REVISTA ROMA

Año XXVII Nº 130

BUENOS AIRES

PASCUA 1994

 
 
 

NO ESTAMOS EN TINIEBLAS pag. 3    

2.2. La imposición de condiciones

   Ahora bien, es sentencia común de todos los teólogos: es deber sub gravi, bajo pena de pecado mortal, prestar socorro a alguien en extrema o grave necesidad. En la casi totalidad de los códigos penales del mundo, omisión de socorro es acto criminoso. Si eso es verdad en necesidades materiales, a fortiori en necesidades espirituales. Es por esa causa que la Iglesia reconoce que en necesidades de los fieles, hasta los excomulgados pueden socorrerlos con los Sacramentos (Can. 2261-2264). "No sólo es lícito, mas también debido, por lo menos si el excomulgado fuera rogado" (Lemkuhl S. J., Theol Mor. v. 2, p. 655).

   Santo Tomás enseña que el estado de necesidad propio o ajeno legítima obrar praeter legem, obedeciendo a la ley que protege un bien mayor en detrimento de la que protege otro menor. Así "no querer salvar la Iglesia" cuando ésta se encuentra en estado de extrema necesidad, salvo ignorancia inculpable, puede ser un grave delito.

   Querer "ser slvado" por la Iglesia, sin querer cooperar para salvarla, es una doctrina falsa: es considerar la salvación "apenas un favor de Dios" (DS.1561 - D.8211sin "la condición de observancia de las leyes de Dios y de la Iglesia (DS.1570 1D.830). Trento considera herética tal doctrina.

   Pío XII enseña: "No se debe juzgar que Cristo... no exige el trabajo del Cuerpo". De él "se debe afirmar lo que San Pablo afirma del cuerpo humano: No puede decir... la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros" (1 Cor, 12, 21). "Cristo requiere la acción de los miembros... quiere ser ayudado por ellos... en el ejercicio de la obra de Redención". "Sólo El adquirió los méritos en la Cruz; mas para distribuirlos, quiere que eso de cierto modo se origine de las obras de los fíeles". "Es contra la verdad y es peligroso error deducir de la unión con Cristo un mal entendido Quietismo que atribuye toda la vida espiritual de los fieles sólo a la acción del Espíritu Santo, excluyendo o menospreciando la correspondencia y colaboración que le debemos prestar (DS.3805 - Myst. Corp.).

   Lutero incidió en ese error. El falso misticismo de Molinos lo elevó. Bayo adhirió a él. Sato Tomás entretanto llega a afirmar que en los casos de necesidad, los fieles idóneos podrían ser hasta coaccionados (coacti) a aceptar el episcopado, si sin eso "Ecclesia conservan non posset", si la Iglesia no pudiese ser conservada. Tomás Sup. 47, 6 ad 4).

   ¿Cómo quire "ser salvado" por Cristo quien no quiere salvar a la Esposa de Cristo en e/trema necesidad? No merece ser salvado.

   Es el Salador quien impone el "precio" para quien quiera "ser salvado" por El. Sólo É1 es el Legislador y puede imponer condiciones al hombre. El "salvando salva gratis", mas no incondicionalmente para todos los hombres. Los mandamientos no son de libre observancia (Trento, D.829) y los bautizados no están obligados a observarlos sólo cuando "quieren guardarlos espontán»mente" (Trento, D.864). Luego, los deberes cristianos no son "cualquier precio": son el precio fijado por el Salvador como condición de salvación.

   Y a quien dijere que tal doctrina es contra la honra y gloria de Dios que está en primer lugar: Trento anatematiza a quien afirmara que tal ley de salvación "rebaja la gloria de Dios o los méritos de Cristo, en vez de mostrar la verdadera fe, la gloria de Dios o de Cristo" (D.810). Quien predica lo opuesto "gloríase en sí mismo y no en el Señor" (1 Cor 1, 31) en el juicio propio y no en la ley de salvación de las almas (D.843a). Cristo quiere la cooperación humana "para mayor honra de su intemerata Esposa" (Pío XII - DS.38?5). ¿Quién es el hombre para determinar el modo por el cual Dios quiere ser glorificado? "La gracia y la gloria la da el Señor" (Sal. 83, 12). 

   Los Jansenistas "para la salvación de las almas" (pro s alute animarum) pretendían subordinar el poder que viene de Dios al arbitrio de los hombres (DS.2602). Ahora, subordínase la doctrina de la Gloia de Dios sobre sacramentos y necesidad de extinción de las vacancias al arbitrio humano. Quien opone la gloria de Dios a las leyes de Dios y de la Iglesi a, subordina a su arbitrio y a la gloria de Dios, ya la ley de salvación de las almas. Cristo "propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis", "murió por nosotros para redimirnos del pecado y de la muerte eterna', "para librarnos del yugo del diablo" (DS.150 - 125 - 1880 - 723). Luego, Cristo dio su sangre para la "salus animarum". Luego, ésta no se opone a la gloria de Dios, mas en ella consiste la Gloria de Dios. Es el Credo.

