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SAN ANASTASIO II, 496-498
DE LAS ORDENACIONES DE LOS CISMÁTICOS
(De
la carta I, Exordium: Pontificatus
mei, a Anastasio augusto, de 496)
D. 169 - (7) Según la costumbre de la Iglesia Católica, reconozca el sacratísimo pecho de tu serenidad que a ninguno de
éstos a quienes bautizó Acacio (obispo cismático), o a quienes ordenó según los cánones sacerdotes o levitas, les alcanza parte alguna de daño por el nombre de Acacio, en el sentido de que acaso parezca menos firme la gracia del sacramento por haber sido trasmitida por un inicuo... Porque si los rayos de este sol visible, al pasar por los más fétidos lugares, no se mancillan por mancha alguna del contacto; mucho menos la virtud de Aquél que hizo este sol visible, puede constreñirse por indignidad alguna del ministro...
(9) Por eso, pues, también éste, administrando mal lo bueno, a sí solo se dañó. Porque el sacramento inviolable que por
él fue dado, obtuvo para los otros la perfección de su virtud.
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