|
NO ESTAMOS EN TINIEBLAS pag.
3
2.2.
La imposición de condiciones
Ahora
bien, es sentencia común de todos
los teólogos: es deber sub gravi,
bajo pena de pecado mortal,
prestar socorro a alguien en extrema
o grave necesidad. En la casi
totalidad de los códigos penales
del mundo, omisión de socorro es acto criminoso. Si eso es verdad en
necesidades materiales, a
fortiori
en necesidades espirituales. Es
por esa causa que la Iglesia
reconoce que en necesidades de los
fieles, hasta los excomulgados
pueden socorrerlos con los
Sacramentos (Can. 2261-2264).
"No sólo es lícito, mas también
debido, por lo menos si el excomulgado
fuera rogado" (Lemkuhl S. J., Theol
Mor. v. 2, p. 655).
Santo
Tomás enseña que el estado de
necesidad propio o ajeno legítima
obrar praeter legem, obedeciendo
a la ley que protege un bien mayor
en detrimento de la que protege otro
menor. Así "no querer salvar
la Iglesia" cuando ésta se
encuentra en estado de extrema
necesidad, salvo ignorancia
inculpable, puede ser un grave
delito.
Querer
"ser slvado" por la
Iglesia, sin querer cooperar para
salvarla, es una doctrina falsa: es
considerar la salvación
"apenas un favor de Dios"
(DS.1561 - D.8211sin "la
condición de observancia de las
leyes de Dios y de la Iglesia (DS.1570
1D.830). Trento considera herética
tal doctrina.
Pío
XII enseña: "No se debe juzgar
que Cristo... no exige el trabajo
del Cuerpo". De él "se
debe
afirmar lo que San Pablo afirma del
cuerpo humano: No puede decir...
la cabeza
a los pies: No tengo necesidad de
vosotros" (1
Cor, 12, 21). "Cristo requiere la acción de los
miembros... quiere ser ayudado por ellos... en el ejercicio de la obra de Redención". "Sólo
El adquirió los méritos en la Cruz; mas para distribuirlos, quiere que
eso de cierto modo se origine de las obras de los fíeles". "Es contra
la verdad y es peligroso error deducir de la unión con Cristo un mal entendido Quietismo
que atribuye toda la vida espiritual de los fieles sólo a la acción del
Espíritu Santo, excluyendo o menospreciando la correspondencia y colaboración
que le debemos prestar (DS.3805 - Myst.
Corp.).
Lutero incidió en ese error. El falso
misticismo de Molinos lo elevó. Bayo adhirió a él. Sato Tomás entretanto
llega a afirmar que en los casos de necesidad, los fieles idóneos podrían ser
hasta coaccionados (coacti) a aceptar el episcopado, si sin eso "Ecclesia
conservan non posset", si la Iglesia no pudiese ser conservada. Tomás
Sup. 47, 6 ad 4).
¿Cómo quire "ser salvado" por
Cristo quien no quiere salvar a la Esposa de Cristo en e/trema necesidad? No
merece ser salvado.
Es el Salador quien impone el
"precio" para quien quiera "ser salvado" por El. Sólo É1 es
el Legislador y puede imponer condiciones al hombre. El "salvando salva
gratis", mas no incondicionalmente para todos los hombres. Los
mandamientos no son de libre observancia (Trento, D.829) y los bautizados no están
obligados a observarlos sólo cuando "quieren guardarlos espontán»mente"
(Trento, D.864). Luego, los deberes cristianos no son "cualquier precio": son el precio
fijado por el Salvador como condición de salvación.
Y a quien dijere que tal doctrina es contra la
honra y gloria de Dios que está en primer lugar: Trento anatematiza a quien
afirmara que tal ley de salvación "rebaja la gloria de Dios o los
méritos de Cristo, en vez de mostrar la verdadera fe, la gloria de Dios o de
Cristo" (D.810). Quien predica lo opuesto "gloríase en sí mismo y no
en el Señor" (1 Cor 1, 31) en el juicio propio y no en la ley de
salvación de las almas (D.843a). Cristo quiere la cooperación humana
"para mayor honra de su intemerata Esposa" (Pío XII -
DS.38?5). ¿Quién es el hombre para determinar el modo por el cual Dios quiere
ser glorificado? "La gracia y la gloria la da el Señor" (Sal. 83, 12).
