ridiculizan
continuamente motejándolos de
"momios".
Una vez instalado Frei en el Palacio de la
Moneda, empezó a cumplir con su programa
izquierdista —lo que los burgueses
profetizaron no iba a hacer, enfrentado con
las realidades del gobierno—. Empezó el
desarme de Chile frente al comunismo: la
reforma constitucional suprimiendo la
inviolabilidad de la propiedad privada, la prédica
de la lucha de clases desde el poder, la
colaboración con el marxismo. Todo esto se
llevó a cabo durante los seis años del régimen
de Frei, culminando con el voto unánime de la
democracia cristiana en el parlamento,
eligiendo a un presidente comunista(12).
Los demócrata cristianos se ganaron el
oprobio de ser desertores y traidores. Y estos
calificativos durísimos no los colocamos
nosotros, sino la Cátedra de Pedro que dice
así: "Desertor y traidor, cualquiera
que concediera su colaboración material, sus
servicios, su talento, su ayuda, su voto político
a partidos y a poderes que niegan a Dios, que
substituyen la fuerza al derecho, la amenaza y
el terror a la libertad, que hacen de la
mentira, de los conflictos, del sublevamiento
de las masas, tantas armas para su política y
que hacen imposible la paz interior de los países
y entre las naciones"(13).
En 1967 aparece el documentado libro de Fabio
Vidigal Xavier da Silveira: "FREI
EL KERENSKY CHILENO".
El Gobierno chileno, tan liberal frente a la
subversión comunista, expulsa al autor y —a
pesar de que el libro no contiene ningún
insulto, ninguna frase desconsiderada— viola
la libertad de prensa, a la que tanto dicen
venerar los demócrata cristianos de todas las
latitudes y a la que tanto defienden cuando se
la usa para propagar el mal y prohibe el
libro. Ahí quedó señalado claramente el carácter
del Gobierno chileno —lo que por otra parte
es el carácter de todo gobierno demócrata cristiano— el de ser antesala del comunismo. Pues este movimiento, mesiánico, débil y utópico(14), liberal y socialista a la vez, desorganiza a la sociedad, frustra las iniciativas, corrompe los corazones generosos y fomenta la lucha de clases y como coronación de todo esto, es incapaz de gobernar. Asimismo introduce las ideas comunistas en los ambientes católicos, cumpliendo acabadamente lo profetizado por el comunista Florimonde Bonte, en Lille (Francia) ya en el año
1927: "a vosotros, demócrata cristianos, no os combatimos pues nos sois demasiado
útiles. Si queréis saber a qué necesidad respondéis, miradme. De entre vosotros he salido. Antes de la guerra era uno de los vuestros. Después he llegado a la conclusión lógica que habéis enseñado. Es gracias a vosotros que el comunismo penetra donde no dejaríais entrar a sus hombres: en vuestras escuelas, vuestras empresas patronales, vuestros círculos de estudio, y vuestros sindicatos. Todo lo que vosotros hacéis, Demócratas Cristianos, es por la Revolución Comunista que lo hacéis"(15).
El liberalismo
La masonería es la iglesia del liberalismo. Sus líderes se forman en sus logias, la que difunde su mentalidad por doquier.
¿Cómo puede ser entonces que Salvador Allende sea masón hace 30 años y ostente el grado máximo
—el 33— en la jerarquía masónica? ¿No es esto un contrasentido?
¿No piensa, acaso, ser el enterrador del liberalismo? En cierto sentido, sí.
¿Es, entonces, un traidor a la masonería, la que cayó tan bajo que ni siquiera toma medidas contra el que quiere desterrar su ideal de un país? De ninguna manera, como buen masón
—que lo es— lleva al programa liberal hasta sus últimas consecuencias. La independencia del Hombre
—así con mayúscula— frente a Dios, su "liberación" de toda ley, de toda moral y de toda sujeción a lo Alto, el "non serviam" de Satanás, la piedra angular del liberalismo, sólo se ve acabadamente edificado bajo el régimen comunista, donde no existe ley eterna ni derecho natural que observar. Pues los cimientos de la organización social comunista lo pusieron los liberales, con sus falsas libertades para el error y su rebelión contra
Dios(16).