   Una "pastoral" que trabaja con la lengua no puede impoier "precio" para trabajar por la Iglesia: trabajar con el cuerpo y no con la lengua, como si la lengua no fuese parte del cuerpo o sólo trabajase para la gloria propia de sí misma. No puede separar la lengua del resto del cuerpo, ni la voluntad de las facultades del alma. No puede imponer condiciones, ni "precio" a Dios para "ser salvo": es el hombre quien debe pagar el precio impuesto por Dios, que dice ser necesaria la "ore confessio ad salutem", la confesión oral de la fe para la salvación (Rom. 10, 10). El Canon 1325 nos dice que: niegan la fe por el silencio lo que no cumplen con la obligación de confesarla cuando el silencio o el modo de obrar significa "implícita negación de la fe, desprecio de la religión, injuria a Dios, escándalo para el prójimo". "El silencio de los que deberían hablar aparece como confirmación de los errores" (Santo Toiás). "No es suficiente decir la verdad, mas los errores deben ser descubiertos y repelidos" (Trento, DS.1650 - D.882).

   Fue Juan Pablo II, defendiendo a Vaticano II, quien dijo lo opuesto: "El Concilio no debía condenar errores, sino mostrar la doctrina de la fe" (Depositum Fidei-Nuevo Catecismo).

   Es San Pío X quien condena a "los que se abstienen de defender a la Iglesia atacada... arrastrada por la arena para ser mutilada y despojada". "¿El deber de todo católico no consiste en usar de las armas políticas que tiene en manos para defenderla?... Frente a la Iglesia violentada, muchas veces se tiene el dolor de ver... cruzarse de brazos a no ser que juzguen ventajoso defenderla" (Nostre Charge Apostoilique).

   Enseña León XIII: "Ninguno objete que Cristo... no necesita para nada de la ayuda de los hombres... El quiere que pongamos algún trabajo para obtener los frutos de salvación... El primero... es profesar abierta y constantemente la doctrina católicay en cuanto se pueda, propagarla..." (Sapientiae Chrístianae).

2.3. La Iglesia en el desierto

   "Si ergo vobis, Ecce in deserto nolite exire, ecce inpenetralibus, nolite credere" (Si os dijeren, pues 'mirad está en el desierto' no salgáis; 'mirad, está en las recámaras' no lo creáis: Mt. 24,26). Es la profecía del propio Señor, ipsis litteris.

   ¿Cuál es la exégesis común del Apocalipsis (12,6): "Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten mil doscientos sesenta días?". Por la figura de la mujer los exégetas entienden, ya sea a la Ssma. Virgen, ya a "toda la Iglesia, sea del Antiguo, sea del Nuevo Testamento". "Huyó al desierto" significa "fue puesta a salvo, bajo la protección de Dios". Y "1.260 días significa la mitad de vida de la Iglesia, esto es, desde la venida de Cristo al mundo hasta el fin del mundo. La otra mitad fue el tiempo anterior al nacimiento de Jesús, el Antiguo Testamento" (Cfr. Sagrada Biblia, ed . Padres Capuchinos, Lisboa, 38 ed., 1968).

   En los contextos revelados leemos en Ap. 12,14, que Dios dio a la Mujer perseguida por el dragón "dos alas de la grande águila, para que volase al desierto a su lugar, en donde es sustentada un tiempo y dos tiempos y medio tiempo (dimidium temporis) lejos de la presencia de la serpiente". Daniel repite ese "dimidium temporis" (en 7,25 y 12,7) e Isaías dice: "Los que esperan en el Señor... asumirán plumas (o remontarán vuelo) como águilas" (40,31), lo que es interpretado como teniendo la protección de Dios para todos los fieles que según Ex. 19,4, la reciben para elevarse "sobre las alas de las águilas" (super alas aquilarum).

   Por tanto, el texto sobre la Iglesia en el desierto tiene sentido universal, relativo a todos los fieles, desde la primera venida de Cristo y no sólo sentido futuro y escatológico relativo a la segunda venida. 