Los Jansenistas "para la salvación de las
almas" (pro s alute animarum) pretendían subordinar el poder que viene de Dios
al arbitrio de los hombres (DS.2602). Ahora, subordínase la doctrina de la
Gloia de Dios sobre sacramentos y necesidad de extinción de las
vacancias al arbitrio humano. Quien opone la gloria de Dios a las leyes de
Dios y de la Iglesi a, subordina a su arbitrio y a la gloria de Dios, ya la ley de
salvación de las almas. Cristo "propter nos homines et propter nostram
salutem descendit de coelis", "murió por nosotros para redimirnos
del pecado y de la muerte eterna', "para librarnos del yugo del
diablo" (DS.150 - 125 - 1880 - 723). Luego, Cristo dio su sangre para la "salus
animarum". Luego, ésta no se opone a la gloria de Dios, mas en ella consiste la Gloria de
Dios. Es el Credo.
Una "pastoral" que trabaja con la
lengua no puede impoier "precio" para trabajar por la Iglesia:
trabajar con el cuerpo y no con la lengua, como si la lengua no fuese parte del
cuerpo o sólo trabajase para la gloria propia de sí misma. No puede separar la
lengua del resto del cuerpo, ni la voluntad de las facultades del alma. No puede
imponer condiciones, ni "precio" a Dios para "ser salvo": es
el hombre quien debe pagar el precio impuesto por Dios, que dice ser necesaria la
"ore confessio ad salutem", la confesión oral de la fe para la
salvación (Rom. 10, 10). El Canon 1325 nos dice que: niegan la fe por el
silencio lo que no cumplen con la obligación de confesarla cuando el silencio o
el modo de obrar significa "implícita negación de la fe, desprecio de la
religión, injuria a Dios, escándalo para el prójimo". "El silencio
de los que deberían hablar aparece como confirmación de los errores"
(Santo Toiás). "No es suficiente decir la verdad, mas los errores deben
ser descubiertos y repelidos" (Trento, DS.1650 - D.882).
Fue Juan Pablo II, defendiendo a Vaticano II,
quien dijo lo opuesto: "El Concilio no debía condenar errores, sino
mostrar la doctrina de la fe" (Depositum Fidei-Nuevo Catecismo).
Es San Pío X quien condena a "los que se
abstienen de defender a la Iglesia atacada... arrastrada por la arena para ser
mutilada y despojada". "¿El deber de todo católico no consiste en
usar de las armas políticas que tiene en manos para defenderla?... Frente a la
Iglesia violentada, muchas veces se tiene el dolor de ver... cruzarse de brazos
a no ser que juzguen ventajoso defenderla" (Nostre
Charge Apostoilique).
Enseña León XIII: "Ninguno objete que
Cristo... no necesita para nada de la ayuda de los hombres... El quiere que
pongamos algún trabajo para obtener los frutos de salvación... El primero...
es profesar abierta y constantemente la doctrina católicay en cuanto se pueda,
propagarla..." (Sapientiae
Chrístianae).
2.3. La Iglesia en el desierto
"Si ergo vobis, Ecce
in deserto nolite exire, ecce inpenetralibus, nolite credere" (Si os
dijeren, pues 'mirad está en el desierto' no salgáis; 'mirad, está en las
recámaras' no lo creáis: Mt. 24,26). Es la profecía del propio Señor, ipsis
litteris.
¿Cuál es la exégesis común del Apocalipsis
(12,6): "Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por
Dios, para que allí la sustenten mil doscientos sesenta días?". Por la
figura de la mujer los exégetas entienden, ya sea a la Ssma. Virgen, ya a
"toda la Iglesia, sea del Antiguo, sea del Nuevo Testamento".
