La
vida a la velocidad de la luz. ¿Estamos mejor?
JEREMY RIFKIN
| Jeremy Rifkin es
autor de La era del acceso (Paidós,
2000) y presidente de la Fundación sobre
Tendencias Económicas, con sede en
Washington DC. |
Todo el mundo se apresura a unirse
a la Revolución de la Era de la Información.
Todos quieren estar conectados. De hecho, desde
hace un tiempo creemos que el único debate que
vale la pena sostener en la 'nueva era' es cómo
garantizar que todos tengan acceso al mundo del
ciberespacio. Ahora empieza a perfilarse una
pregunta igualmente importante: ¿es demasiado
acceso tan problemático como demasiado poco?
¿Es posible que la revolución de la
información y de las telecomunicaciones esté
acelerando la actividad humana a un ritmo tan
alarmante que nos estemos arriesgando a causar un
grave daño a nosotros mismos y a la sociedad?
Dos increíbles experimentos
publicados recientemente por la comunidad
científica deberían darnos a todos nosotros una
razón para detenernos por un momento a pensar
adónde nos dirigimos en esta nueva era de
conexiones electrónicas mundiales instantáneas.
En el primero, dos equipos científicos
diferentes asociados con la Universidad de
Harvard consiguieron reducir la velocidad de la
luz hasta pararla en seco, retenerla en un limbo
y permitirle a continuación seguir su camino. La
luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros
por segundo y se piensa que es la forma de
energía más rápida del universo. Ésta es la
primera vez que se ha parado la luz y se ha
almacenado temporalmente, y los investigadores
esperan que esto conduzca a un nuevo tipo de
revolución tecnológica denominada informática
cuántica y comunicación cuántica. Las
tecnologías cuánticas podrían acelerar
enormemente la informática y las comunicaciones
en el próximo siglo.
En el segundo experimento,
científicos del Instituto de Investigación NEC
de Princeton, Nueva Jersey, consiguieron, por
primera vez, que un púlsar de luz viajase a
varias veces la velocidad de la luz. Aunque los
investigadores se apresuraron a señalar que nada
con 'masa' puede superar la velocidad de la luz,
los científicos creen ahora que un 'púlsar' de
luz sí puede. Los físicos que han realizado el
experimento esperan que su trabajo conduzca a una
gran aceleración de las velocidades de
transmisión óptica.
Estos experimentos nos llevan al
comienzo de una nueva era en la historia humana:
estamos empezando a organizar la vida a 'la
velocidad de la luz'. Cada día, se introducen
nuevos programas informáticos y tecnologías de
la información para comprimir el tiempo,
acelerar la actividad y procesar mayores
cantidades de información. Vivimos cada vez más
en la cultura del nanosegundo.
Los maestros de la tecnología nos
habían prometido que el acceso instantáneo
haría la vida más cómoda, nos liberaría de
tareas innecesarias, aligeraría nuestras cargas
y nos concedería más tiempo. Ahora, después de
todos los miles de millones de dólares de
inversión en las nuevas tecnologías, empieza a
aflorar una incómoda pregunta: ¿es posible que
las propias maravillas tecnológicas que
supuestamente nos iban a liberar hayan empezado,
por el contrario, a esclavizarnos en una red de
conexiones cada vez más aceleradas de la que no
parece haber escapatoria fácil?
Un nuevo término, 24/7 -actividad
permanente, 24 horas al día, 7 días a la
semana-, ha entrado en el vocabulario en los
últimos seis meses y está empezando
rápidamente a definir los parámetros de la
nueva frontera temporal. Nuestros aparatos de
fax, correo electrónico, buzón de voz,
ordenadores, agendas electrónicas y teléfonos
móviles; nuestros mercados de valores de 24
horas, los servicios instantáneos, las 24 horas,
de cajero automático y banca, los servicios de
comercio electrónico e investigación que
funcionan durante toda la noche, programas
informativos y de entretenimiento en televisión
las 24 horas, servicios de restaurante,
farmacéuticos y de mantenimiento las 24 horas,
todos intentando atraer nuestra atención.
Y a pesar de haber creado todo
tipo de aparatos para ahorrar esfuerzo y tiempo,
y actividades para cubrir las necesidades y los
deseos de todos en esta nueva esfera, estamos
empezando a tener la sensación de que tenemos
menos tiempo para nosotros que cualquier otro
humano de la historia. Eso se debe a que lo
único que consigue la gran proliferación de
servicios para ahorrar esfuerzo y tiempo es
aumentar la diversidad, el ritmo y el flujo de
actividad comercial y social que nos rodea. Por
ejemplo, el correo electrónico resulta muy
cómodo. Sólo que ahora nos encontramos con que
nos pasamos la mayor parte del día respondiendo
frenéticamente a los mensajes que nos enviamos
unos a otros. El teléfono móvil ahorra mucho
tiempo. Sólo que ahora estamos siempre
potencialmente al alcance de cualquiera que desee
nuestra atención. En varias ocasiones he oído
por casualidad a hombres de negocios que
respondían a llamadas de trabajo mientras
estaban sentados en un retrete público. ¿Duda
alguien de que el tiempo se está convirtiendo
rápidamente en el recurso más escaso?