De ahí es que debamos señalar la profunda equivocación de muchos movimientos contemporáneos que por rechazar el liberalismo económico, el "laissez faire, laissez passer" decimonónico
—o, a veces, peor aún, por rechazar la propiedad privada que no es un principio liberal sino de derecho natural— se creen
antiliberales(17), cuando admiten el pluralismo, el respeto de todas las ideologías, las falsas libertades para el mal, o
—en su variante más moderna— la constitución de una fuerza, llamada nacional, cuyos componentes reconocen las más contradictorias paternidades, y cuya coincidencia se reduce a una plataforma materialista pretendidamente
aideológica, que desprecia las disputas cuyo fondo es teológico y no hace diferencias entre la verdad y el error, y cuya
única meta es el desarrollo. Este último caso se da en la Argentina tanto en la llamada línea "nacional", como en la llamada "liberal". Por lo visto, ambas son liberales.
Volviendo a Chile, vimos que tanto el clero católico, como la democracia cristiana y el liberalismo contribuyeron a la subida del comunismo al poder. Allí funcionó el Congreso y la justicia del Estado mantuvo su independencia. La separación de los tres poderes existía para hacer las delicias de cualquier Montesquieu. Sin embargo una minoría electoral del 36 % se impuso a la mayoría no marxista del 64 %. No, no son las elecciones, el liberalismo y la democracia, valla contra el comunismo, sino más bien fueron en Chile soporífero para las fuerzas armadas, las que anestesiadas por toda una tradición liberal no cumplieron su deber que es el defender la patria del enemigo, sea externo o sea interior.
Hoy el masón Allende cumple con el programa liberal en un punto importante. Esto es bien lógico ya que su acción no consiste en otra cosa que ser un paso más avanzado de la misma Revolución anticristiana. El gobierno comunista chileno acaba de remitir a las cámaras parlamentarias un proyecto de divorcio.
El liberalismo primero corrompió las costumbres con lo que debilitó a la familia e hizo difícil la convivencia en numerosos hogares, ya que en donde se destierra la vida virtuosa entra el egoísmo, el que no suele hacer agradable la mutua compañía de los seres humanos. Luego, como remedio, propuso al divorcio, lo que como solución se asemeja al que tomarían los médicos si para curar la enfermedad mataran al enfermo. Mas frente a esta propuesta suicida, en los países católicos, donde mucho quedaba todavía de las costumbres cristianas y donde el respeto popular por la santidad del hogar estaba muy arraigado, la resistencia fue muy fuerte. El clero católico
—hablamos del preconciliar— movilizó siempre al laicado en defensa del matrimonio indisoluble. Los repetidos asaltos de la masonería— repetimos, se trata de la iglesia del liberalismo— fracasaron en muchos países, especialmente en los hispánicos. Hoy Allende
—marxista, ateo y masón— vuelve a la carga e intenta introducir el divorcio en la legislación.
¿Lo acompañarán en esto también los demócrata cristianos?
MEDIDAS OPORTUNAS
Los que vivimos en la Argentina y tenemos la dicha, por infinita misericordia de Dios, de escapar aún de la opresión
comunista, no debemos quedarnos de brazos cruzados. Toda la sociedad argentina debe reaccionar antes de que sea tarde. Urge tomar
algunas medidas. Para encararlas no hay ninguna dificultad, se necesita una determinación firme y tenaz de resistir al comunismo.
I. La no intervención frente al comunismo debe ser repudiadaNo olvidemos que el Syllabus condena la siguiente pro] ción: "Hay que proclamar y observar el principio llamado di intervención"
(18).El cruzarse de brazos frente a la desgracia vecino no es cristiano. El no ayudar a apagar el incendio e casa de al lado es inmoral.
II. Debe ayudarse a los emigrados chilenos
La misma caridad nos impone esto. Por otra parte, debe
darse posibilidad a estos chilenos a que se organicen, y alentar: los grupos más lúcidamente anticomunistas. Debe darse oportunidad para que se hagan
oír e informen de su desgracia al pueblo argentino. Es criminal y suicida para la Nación Argentina
tomen medidas represivas contra ciudadanos chilenos que vienen a buscar hospitalidad y refugio en estas tierras confiando en la tradicional generosidad con que el derecho de asilo era practicado
hasta ahora, como se hizo el año pasado con unos sobre los cuales, no pesaba ni siquiera pedido de extradición judicial.
Su entrega la policía chilena conmovió a la opinión pública, y trajo a nuestra
memoria el artículo 145 del Código Penal, que dice así: "Será
reprimido con prisión de dos a seis años, el que condujere a persona fuera de las fronteras de la República, con el propósito de someterla ilegalmente al poder de otro o de alistarla
a un ejército extranjero".