"Huyó al desierto" significa "fue puesta a salvo, bajo la
protección de Dios". Y "1.260 días significa la mitad de vida de la
Iglesia, esto es, desde la venida de Cristo al mundo hasta el fin del mundo. La
otra mitad fue el tiempo anterior al nacimiento de Jesús, el Antiguo
Testamento" (Cfr. Sagrada Biblia, ed . Padres Capuchinos, Lisboa, 38
ed., 1968).
En los contextos revelados leemos en Ap.
12,14, que Dios dio a la Mujer perseguida por el dragón "dos alas de la
grande águila, para que volase al desierto a su lugar, en donde es sustentada
un tiempo y dos tiempos y medio tiempo (dimidium temporis) lejos de la
presencia de la serpiente". Daniel repite ese "dimidium
temporis" (en 7,25 y 12,7) e Isaías dice: "Los que esperan en el
Señor... asumirán plumas (o remontarán vuelo) como águilas" (40,31), lo
que es interpretado como teniendo la protección de Dios para todos los fieles
que según Ex. 19,4, la reciben para elevarse "sobre las alas de las
águilas" (super alas aquilarum).
Por tanto, el texto sobre la Iglesia en el
desierto tiene sentido universal, relativo a todos los fieles, desde la primera
venida de Cristo y no sólo sentido futuro y escatológico relativo a la segunda
venida.
Ni la Iglesia "llevada al
desierto" tiene el sentido de un deber individual de apartarse de
cualquier "comunidad", para "quedar solo" en
la soledad del desierto o de la Tebaida. La soledad individual, enséñanos el
Angélico, es un medio utilizable por los ya perfectos para la contemplación de
las cosas de Dios. No es medio para huir de la unión debida con la comunidad
cristiana, para escapar de la obediencia a las leyes del régimen y "quedarse
solo" con su "propio consejo libre" (Vaticano II). Dice
el Aquinate: "La vida social es necesaria al ejercicio de la perfección; la
soledad compete a los ya perfectos". "Es peligrosísima sin el
ejercicio precedente". Los Santos que fueron al desierto (S. Antonio, S.
Benito), adquirieron la perfección antes (S.T 2-2, 188, 8). S. Jerónimo (Ad
Rusticum Monachum, 3, 12, 16) refiere los peligros de la soledad: "luego
se introduce la soberbia, él hace lo que quiere, no teme a la autoridad
como a Dios, no tiene que servir a los hermanos". "Sólo los perfectos
ya obran en todo por el Espíritu de Dios" (Rom. 8, 14); los demás
necesitan de la dirección y obediencia. Ser solitario por no soportar la
sociedad, el mal ajeno, decía Aristóteles: "hoc est bestiale". Y
adherir totalmente a Dios: "hoc est supra hominem", es divino.
De donde concluye Sto. Tomás, el solitario: "aut est bestia aut
deus". Y la Revelación nos dice: "¡Ay! del solitario, cuando
caiga no tendrá quien lo levante".
Los "Fraticelli", herejes que concebían dos
iglesias: la de los "perfectos", pura y sin mancha, a la cual sólo
ellos pertenecían y la "iglesia carnal, manchada de crímenes"
(D.485) a la cual pertenecía "el resto" de los cristianos. Recuerdemos
las palabras de los fariseos: "nosotros no somos como los demás hombres:
pecadores, ladrones, adúlteros...". Acuerdémonos del "Nobis quoque peccatoribus" de la Misa,
coloquémonos en el lugar del publicano humilde, y no en el del fariseo orgulloso que no
fue justificado en la parábola de Cristo. No nos coloquemos entre los perfectos, como
los Begardos, que se juzgaban tales e impecables (D.471).
La Iglesia universal,
terrestre, está en toda la tierra, no sólo en el Sahara. Cristo fue tentado en
el desierto, Santo Tomás y San Agustín en la sociedad.
Son
los paganos y los herejes los que están en las tinieblas. Para los cristianos,
"hijos de la luz": "Mandatum Dei est lucerna et lex lux" (Prov.
