REVISTA ROMA

Año XXVII Nº 130

BUENOS AIRES

PASCUA 1994

 
 
 

CONSIDERACIONES DOGMÁTICAS Y
CANÓNICAS SOBRE LA SEDE VACANTE DE HOY *  

   En el transcurso de la crisis actual, que no se recuerda otra igual en la historia de la Iglesia y ante la gravísima vacancia de la Sede Apostólica, muchos fieles católicos e incluso obispos, están oponiendo su autoridad e influencia y las mismas leyes y legislación eclesiástica, a la absoluta necesidad que tiene la Iglesia de tener un Papa y de extinguir la vacancia prontamente, porque está en juego su propia existencia. Así se ha originado en las filas de la resistencia católica la herejía de la "acefalía perenne" al igual que surgió después del Concilio de Calcedonia, haciendo grandes estragos. Estos obispos y fieles que a veces por ignorancia, pero a veces por sobrada malicia, militan en esta herejía de hoy, de palabra, de hecho o de intención, haciendo a un lado su obligación grave e ineludible como católicos, haciendo a un lado las lecciones de los grandes teólogos y al mismo Magisterio, afirman la imposibilidad, la invalidez o la ilicitud de los medios jurídicos para ponerle fin a la vacancia, y se atreven a expresar libremente su opinión sin tener en cuenta lo que la Iglesia ha enseñado. Se apegan a la ley humana, a la conveniencia social o a la propia conveniencia, lo cual es más grave, oponiéndolas a las Normas Superiores Divinas.

   Algunas consideraciones importantes conviene apuntar, basadas en el Magisterio de la Iglesia y extractadas con algunas reflexiones consecuentes, de un estudio contundente que publicó en el número 125 de la revista argentina "Roma", el Dr. Hornero Johas.

   1. Las leyes eclesiásticas y mucho menos los cardenales, obispos y demás jerarquía, jamás pueden impedir la elección de un Papa, porque ésta es una necesidad de Derecho Divino, y si pretendiesen hacerlo en cualquier forma, descarada o solapadamente (aplazando por ejemplo en espera de "mejores" condiciones), lo harían inválidamente.

   2. Es herética la afirmación de la posibilidad de extinción del poder de elegir Papa, solamente por la falta de cardenales y obispos para formar el colegio electoral, porque así como la Iglesia cree que Pedro tendrá perpetuos sucesores, se debe afirmar también que habrá perpetuos electores.

   3. Es herética la afirmación que para la validez de una elección pontificia, es necesario el consenso de todos los católicos del mundo.

   4. Si Dios no determinó la forma de elección papal, no deja de ser un Derecho Divino la necesidad de la elección papal y es herejía negar la posibilidad aunque fuera circunstancial, de dicha elección. Por esto también es herético pensar que en determinadas circunstancias, la posibilidad de la elección no existe, por lo cual deben darse las condiciones propicias en tiempos posteriores. La crisis actual no es una excepción de esta verdad eterna, porque se negaría la Providencia divina.

   5. La fe no es objeto de libre asentimiento, ni los principios generales de derecho, que vienen del Derecho Divino. Por esto, no es libre creer en la necesidad de un Papa, o en la existencia de perpetuos sucesores de Pedro y por lo tanto en la existencia de perpetuos electores y desde luego en el deber de elegir un Papa y extinguir la vacancia con la mayor premura posible. Y esta no es materia libre ni para el Papa. La negación de esta posibilidad, pone al sujeto fuera de la Iglesia.

   6. Es herejía por lo tanto negar que a falta de cardenales, el poder de elegir al Papa desciende a los obispos, y si éstos faltan o no quieren elegirlo, el poder descendería a toda la Iglesia, o sea a los fieles, ya que la Iglesia no puede estar impedida por los hechos humanos contingentes.

   7. Sin el Papa, no existiría el Magisterio dogmático y canónico de la Iglesia, y la Iglesia así, no sería de necesidad para la salvación. N. S. Jesucristo no confió a los juicios particulares la explicación de las cosas contenidas en el Depósito de la Fe, sino al Magisterio (que no es lo mismo que la opinión de la jerarquía o la de un obispo en particular). Se trata por tanto de un severísimo precepto de Jesucristo. Por esto, no basta el cargo vacío para que se tenga el Magisterio y las normas directivas para los fieles.