A pesar de su clara e intergiversable redacción, no lo hemos visto
aplicar para este caso, hasta ahora.
III. Deben controlarse cuidadosamente los mismos dementos que hayan provocado la catástrofe chilena
Existe en el país una ley de represión del comunismo. No vemos que se la aplique con demasiado empeño, ni siquiera por funcionarios públicos; vemos a diario aumentar las
actividades y la propaganda marxista, mientras que los casos por la aplicación de la citada ley son casi inexistentes.
La literatura marxista —especialmente en las revistas ilustradas, político-eróticas— abunda por todas partes.
De la universidad mejor no hablar. Tanto en las oficiales como en las privadas, pululan las cátedras ocupadas por marxistas, los que, por cierto, no se privan de difundir sus ideas. Las asociaciones estudiantiles en su mayoría también tienen ideas marxistas. Desde 1969 se ha abandonado el tímido intento de
desmarxización de la universidad estatal, lo que sin embargo concedió
tres años de tranquilidad a las aulas, una pausa bien valiosa para unas casas que debieran ser de altos estudios y no comités, como pretende la Reforma a la que las entregó el liberalismo en 1955.
Especialmente grave es la actividad de muchas universidades "católicas", sobre las cuales el Estado no realiza casi control alguno. Esta actividad introduce las ideas comunistas en las clases superiores de la sociedad, con el agravante de que mucha gente aún considera a todo lo que presenta rótulo "católico" como anticomunista. El poder público que deje de considerar este aspecto de la subversión
SE SUICIDA, lo que siempre es un pecado, aunque se lo cometa con la intención de no molestar a los clérigos o a congregaciones religiosos.
Por no crearse dolores de cabeza se deja en pie una inmensa red de cátedras, viajes, becas, publicaciones, conferencias, que puestos al servicio de la subversión sirven mejor que cualquier partido comunista, con la ventaja que a sus organizadores les brinda la sotana
—de la que, por supuesto, sólo se hace uso para actos disolventes.
La democracia cristiana como partido político es insignificante, no da mayores dolores de cabeza. Su destino es ser furgón de cola de algún frente popular, si es que caemos tan bajo que se lo deje formar. Mas la mentalidad de dicho partido abunda entre muchos profesores, lo que no hay que descuidar.
El liberalismo, con su susceptibilidad frente a cualquier intento, tampoco demasiado enérgico, de alguna "represión" a las fuerzas que proclaman a los cuatro vientos su intención de suprimir todas las libertades, con su prédica antimilitarista, con su veneración por una constitución liberal, que no sirvió para gran cosa en la casa del vecino cuando la toma marxista del poder, tampoco es una fuerza que sirve al bien común.
¿Es inteligente, entonces, hacer su elogio desde las tribunas oficiales, ensalzarlo desde las organizaciones de las fuerzas vivas, predicarlo por periódicos que tienen sincero horror al socialismo?
IV. Salus populi, suprema lex
ESTAMOS EN GUERRA, en una guerra civil terrible, total y universal, en la que el enemigo está determinado a destruirnos, mientras nosotros le prestamos los medios para hacerlo. Tenemos
el caballo de Troya en nuestras ciudades. Y ese caballo de Troya
el consumismo internacional, según
todos los indicios, está empeñado en utilizar al aparato eclesiástico
progresista en la bolchevización de Hispanoamérica.
Grave será la responsabilidad del gobernante, de cualquier jefe social, si no pone
todo de su parte para destruir infiltración. Pues, como lo enunciaron los romanos, con su sabiduría práctica: la salvación del pueblo es ley suprema. Y aquí se juega la salvación del pueblo, la salvación de las almas y la subsistencia de un orden social civilizado.
V. Recurrir a Roma y a la opinión pública(19)
La verdad resplandece a la luz del día, su exposición ahuyenta las tinieblas. Sólo el mal y el error necesitan disfraz y
ocultamiento. Este principio general también tiene su aplicación en este caso. El progresismo teme las definiciones, no hay cosa que más le atemorice sino que le obliguen a mostrar su verdadera faz, hacia dónde conduce. Se le haría gran ataque si se lograra difundir la esclarecedora verdad de que lleva al establecimiento de
UNA IGLESIA ATEA PARA EL ESTADO COMUNISTA. Por eso el Poder Público, en
DEFENSA PROPIA y cumpliendo un deber de lealtad con sus gobernados, debe exponer al país, haciendo uso de todos los medios de comunicación social, en forma clara, exhaustiva y documentada, cuál es la magnitud y hasta qué alturas llegó la infiltración comunista en los medios católicos, dónde existen simpatías con el marxismo, quiénes colaboran para llevarnos a la esclavitud. El comunismo repugna y esta exposición justiciera restaría muchas de la simpatías de que hoy goza el progresismo.