Hoy, nos encontramos insertos en
un mundo temporal mucho más complejo e
interdependiente, compuesto de redes de
relaciones y actividades humanas siempre
cambiantes; un mundo en el que cada minuto
disponible se convierte en una oportunidad para
realizar otra conexión. La máxima de Descartes
'pienso, luego existo' ha sido sustituida por
otra nueva: 'Estoy conectado, luego existo'.
¿Qué ocurre cuando nuestras
vidas se ven inmersas en relaciones de 24 horas
que se mueven a la velocidad de la luz? Los
signos que indican nuestra nueva angustia por el
tiempo están en todas partes.
Las enfermedades relacionadas con
el estrés están aumentando drásticamente en
todo el mundo. Según los expertos, buena parte
de ello es atribuible a la sobrecarga de
información y al agotamiento que experimentan
cada vez más personas al sentirse incapaces de
soportar el ritmo, el flujo y la densidad de la
actividad humana posibilitados por las nuevas
tecnologías que avanzan a la velocidad del rayo.
En Estados Unidos adquirió proporciones
epidémicas en la pasada década. El 43% de todos
los adultos sufren efectos adversos para la salud
debido al estrés, y se calcula que el estrés en
el trabajo cuesta miles de millones de dólares a
la economía estadounidense a causa del
absentismo, el descenso de la productividad, la
rotación de trabajadores y los costes médicos.
Según un informe reciente de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT),
uno de cada 10 adultos de todo el mundo sufre
estrés, depresión y agotamiento. La OIT predice
un aumento drástico del estrés al introducirse
tecnologías incluso más rápidas y acelerarse
la mundialización. Enfermedades relacionadas
-como la depresión, las enfermedades coronarias,
los derrames cerebrales, el cáncer y la
diabetes- están aumentando con tanta rapidez
que, según algunos especialistas, el estrés se
puede convertir en la principal causa de baja
médica de la Era de la Información.
La nueva sociedad de 24/7 y de
ritmo acelerado está teniendo otras
consecuencias profundas para la vida de las
personas. La actividad comercial y social durante
las 24 horas ha conducido a un grave descenso del
número de horas dedicadas al sueño. En 1910, el
adulto medio seguía durmiendo entre 9 y 10 horas
diarias; ahora, el adulto medio de los países
altamente industrializados duerme menos de siete
horas diarias. Esto se traduce en 500 horas más
despiertos al año. El problema es que los
relojes biológicos humanos están adaptados a la
rotación del planeta y a los ritmos temporales
diarios, mensuales y estacionales. Estamos
biológicamente diseñados para dormir cuando se
pone el sol y despertar al amanecer. Una falta
masiva de sueño, producida por el nuevo ritmo de
vida frenético, se asocia cada vez más a
enfermedades graves como la diabetes, el cáncer,
los derrames cerebrales y la depresión.
En ningún sitio está teniendo la
sociedad a 'la velocidad de la luz' más impacto
que en la generación electrónica. A millones de
niños (especialmente varones) se les diagnostica
en Estados Unidos Alteración Hiperactiva por
Déficit de Atención (AHDA), y el fenómeno
está comenzando a aparecer en Europa y en otras
partes del mundo. Los niños afectados de AHDA se
distraen fácilmente, son incapaces de centrar la
atención, excesivamente impulsivos, y se
frustran fácilmente. ¿Acaso es de extrañar? Si
un niño crece en un ambiente rodeado por el
rápido ritmo de la televisión, los videojuegos,
los ordenadores y la constante estimulación de
los medios, y se acostumbra a esperar una
gratificación instantánea, tiene muchas
posibilidades de que su desarrollo neuronal le
condicione a un lapso de atención corto. Si
aumentamos el ritmo, nos arriesgamos a aumentar
la impaciencia de una generación.
Los conservadores sociales, a su
vez, hablan del descenso del civismo, y lo
achacan a la pérdida de una brújula moral y de
los valores religiosos. ¿Se ha molestado alguien
en preguntar si la cultura de la hipervelocidad
nos está haciendo a todos más impacientes y
menos dispuestos a escuchar y aplazar, a
considerar y reflexionar? Ya están comenzando a
aparecer nuevos patrones de comportamiento
antisocial relacionado con el estrés, y con
implicaciones alarmantes. 'Furia en el trabajo',
'furia en la carretera' y 'furia en el aire' se
han convertido en parte del léxico popular
conforme más y más gente manifiesta su estrés
con brotes de violencia en el trabajo, en el
coche o incluso en los aviones. En la cultura del
clic, clic, no debería sorprendernos el que
todos nos inclinemos cada vez más hacia una
respuesta violenta.
Quizá debamos preguntarnos qué
tipo de 'conexiones' cuentan realmente y qué
tipo de 'accesos' importan verdaderamente en la
era de la economía electrónica. Si esta nueva
revolución tecnológica es sólo cuestión de
velocidad e hipereficiencia, podríamos perder
algo incluso más precioso que el tiempo: nuestro
sentido de lo que significa ser un ser humano
bondadoso.
Hasta ahora sólo nos hemos
planteado la cuestión de cómo integrar mejor
nuestra vida en la nueva revolución
tecnológica. Ahora debemos plantearnos una
pregunta más profunda: ¿cómo podemos crear una
visión social que convierta a estas tecnologías
de 'velocidad de la luz' en un poderoso
complemento de nuestra vida, sin permitirles que
se apoderen de ella?
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