6,23). "El precepto de Dios es una antorcha y la ley es luz". Son las
luminosas palabras reveladas para todos los tiempos, inclusive los actuales. No
se defiende la fe mudando la moral.
No
se deja el deber de defender la Iglesia so pretexto de querer ser olvidado. Huir
al desierto cuando el deber es luchar, es desertar. "Así brille
vuestra luz ante los hombres para que ellos vean vuestras buenas obras y
glorifiquen al Padre que está en los cielos". Si la intención del fiel no
es ser visto ni glorificarse a sí mismo entonces ser visto o ser olvidado
por los hombres, o ser colocado sobre un candelabro como luz, no depende de él
mismo, sino del Padre y de los otros.
La muerte gloriosa
sólo es dada a los que "corren en el estadio", a los que
"combaten en la arena para alcanzar la corona incorruptible", a los
que adhieren a la Iglesia militante y "combaten el buen combate", no a
los que "no adhieren a ninguna comunidad", a los que omiten socorrer a
la Iglesia atacada y "no quieren salvarla".
2.4. La ciencia de Dios y las virtudes
Existen "juicios propios" y
"elucubraciones propias" falsas y verdaderas y sólo las falsas deben
ser aborrecidas. No tiene un "criterio veritatis". La
Filosofía y la Teología verdadera debe ser objeto de búsqueda y de adhesión
y eso es loable y meritorio.
La verdadera humildad, la verdadera pobreza de
espíritu, la verdadera pureza de corazón no es definida por el error, por la
malicia o por la ignorancia, por la repulsa a las elucubraciones necesarias y
debidas. No existe en la tierra religión más racional que el Catolicismo. Las
demás son permeables en dosis menores o mayores a la ignorancia o la malicia.
En la Historia de la Iglesia diversos herejes
ocultaron sus errores a través de esa maliciosa indiscriminación. Hasta el
Vaticano II repite: nevé ínter eos discriminatio fíat, "no
se haga discriminación", sino obsérvese la "igualdad jurídica"
entre los falsos y los verdaderos (Dign. Hum. 6,7). Opónense ahí
pseudovirtudes subjetivas a las verdaderas virtudes objetivas, universalmente
predicadas a todos. So pretexto de "juicio propio" ajeno
indiscriminado, se oculta ahí el "juicio propio" falso, la
"pseudoverdad propia", no universal.
Repiten las palabras de Honorio I denominando "filósofos
soberbios" a los que defendían el Magisterio y la fe, y calificando como
"humildes de espíritu", simples, puros de corazón a los que
defendían la herejía. Repítese "ipsis litteris" el camino
del error. Inocencio III mostró como los Valdenses "bajo apariencia de
verdad" (2 Tim. 3, 5) mostraban la soberbia de predicar "sin misión
canónica" (D.433). Inocencio XI condenó el falso misticismo de Molinos
que decía: "El camino interior está apartado... de la Filosofía y
Teología" (DS.2259 - D.1279). "Quien ama a Dios al modo por el cual
la razón argumenta no ama al verdadero Dios" (DS.2219 -D.1239). "El
teólogo tiene menos disposición que el rudo para el estado contemplativo; él
no tiene fe pura, humildad... tiene la cabeza llena de especulaciones..."
(DS.2264 - D.1284).
Los Jansenistas fueron condenados por Clemente
XI, por acusar a la Iglesia de predicar en "idioma desconocido", lejos
de la "simplicidad de los Apóstoles" (DS.2495 - D.1445).
En la historia de la Iglesia los Santos
Padres, los Doctores de la Iglesia, los filósofos y teólogos católicos
hicieron elevadísimas "elucubraciones", siendo por eso loados y
venerados por la Iglesia. Santo Tbmás es ejemplo de ciencia de Dios y de
virtudes.