La Iglesia Católica es una sociedad jerárquica, una monarquía por voluntad de su divino Fundador. Que el Gobierno nacional se dirija al Venerable Episcopado y le ruegue, con respeto pero con firmeza, que ponga fin al lamentable espectáculo de la alianza de cierta minoría clerical con el marxismo. Que ordene a su embajador ante la Santa Sede que documente ante el Santo Padre los hechos, suplicándole que libre al país de elementos que amenazan la misma subsistencia de una vida social civilizada.
¡Que le haga conocer hasta qué punto trabajan manos consagradas en la tarea de borrar el dulce Nombre de Jesús de la faz de la tierra!
¡Hasta qué punto el clero progresista constituye la mayor fuerza subversiva del momento! Pues sin ese clero, el comunismo dividido y subdividido, rechazado por la opinión pública, no sería capaz de sensibilizar al país en todos los temas caros a
la izquierda, de "mentalizarlo" o
"concientizarlo", como dicen en su mal castellano los del "Tercer mundo", que colocan a
Hispanoamérica en la halagüeña compañía de los cafres y los zulúes. Para tranquilidad de la población amante de las buenas causas, para que se sienta defendida por su Gobierno, que no se hagan
gestiones en forma secreta, sino
—tratándose de hechos que son de dominio público— se dé a conocer el trámite de esta solicitud al pueblo, la que podrá también ser comunicada pública y oficialmente a los gobiernos de las naciones hermanas que padecen el mismo embate.
¿Y, si —como nos objetara algún pesimista— la autoridad religiosa no toma medida alguna? Contestamos: no debe desesperarse de la acción de la Jerarquía. El Evangelio nos señala el camino: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y os abrirán. Porque todo aquel q-ue pide, recibe, y el que busca, halla, y al que llama se le abrirá.
¿Hay, por ventura, alguno de vosotros que, pidiéndole pan un hijo suyo, le dé una piedra?
¿O si le pide un pez, le dé una culebra?"(20).
Más, en el terreno de mera hipótesis, imaginémonos que no se adopte sanción alguna. Entonces el Poder Público, en ejercicio del derecho inalienable de defensa legítima, tendrá que encontrar los medios, prudentes y respetuosos de lo sagrado, pero
TOTALMENTE DECISIVOS, para terminar con la violación de la paz pública. Y nadie podrá decir que persigue a la Iglesia.
VI. Un programa
común
Es necesario realizar una movilización general de
todas las personas y cuerpos sociales realmente empeñados en lograr el bien común. En esto la palabra la tienen, principalmente, el
gobierno y las fuerzas vivas. Ambos se juegan la vida en esta empresa. Y esta movilización no se logra con integraciones sincréticas, las que lo
único que logran es aumentar la confusión, sino convocando todos los hombres de buena voluntad
—lo que quiere decir empeñados en hacer el bien y no dispuestos a conceder cualquier cosa con tal de no molestar ni parecer hirientes— provenientes de los distintos estamentos que componen una comunidad, a construir el país conforme a los grandes principios de nuestra civilización y a los legítimos intereses del pueblo. Estos se podrían enunciar, creemos, como la tradición
hispánica, la participación de los diversos cuerpos de la comunidad en aquellos niveles en que son competentes, la defensa de la unidad familiar y de la autoridad paterna con su presupuesto necesario, un clima de moralidad pública y el fortalecimiento de la propiedad privada, la protección de los pobres, el respeto por la ley y el orden y la represión implacable de la delincuencia, sea política o no, la complementación del campo y de la industria y la descentralización de esta monstruosidad aplastante que es el Gran Buenos Aires.
Estamos convencidos que este programa concitaría la aprobación de la mayoría de la población, en la cual están mucho más vivos los restos de tradición católica, de apego al orden y a las jerarquías naturales, de lo que nos quieren hacer creer esas empresas de deformación de las inteligencias que son las universidades, la prensa, radio y televisión, las fundaciones "culturales" y, hoy, organizaciones "apostólicas".
