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DEL CREDO ATANASIANO
O
SÍMBOLO "QUICUMQUE"
Dice el Dezinger en nota: "Este Símbolo alcanzó tanta autoridad en la Iglesia, lo mismo occidental que oriental, que entró en el uso litúrgico y ha de tenerse por verdadera definición de fe" (D.39-40).
Así en el Breviario Romano se reza el domingo de la Ssma. Trinidad y todos los domingos después de Epifanía y Pentecostés en el Oficio de Prima. La reforma post-conciliar lo "dejó" sólo una vez al año: el domingo de la Trinidad. Lo han rezado todas las Iglesias aún la griega; y hasta la anglicana lo ha conservado en su Prayer Book (Nota al Breviario del P. Azcárate, 1934):
Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare
íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.
Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias... Así Dios es el Padre, Dios es el
Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses sino un solo Dios... El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado ni engendrado, sino que procede.
Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad.
El que quiera pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.
Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la Encarnación nuestro Señor Jesucristo.
Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo; perfecto Dios, perfecto hombre subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Más aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo... el cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.
Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse.
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