   8. San Pío X dijo que: "Estando vacante la Sede Apostólica, la cosa más grande y más santa es elegir a un Pastor Supremo". No es por lo tanto la conservación de comunidades aisladas en las que se conserve la Fe, ni la conservación de la Liturgia, ni la fundación de seminarios, ni las instauraciones inferiores de estructuras eclesiásticas, lo que es más importante. Nada de eso vale si no se elige un Papa. Por este motivo, todos los papas enseñaron que es de "suma" importancia y necesidad la elección de un Papa, cuando hay Sede Vacante.

   9. En la Iglesia, no es indiferente cumplir o no, la obligación de extinguir la vacancia. Los derechos y los deberes serían entonces mutables según opiniones diversas, la verdad sería relativa a las épocas o situaciones diversas. Y así, la gravedad de la crisis, la poca representatividad de los electores o su número, o el reconocimiento parcial del que gozarían, serían contingencias humanas que normarían la aplicabilidad de la doctrina inmutable e infalible. En esta forma, hay una extensión de la herejía modernista en la herejía do los acéfalos.

   10. La duración de la Sede Vacante, no cambia la naturaleza ontológico-jurídica de las vacancias, porque si una es extinguible, debe ser extinguida rápidamente. Por lo tanto, afirmar la imposibilidad moral de extinguirla por circunstancias, o alargar los tiempos por cualquier motivo, es ir abiertamente contra la naturaleza jurídica de la Iglesia. Lo importante no es que al Papa se lo reconozca, sino que haya un Papa.

   11. Es una verdad definida por el Concilio Vaticano I, que las verdades de la Fe, provienen no por el consentimiento de la Iglesia, sino por sí mismas. Por lo tanto, en la necesidad de un Papa para la Iglesia y en la urgencia de extinguir la Sede Vacante, no puede haber diversidad de opiniones. En este sentido, no aceptar lo que es de "necesidad de medio" para que exista la Iglesia es no ser católico y caer en el anatema.

   12. El deber moral católico es extinguir la vacancia con suma premura y prioridad para cumplir la norma divina y así unir bajo un solo régimen a los que ya tienen la misma Fe. Los que ya están irreductiblemente divididos antes de cualquier elección, ya sea sobre doctrina o sobre vacancia, son herejes y cismáticos y deben ser jurídicamente tenidos como tales. Con razón Pío XI, por ejemplo, entre otros, negaba que la Iglesia estuviera dividida, porque los que se han salido, o los que tienen diversa opinión, ya han dejado de ser católicos.

   13. Es herético dudar que la Iglesia puede proveer para sí, a un Sumo Pontífice.

   14. Admitir que un Papa electo según las normas propias de los tiempos de extrema necesidad, para los cuales existen normas supletorias, fundadas en los dogmas de perpetuidad de la Iglesia, en los Papas y en la jerarquía de jurisdicción, es por esta causa "dudoso", y sustraerse de su reconocimiento y obediencia, significa negar los dogmas en los cuales se funda la doctrina y dudar también de la verdad de la Fe. Quien pretende el derecho de dudar de esas normas y se adhiere de palabra, obra o intención a la acefalía, es hereje.

   15. Por lo tanto, quienes dudan de la elección, por los medios que la misma Iglesia proporciona, incluso en las situaciones de extrema necesidad, en la que existiese un "único medio", lo hace apartándose del deber moral y de la doctrina de la Iglesia y de sus Doctores. Son por lo tanto cismáticos.

   16. Están errados quienes afirman que un cónclave electivo en estas condiciones sería: "falta de fe, presunción, cisma, acto sacrílego, criminal, inútil, orgulloso, de autoconfianza, maniobra de Satán o un acto oficioso de salvador autodesignado". Todos los que así digan de palabra o de hecho o de espíritu, han caído en el cisma y herejía de la acefalía.

   17. Lo que es de necesidad dogmática en la constitución divina de la Iglesia, no puede ser moralmente y prácticamente imposible.