Asimismo existe un cansancio general de todas las panaceas que la Revolución anticristiana ensayó en Hispanoamérica, y el indudable horror que inspira el comunismo movería a la gente a aceptar con simpatía un régimen que instaure paulatinamente los principios de justicia y de bienestar general que acabamos de esbozar.
Mas para que este programa llegue a cuajar necesitamos el apoyo de Aquél del que todo bien proviene. El hombre, con sus solas fuerzas nada bueno puede lograr. No olvidamos que escrito está "sin Mi nada podéis hacer"
(23). Mas una vez puestos en la mano de Dios, implorando la protección de Aquella que todo lo consigue, pues es la Omnipotencia suplicante, no nos deben asustar ni cardenales rojos, ni Allendes, ni Castros, ni otros monstruos infernales, pues también está escrito:
NOTAS
-
1
Salmos 126, 1.
-
2
Recomendamos
vivamente la lectura y meditación del Mensaje
de Fátima. Ha sido publicado en ROMA, nº
16. Debemos hacer de la aplicación de este
Mensaje una actividad fundamental de nuestras
vidas.
-
3
Del mismo
Mensaje de Fátima.
-
4 Pío XI, Encíclica
DIVINI
REDEMPTORIS.
-
5 "La
Flecha", nº 39, Montevideo, 17 de
noviembre de 1970.
-
6 Cf. Pío XI,
Encíclica DIVINI
REDEMPTORIS, El estudio de
este Documento del Magisterio de la Iglesia es
indispensable para el que quiera comprender el
comunismo.
-
7
Hechos
de los apóstoles 5, 29.
-
8
Esta
pregunta no tiene nada extraño, es
perfectamente razonable. Ya que Lenin enseña
que el comunista debe mentir, traicionar, usar
todos los medios, sean lícitos o no, para la
revolución comunista. En consecuencia, un
comunista no puede tener honor.
-
9
Cf. Editorial de ROMA, nº
11, del mismo título, donde
se demuestra esta
proposición.
-
10
Los errores democristianos fueron condenados por
el Papa San Pío X, en su carta "NOTRE
CHARGE APOSTOLIQUE,". En la Argentina, el
Vble. Episcopado, con su pastoral colectiva de
noviembre de 1955 condenó el humanismo
integral-teocéntrico, base ideológica de la
democracia-cristiana.
-
11
Según
fuentes fidedignas, tuvo papel importante en la
financiación de la campaña electoral de Frei
la ayuda eclesiástica de los católicos
alemanes. Es decir que se usaron los fondos
recolectados en Alemania para fines de caridad,
para pagar los gastos de proselitismo de un
partido político que, además, desprecia a la
doctrina de Iglesia y hace gala continuamente y
en todos lados de su aconfesionalidad.
-
12
Aquí se ve
la falacia de confiar en la llamada línea de
"derecha" de ese partido. Cuando llegó
el momento, tanto los seguidores de Frei y
Leighton —"derecha"—, como los de
Tomic —"izquierda"—, votaron por
Allende.
-
13
Pío XII, a
los jóvenes romanos de acción católica, 8 de
diciembre de 1947.
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14
Para tener
una idea más detallada de la mentalidad utópica
y de sus estragos se puede recurrir al libro de
Thomas Molnár, "Utopía, la herejía
perenne", Ed. Eudeba, Buenos Aires 1970.
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15
Citado por
Marcel de la Bigne de Villenueve, "Satán
dans la cité", pág. 127.
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16
En el libro
de Fierre Gaxotte, "La Révolution
francaise", Ed. Ar-théme Fayard, París,
969, está magistralmente descripta la marcha
de la Revolución de la fase liberal a la
comunista. El cuadro que presenta aquella época
guarda, en muchos aspectos, un paralelismo tan
asombroso con la actual, por lo que es útil la
lectura del citado libro aún para los que no se
interesan por la historia. -
17
Cf. M. Roberto
Gorostiaga, "Las dos banderas", ROMA,
nº 17.
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18
SYLLABUS
ERRORUM,
Proposición
n° 62, condenada, Cf. también Pío IX,
alocución Novos et ante, 28 de septiembre de
1860.
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19
Con el
mismo título ya hemos tratado el tema por
extenso en ROMA, nº 13. A ese artículo nos
remitimos. Mas, como lo tratado conserva plena
actualidad, reproducimos bajo este subtítulo,
algunos párrafos pertinentes de aquél escrito.
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20 Mateo 7,
7-10. 23 Juan 15, 5.24
Juan 16, 33.
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