Tengo 58
años. Nací en Vacchiano (Italia). Soy profesor
de Literatura. Estoy casado y tengo dos hijos.
Soy un progresista escéptico. No creo en la
divinidad, creo en las posibilidades del hombre:
la eternidad está en nosotros. Tenemos una gata.
He recogido el premio a la libertad de expresión
que otorga el grupo de periodistas Josep Maria
Lladó
Antonio Tabucchi:
"Escribir es mirar a la altura del
hombre"
ESCRITOR
Contar la vida
es inventarla?
-La vida es una criatura polimorfa. La narración
y también la autonarración de la propia vida es
una manera de dar geometría a ese caos que es la
vida. La necesidad de contar es un motor
fundamental de la criatura humana.
-Usted ha dibujado a las ballenas como seres más
tiernos que los humanos.
-Porque el hombre es una paradoja, una cosa muy
compleja que puede ser angelical y diabólico. Yo
respeto a los animales porque son inocentes. Me
exaspera la arrogancia de la Iglesia cuando
afirma que no tienen alma.
-¿A usted qué le gustaría ser?
-Ah..., tantas cosas. Somos prisioneros del
tiempo y del cuerpo, y a mí me gustaría
deambular dentro de mi propio tiempo, ser hombre
hoy y niño mañana. Pero nuestras etapas son
severas como estaciones de tren.
-Esa es una nostalgia irreversible.
-Como la sensación de lo que podría haber sido
y no fue. Lo que podríamos haber hecho y no
hicimos.
-Qué, en su caso.
-Yo estoy aquí, escribí los libros que escribí
y encontré a las personas que pertenecen a mi
vida profundamente, por casualidad. Si aquel día
especial de 1964 en la estación de Lyon de
París no me hubiera detenido para comprar un
pequeño libro, "Tabaquería" de un
autor extranjero que yo no conocía, Fernando
Pessoa, mi vida sería distinta.
-¿Cómo sería?
-Yo quería ser astrónomo. Me gustan mucho los
hombres que miran las estrellas. Sin embargo, he
pasado mi vida mirando a la altura del hombre,
porque eso es escribir.
-¿Y qué ha encontrado?
-El mal y el bien. El amor y el odio. Sé que el
mal existe. La vida es un depósito infinito.
-¿Minada de dudas?
-Sí, pero ese es el oficio del intelectual. La
duda es una forma oblicua de conocimiento porque
a menudo no pertenece a la lógica o la
racionalidad sino a la intuición, que también
es una forma de sabiduría.
-¿El presueño es otra manera de saber?
-En ese estado anterior al sueño del que yo me
nutro para escribir se pierde el superego y toma
el control lo irracional. Es un espacio muy
libre, porque pensar racionalmente es una manera
de castigarse, de limitar la propia libertad
intelectual.
-Ahí pueden aparecer muchos fantasmas.
-Sí, es muy inquietante. Están los fantasmas de
los miedos que aparecen cuando estás
desprotegido de la racionalidad. Pero también
los fantasmas buenos, las personas que
pertenecieron a mi vida y que me otorgan una
dulzura muy grande.
-¿Alguien en particular?
-Mi padre me habló en ese estado de presueño
hasta que se confundió conmigo.
-Su padre perdió el habla.
-Sí, pero mi imagen de él es su voz. La voz me
parece la cosa más misteriosa del hombre, uno de
los misterios más oscuros y antiguos. Los
fundadores de las grandes religiones no escriben,
hablan. Orfeo canta y es gracias a su voz que
vence a la muerte.
-¿Y usted por qué se planteó que su voz fuera
anónima?
-Supongo que por cobardía. Tomarse la palabra es
una responsabilidad muy fuerte y arrogante. El
hecho de mirar produce culpabilidad, porque
cuando se mira se ve.
-El desasosiego, ¿tentación de escritores?
-No sé si es una tentación o una condición
ontológica. El escritor se siente inadecuado
para la vida, no es un ser práctico, no sabe
resolver la burocracia. Escribir es, muchas
veces, no saber vivir. Para el escritor es más
fácil describir la vida que vivirla.
-¿Y usted cómo calma su desasosiego?
-Lo calmo y lo alimento escribiendo.
-¿Luz y tiniebla en un mismo pozo?
-Hay raros momentos felices y es preciso
disfrutarlos. Alguien le preguntó a Borges una
vez si estaba completamente ciego y él
respondió: "En ciertos días, cuando estoy
de buen humor, veo el amarillo". Yo para
calmar el desasosiego llamo por teléfono: la voz
de otra persona me da seguridad.
-¿Qué siente cuando vuelve la mirada?
-Un imposible: me gustaría revivir ciertos
momentos con la mujer que he amado más en mi
vida, con mi mujer. Repetir, por ejemplo, aquel
viaje a Francia de los 25 años.
-¿Es usted un hombre de un solo amor?
-No creo que exista más de un amor fundamental
en una vida. Y es un privilegio muy grande
encontrar a la persona que tú amas.
-¿La amaba ya antes de conocerla?
-Sí, el amor es como una cita y es importante
darse cuenta de esa cita. Luego las dificultades
se superan con la gimnasia diaria.
-¿Eso es madurez?
-Siempre pensé que existía una línea
metafórica que separa la juventud de la madurez,
pero después he comprendido que cada día
tenemos que superar esa línea de sombra.
-"Cada vez se hace más tarde" es su
último libro. ¿Más tarde para qué?
-Somos criaturas comandadas por el tiempo y el
tiempo no perdona. Se hace más tarde para la
comprensión de las cosas que nunca comprendes.
No se sabe muy bien a quién, pero cada uno de
nosotros tiene una carta pendiente que escribir,
aunque nunca hallemos el coraje para hacerlo.
-¿Y usted ya sabe quién es?
-No muy bien. Pero creo que pensar quién soy es
limitativo, deberíamos pensar quiénes somos,
porque el individuo es siempre plural, somos
poliedros, somos muchos y cada vez distintos. En
un poema tardío, Pessoa cuenta que se había
cuestionado tanto a sí mismo que probablemente
en su complicación no había sabido apreciar la
sencillez.
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