Mas, veamos la Revelación. Daniel profetiza: Qui
docti fuerint fulgebunt quasi splendor firmamenti et qui adjustitiam erudint
multos quasi stellae in perpetuas aeternitates (12, 3): "y los sabios
brillarán como el resplandor del firmamento, y quienes enseñaron a muchos la
justicia, como las estrellas por siempre., eternamente" (ed.
Bover-Cantera). Y acrecienta con relación a las profecías: "docti
intelligent", "los doctos comprenderán" (Dan. 12,10). Y San
Jerónimo comenta: "La santa rusticidad puede hacer bien a una persona, mas
puede también hacer mal a otros", Son los profetas Jeremías, Miqueas y
Oseas clamando: "No existe conocimiento; de Dios en el país"...
"Ha perecido mi pueblo por falta de conocimiento; pues que tú has
rechazado el saber, yo te desecharé de mi sacerdocio" (Os. 4,1-6). Así es
como el sacerdocio no debe ser ejercido por los que no tengan la ciencia de
Dios. Job "investigaba diligentemente lo que ignoraba" (Job. 29,16).
Las cosas de Dios son cosas "creíbles" (credibilia) (Sal.
92,5) y la fe es un "obsequium rationis" (Rom. 12,1). Dios
quiere "el conocimiento de Dios más que los holocaustos" (Os. 6,6).
Pío VI enseña: "Fue dispuesto en la ley
antigua que fuese apedreada la bestia que tocase el monte" (Heb.
12,20, Ex. 19,12). Eso significa que "ningún simple e indocto debe tocar
la sublimidad de las Escrituras ni predicarla a los otros para no envilecerla, para no exponerla
al desprecio por la mala intelección por parte de los mediocres, induciendo a
otros a los errores" (D.1606). "Si puede entender, agradezca a Dios;
si no, no levante sus cuernos para impugnar, mas baje la cabeza para
venerar" (San Pío X - C. 2120).
Algunos que
pretenden saber "lo que nadie sabe sino el Padre" (Mt. 24,36), se apartan de la "comunidad" que reitera el Magisterio de la
Iglesia, nivelándola a los que quieren "saber todo". Yerguen su
"humildad", su "débil voz", su verdad, contra la humildad,
la voz, la verdad de la Iglesia. Si Cristo predicó el "negarse a sí
mismo", fue para "seguirlo a El" (sequere me) y a su Iglesia
y no a una "débil voz" humana y opuesta a la Iglesia. La pobreza de
espíritu relativa a los bienes materiales y efímeros no desprecia a la riqueza
de espíritu relativa a los bienes sobrenaturales y eternos. Sólo a los fieles
fue dicho "Y lo sabéis todo" (1 Jo. 2,20).
Conclusión: el camino mejor
Algunos se desvían del Magisterio de la
Iglesia; dejan lo cierto por lo incierto de sus elucubraciones; se "quedan
solos" en las tinieblas y no traen la luz de Cristo. Siguen al quietismo
de Molinos queriendo salvarse por la Iglesia sin cooperar para salvar a la
Iglesia en estado de necesidad. "Quien no recoge conmigo (en la Iglesia de
Cristo) desparrama" (Mt. 12,30). Quien no ejerce el poder de Ordenes en
beneficio de los fieles (Can. 2261), lo ejerce ilícitamente (Can. 2264). El
amor al Dios verdadero se apoya en el "vínculo principal" que es el
de la verdadera fe (Pío XI - Morí. ánimos). El verdadero amor del prójimo
no es el que concuerda con sus errores, sino el que procura salvarlo apartándolo
de ellos, ejerciendo la penosa tarea de la corrección fraterna caritativa.
"Codiciad empero, los carismas más
excelentes y todavía os muestro un camino sobre toda ponderación" (1 Cor.
12, 31-32), pues "si poseyera la profecía ... y toda la fe ... mas no
tuviere caridad, nada soy".
"Las profecías pasarán, la Caridad no pasará"
(1 Cor. 13, 1-8).
"Porque la ley entera condensa su plenitud en
una sola palabra ... Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Gal. 5, 14).
Lans, honor et gloria Deo nostro.
Hornero JOHAS
|