   Ni la Iglesia "llevada al desierto" tiene el sentido de un deber individual de apartarse de cualquier "comunidad", para "quedar solo" en la soledad del desierto o de la Tebaida. La soledad individual, enséñanos el Angélico, es un medio utilizable por los ya perfectos para la contemplación de las cosas de Dios. No es medio para huir de la unión debida con la comunidad cristiana, para escapar de la obediencia a las leyes del régimen y "quedarse solo" con su "propio consejo libre" (Vaticano II). Dice el Aquinate: "La vida social es necesaria al ejercicio de la perfección; la soledad compete a los ya perfectos". "Es peligrosísima sin el ejercicio precedente". Los Santos que fueron al desierto (S. Antonio, S. Benito), adquirieron la perfección antes (S.T 2-2, 188, 8). S. Jerónimo (Ad Rusticum Monachum, 3, 12, 16) refiere los peligros de la soledad: "luego se introduce la soberbia, él hace lo que quiere, no teme a la autoridad como a Dios, no tiene que servir a los hermanos". "Sólo los perfectos ya obran en todo por el Espíritu de Dios" (Rom. 8, 14); los demás necesitan de la dirección y obediencia. Ser solitario por no soportar la sociedad, el mal ajeno, decía Aristóteles: "hoc est bestiale". Y adherir totalmente a Dios: "hoc est supra hominem", es divino. De donde concluye Sto. Tomás, el solitario: "aut est bestia aut deus". Y la Revelación nos dice: "¡Ay! del solitario, cuando caiga no tendrá quien lo levante".

   Los "Fraticelli", herejes que concebían dos iglesias: la de los "perfectos", pura y sin mancha, a la cual sólo ellos pertenecían y la "iglesia carnal, manchada de crímenes" (D.485) a la cual pertenecía "el resto" de los cristianos. Recuerdemos las palabras de los fariseos: "nosotros no somos como los demás hombres: pecadores, ladrones, adúlteros...". Acuerdémonos del "Nobis quoque peccatoribus" de la Misa, coloquémonos en el lugar del publicano humilde, y no en el del fariseo orgulloso que no fue justificado en la parábola de Cristo. No nos coloquemos entre los perfectos, como los Begardos, que se juzgaban tales e impecables (D.471).

   La Iglesia universal, terrestre, está en toda la tierra, no sólo en el Sahara. Cristo fue tentado en el desierto, Santo Tomás y San Agustín en la sociedad.

    Son los paganos y los herejes los que están en las tinieblas. Para los cristianos, "hijos de la luz": "Mandatum Dei est lucerna et lex lux" (Prov. 6,23). "El precepto de Dios es una antorcha y la ley es luz". Son las luminosas palabras reveladas para todos los tiempos, inclusive los actuales. No se defiende la fe mudando la moral.

   No se deja el deber de defender la Iglesia so pretexto de querer ser olvidado. Huir al desierto cuando el deber es luchar, es desertar. "Así brille vuestra luz ante los hombres para que ellos vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos". Si la intención del fiel no es ser visto ni glorificarse a sí mismo entonces ser visto o ser olvidado por los hombres, o ser colocado sobre un candelabro como luz, no depende de él mismo, sino del Padre y de los otros.

   La muerte gloriosa sólo es dada a los que "corren en el estadio", a los que "combaten en la arena para alcanzar la corona incorruptible", a los que adhieren a la Iglesia militante y "combaten el buen combate", no a los que "no adhieren a ninguna comunidad", a los que omiten socorrer a la Iglesia atacada y "no quieren salvarla".

2.4. La ciencia de Dios y las virtudes

   Existen "juicios propios" y "elucubraciones propias" falsas y verdaderas y sólo las falsas deben ser aborrecidas. No tiene un "criterio veritatis". La Filosofía y la Teología verdadera debe ser objeto de búsqueda y de adhesión y eso es loable y meritorio.

   La verdadera humildad, la verdadera pobreza de espíritu, la verdadera pureza de corazón no es definida por el error, por la malicia o por la ignorancia, por la repulsa a las elucubraciones necesarias y debidas. No existe en la tierra religión más racional que el Catolicismo. Las demás son permeables en dosis menores o mayores a la ignorancia o la malicia.

   En la Historia de la Iglesia diversos herejes ocultaron sus errores a través de esa maliciosa indiscriminación. Hasta el Vaticano II repite: nevé ínter eos discriminatio fíat, "no se haga discriminación", sino obsérvese la "igualdad jurídica" entre los falsos y los verdaderos (Dign. Hum. 6,7). Opónense ahí pseudovirtudes subjetivas a las verdaderas virtudes objetivas, universalmente predicadas a todos. So pretexto de "juicio propio" ajeno indiscriminado, se oculta ahí el "juicio propio" falso, la "pseudoverdad propia", no universal.

   Repiten las palabras de Honorio I denominando "filósofos soberbios" a los que defendían el Magisterio y la fe, y calificando como "humildes de espíritu", simples, puros de corazón a los que defendían la herejía. Repítese "ipsis litteris" el camino del error. Inocencio III mostró como los Valdenses "bajo apariencia de verdad" (2 Tim. 3, 5) mostraban la soberbia de predicar "sin misión canónica" (D.433). Inocencio XI condenó el falso misticismo de Molinos que decía: "El camino interior está apartado... de la Filosofía y Teología" (DS.2259 - D.1279). "Quien ama a Dios al modo por el cual la razón argumenta no ama al verdadero Dios" (DS.2219 -D.1239). "El teólogo tiene menos disposición que el rudo para el estado contemplativo; él no tiene fe pura, humildad... tiene la cabeza llena de especulaciones..." (DS.2264 - D.1284). 