   18. Los actos de los fieles, están unidos espiritualmente en la Comunión de los Santos, y jurídicamente en la unidad del régimen. Por lo tanto, no son actos autodesignados, si actúan de acuerdo con el Derecho Público de la Iglesia. Y es un grave error convertir el deber de actuar, con el deber de no actuar. Por lo tanto, a falta o negación de los electores ordinarios, el derecho y el deber es de los fieles. Por esto, si los electores ordinarios se niegan a cumplir con su deber, pasan automáticamente a segundo plano y no pueden sancionar ni impedir la acción de los laicos. Y si lo hicieran lo harían inválidamente, demostrando por el mismo hecho su militancia en la herejía acéfala y quedando por el mismo hecho fuera de la Iglesia.

   19. Porque lo realmente necesario, es lo que se debe hacer, incluido en el deber de santificación y no sólo lo elegido por juicio propio.

   20. Y también, porque en la Iglesia no existe el derecho a la libertad religiosa y el derecho de no adherirse a la verdad.

   21. Es manifiesto en el Derecho, que no es necesario que los electores posean la autoridad para la cual eligen. En esta misma forma el pueblo podría elegir a un Papa, no para delegar poderes ni para gobernar, sino exclusivamente para elegir a aquél que ejercerá el poder que viene de Dios.

   22. En las situaciones extraordinarias, no comprometidas en la intención del legislador, al promulgar las normas ordinarias, no se aplica la ley ordinaria, sino que se debe actuar "más allá de las palabras de la ley".

   23. Dios permite físicamente que ocurra una crisis en la Iglesia, o esta crisis actual, pero moralmente no quiere que ocurra, y negarse a la acción diligente para su solución, es estar contra la Voluntad divina.

   24. Es herético por tanto, excluirse de acciones prácticas, confiando solamente en la oración o en la intervención divina, o afirmando que la crisis actual no puede ser resuelta a nivel natural por ser muy grande, porque trasciende el orden natural y es extraordinaria. En este caso la falta de fe en Dios es patente.

   25. A la vista de la crisis y acontecimientos actuales, y ante la necesidad extrema de la elección de un Papa, actuaría ilícita e inválidamente quien pretendiese formar partido entre los católicos fieles a fin de ser elegido Papa. Este solo hecho pondría al sujeto fuera de la Iglesia.

   26. La herejía acéfala o de la "acefalía perenne" es un peligroso error que se ha infiltrado en las filas de la resistencia católica sin haberlo muchos, advertido siquiera, pues como el polvo se introduce en las casas cerradas, ha afectado lo mismo a los obispos que a los fieles. Y creyendo muchos que militan en la verdadera Iglesia a diferencia de la Iglesia Oficial o del Concilio Vaticano II, que ha caído en la herejía, y creyendo que están pugnando por su salvación, resulta que han sido desviados, pero no lo ven, porque las cosas de la Iglesia, son vistas solamente por quienes creen, y solamente son visibles para los que se adhieren a la recta fe y no para otros.

   27. Sin embargo, hay en la Iglesia hereje del Vaticano II, como también en la verdadera Iglesia, ahora en las catacumbas, individuos que están ligados a la subversión y ocupan cargos o no, que aprenden constantemente con gran inteligencia estas verdades para adaptar su mente a la mente de los fieles católicos y así poder penetrar todos los estratos cristianos, para que, sujetados algunos en el error, puedan así permanecer con ellos para controlarlos y desviarlos, o conservados muchos grupos en la verdad, también ser pasados como en un cedazo o cernidor como uno de ellos, y así permanecer en el seno de las comunidades para igualmente conocerlas y controlarlas si llegan a ocupar puestos de importancia, dominarlos con imperio y arrastrarlos gradualmente a la herejía.

   28. Es necesario pues, a pesar de todas las dificultades, unir a todos los católicos que en el llamado "tradicionalismo" no han sido infectados en alguna forma por la herejía de la acefalía perenne, y así también a sus pastores si los tuvieren, para preparar la elección del Santo Padre. Ese es nuestro deber como eclesiásticos o como laicos traicionados por sus jefes, y no hay poder o autoridad humana que pueda impedirlo, porque si así lo hicieran, lo harían inválidamente quedando fuera de la Iglesia de Dios.

  • * Reproducimos este artículo, respetando lo publicado en la Revista Roma, eso no significa que sostengamos la posición "conciliarista" aquí expuesta (Nota de la Administradora del Sitio)

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