REVISTA ROMA

Año XXVII Nº 130

BUENOS AIRES

PASCUA 1994

 
 
 

EL TIEMPO SE ACABA  

   Los signos se han cumplido.

   ¿Qué signos? los anunciados. ¿Por quién?

   Por la Revelación. Los que quieren podrán encontrarlos expresados por Jesucristo mismo en Mateo, cap. XXIV; y por San Pablo en II Tesalonicenses, cap. II; y por San Juan en su Apocalipsis.

   Por tanto: el tiempo se acaba. La historia del hombre toca su fin. Estamos en los umbrales de la eternidad.

   No escribo para hacer polémica. Digo lo que creo y la Iglesia me manda creer y enseñar: Jesucristo vendrá una segunda vez, no como Redentor sino como Rey y Juez de inigualable e inefable majestad.

   Jesucristo dio señales de su vuelta para que estuviéramos sobre aviso. Hay que conocerlas y creerlas para no ser como las vírgenes locas a quienes se les cerraron en las narices las puertas de las bodas del Cordero.

   Para completar la Gran Tribulación falta que aparezca el ''hombre de pecado", el "inicuo", el "otro" y comience su obra. Por otra parte la apostasía ya es generalizada y pocos distinguen la izquierda de la derecha el caos, la impiedad, la confusión son tan grandes y las tinieblas tan espesas que hasta se pueden tocar.

   Pseudos profetas y falsos pastores por todos lados, que si no se acortaren estos días aún los elegidos podrían sucumbir a esta terrible tentación contra la Fe!!

   Por doquier aparecen maestrillos que discuten, hablan, dudan y parece que quisieran emular a las ranas apocalípticas con su incesante croar que aturden para no dejar pensar, y cierran el cielo con sus parlerías en vez de abrirlo con sus penitencias.

    Razón por la cual no adherimos a ninguna "comunidad", ni "mesa redonda" ni cuadrada, ni "reconsagraciones", ni opiniones, ni "cónclaves". Hemos elegido quedarnos solos, o sea, voluntariamente alejados, en la soledad, apartados expresamente de toda esa maraña de elucubraciones orgullosas, para dialogar con el Amado y tener la compañía de los santos. No tememos el juicio de los hombres; ni siquiera lo consideramos, no nos interesa.

   Esperamos con vehemencia el día de la ira del Todopoderoso Señor y Rey Jesucristo, y a sus precursores. Esperamos el triunfo del Inmaculado Corazón de María.

   No queremos salvar a la Iglesia, al contrario, deseamos vivamente ser salvados por Ella porque fuera de la Iglesia no hay salvación para nadie.

   Trabajamos y trabajaremos para restaurar en Cristo todas las cosas, pero no a cualquier precio. Primero el Honor de Dios.

   Con la gracia de Dios, no anhelamos otra cosa que disolvernos para estar con Cristo, pero "disolvernos" en la lucha contra el Anticristo y su ejército idólatra e impío, poniendo el cuerpo y el alma en esta batalla, no la lengua.

   Los que sean de Dios que se acerquen al desierto de la tribulación, la oscuridad, el olvido y la muerte gloriosa; el resto que siga cocinando para los caldeos en las cacerolas de Egipto y Sodoma.

   De nuestra parte sólo queremos comer el Pan de Ángeles en la casa de Dios. Otros manjares repugnan.

   Llegará el día, y estamos en él, que quien no aborrezca sus propios juicios, sus propias elucubraciones y aun sus bienes y su vida, los perderá por la soberbia.

   Elías no fue enviado sino a una sola viuda, en Sarepta, aunque había muchas en Israel. Habiendo muchos leprosos en Israel, a ninguno fue enviado Elíseo, sino a Naamán, el sirio. También ahora Dios colmará de bienes a los hambrientos, no a los satisfechos. Dará su gracia a los que se humillen ante su mano, todopoderosa y rechazará a los que se ensoberbecen en su corazón creyendo que lo saben todo.

   La  Iglesia será llevada al desierto y allí será alimentada.

   Exhortamos a quien quiera escuchar nuestra débil voz a olvidarse de sí mismo, a hacerse pobre de espíritu, hambriento y sediento de justicia y puro y humilde de corazón para ser bienaventurado.

   Consigna: "Sursum Corda".

   Venga la gracia. Pase éste mundo. "El Rex tremendae majestatis" está a las puertas.

   "El que ha de venir, vendrá, y no tardará".

   Pie Iesu Domine, salva me. Veni, Domine Iesu.

   "Hemos venido a ser como basura del mundo
y el desecho de todos, hasta el día de hoy
"
(San Pablo I Cor. 4-13).

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ÍNDICE Nº 130

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