   Los Jansenistas fueron condenados por Clemente XI, por acusar a la Iglesia de predicar en "idioma desconocido", lejos de la "simplicidad de los Apóstoles" (DS.2495 - D.1445).

   En la historia de la Iglesia los Santos Padres, los Doctores de la Iglesia, los filósofos y teólogos católicos hicieron elevadísimas "elucubraciones", siendo por eso loados y venerados por la Iglesia. Santo Tbmás es ejemplo de ciencia de Dios y de virtudes.

   Mas, veamos la Revelación. Daniel profetiza: Qui docti fuerint fulgebunt quasi splendor firmamenti et qui adjustitiam erudint multos quasi stellae in perpetuas aeternitates (12, 3): "y los sabios brillarán como el resplandor del firmamento, y quienes enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas por siempre., eternamente" (ed. Bover-Cantera). Y acrecienta con relación a las profecías: "docti intelligent", "los doctos comprenderán" (Dan. 12,10). Y San Jerónimo comenta: "La santa rusticidad puede hacer bien a una persona, mas puede también hacer mal a otros", Son los profetas Jeremías, Miqueas y Oseas clamando: "No existe conocimiento; de Dios en el país"... "Ha perecido mi pueblo por falta de conocimiento; pues que tú has rechazado el saber, yo te desecharé de mi sacerdocio" (Os. 4,1-6). Así es como el sacerdocio no debe ser ejercido por los que no tengan la ciencia de Dios. Job "investigaba diligentemente lo que ignoraba" (Job. 29,16). Las cosas de Dios son cosas "creíbles" (credibilia) (Sal. 92,5) y la fe es un "obsequium rationis" (Rom. 12,1). Dios quiere "el conocimiento de Dios más que los holocaustos" (Os. 6,6).

   Pío VI enseña: "Fue dispuesto en la ley antigua que fuese apedreada la bestia que tocase el monte" (Heb. 12,20, Ex. 19,12). Eso significa que "ningún simple e indocto debe tocar la sublimidad de las Escrituras ni predicarla a los otros para no envilecerla, para no exponerla al desprecio por la mala intelección por parte de los mediocres, induciendo a otros a los errores" (D.1606). "Si puede entender, agradezca a Dios; si no, no levante sus cuernos para impugnar, mas baje la cabeza para venerar" (San Pío X - C. 2120).

   Algunos que pretenden saber "lo que nadie sabe sino el Padre" (Mt. 24,36), se apartan de la "comunidad" que reitera el Magisterio de la Iglesia, nivelándola a los que quieren "saber todo". Yerguen su "humildad", su "débil voz", su verdad, contra la humildad, la voz, la verdad de la Iglesia. Si Cristo predicó el "negarse a sí mismo", fue para "seguirlo a El" (sequere me) y a su Iglesia y no a una "débil voz" humana y opuesta a la Iglesia. La pobreza de espíritu relativa a los bienes materiales y efímeros no desprecia a la riqueza de espíritu relativa a los bienes sobrenaturales y eternos. Sólo a los fieles fue dicho "Y lo sabéis todo" (1 Jo. 2,20).

Conclusión: el camino mejor

   Algunos se desvían del Magisterio de la Iglesia; dejan lo cierto por lo incierto de sus elucubraciones; se "quedan solos" en las tinieblas y no traen la luz de Cristo. Siguen al quietismo de Molinos queriendo salvarse por la Iglesia sin cooperar para salvar a la Iglesia en estado de necesidad. "Quien no recoge conmigo (en la Iglesia de Cristo) desparrama" (Mt. 12,30). Quien no ejerce el poder de Ordenes en beneficio de los fieles (Can. 2261), lo ejerce ilícitamente (Can. 2264). El amor al Dios verdadero se apoya en el "vínculo principal" que es el de la verdadera fe (Pío XI - Morí. ánimos). El verdadero amor del prójimo no es el que concuerda con sus errores, sino el que procura salvarlo apartándolo de ellos, ejerciendo la penosa tarea de la corrección fraterna caritativa.

   "Codiciad empero, los carismas más excelentes y todavía os muestro un camino sobre toda ponderación" (1 Cor. 12, 31-32), pues "si poseyera la profecía ... y toda la fe ... mas no tuviere caridad, nada soy". 

   "Las profecías pasarán, la Caridad no pasará" (1 Cor. 13, 1-8).

   "Porque la ley entera condensa su plenitud en una sola palabra ... Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Gal. 5, 14).

Lans, honor et gloria Deo nostro.

Hornero JOHAS

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