Artigo da Moura nº 1 de 1998

 

EL GENERAL CHARLES DE GAULLE

 

Mariluz González Parente

 

Hombre del 18 de junio, jefe de la Francia libre, campeón de la independencia nacional, De Gaulle es también el  fundador de la V República; realizador de la descolonización, suscitó admiración, a veces odio, pero no dejó a nadie indiferente. Es después de su dimisión del G.P.R.F. en 1946 cuando el General puede aparecer como un peligro para las libertades republicanas.

De Gaulle es ante todo el hombre de los contrastes. Por una parte, es el gran defensor de la unidad francesa, acuñándose así como un ferviente discípulo de Napoleón, pero, por otra parte y según Paul-Marie de La Gorce, el más historiador de sus biógrafos: “A lo largo de su vida, cuando evoca al pueblo francés, recuerda sobre todo a la población del norte de Francia. Cuando se dirige a los franceses piensa en los franceses del norte…”. Jean Lacouture apoya el punto de vista de De La Gorce: “Por mucho que estime a todo el pueblo, tendrá sus conflictos con los tolosanos, aviñonenses, marselleses y “pieds-noirs”. La Francia del fútbol sobre la del rugby. La pelea de gallos sobre la comida.”.

De Gaulle no deja indiferente; impresiona tanto a sus contemporáneos -Churchill, Roosevelt, Stalin- como a los que lo estudian. Es un experto en analizar situaciones: “¡ No nos equivoquemos! El conflicto que ha comenzado podría ser muy bien el más extenso, el más complejo, el más violento de los que han asolado la tierra. La crisis política, social, moral del que ha surgido reviste tal profundidad y presenta un carácter de tal ubicuidad que llevará fatalmente a un cambio completo de la situación de los pueblos y de la estructura de los Estados”; y “Creo que Rusia entrará en la guerra antes que América, pero entrarán las dos… Hitler piensa en Ucrania. No resistirá las ganas de resolver el destino de Rusia, y este será el principio de su fin…”. Lacouture lo califica de “visionario”.

De Gaulle es un hombre calculador. En lugar de enfrentarse a las situaciones prefiere retirarse (como en 1946) para volver más tarde, en un momento en el que sabe que será aclamado por una gran mayoría: “El régimen exclusivo de partidos ha desaparecido. Yo lo condeno. Pero a menos de establecer por la fuerza una dictadura que no quiero y que, sin duda tomaría mal cariz, no tengo los medios para impedir esta experiencia. Por lo tanto es necesario que me retire…”.

Tal como lo señala Lacouture: “todo muestra que ve en el ejército el instrumento de una diplomacia.”. Esto se confirma en una declaración de De Gaulle durante la IIª Guerra Mundial: “¡El Gobierno no tiene que hacer proposiciones, sino dar órdenes!”. Esta frase impetuosa contrasta fuertemente con las declaraciones de De Gaulle, como lo menciona Lacouture: “A quien le acusa de tendencias dictatoriales, el general De Gaulle responde con gusto que ningún jefe político solicita más fuertemente que él la aprobación de sus conciudadanos: 7 escrutinios en 14 meses durante su primera estancia en el poder. ¿Hay que ver en este exceso electoral una segunda intención? Saciar de una forma brusca a los hambrientos es peligroso…”.

De Gaulle es un personaje emblemático y carismático. Conquistó a la gente desde un principio, desde su primera conferencia el 7 de abril de 1927. Pétain presenta a De Gaulle al estupefacto auditorio con estos términos: ”Señores, escuchen al Capitán De Gaulle… Escúchenlo con atención, puesto que llegará un día en el que Francia, necesitada acudirá a él…” Podría parecer que De Gaulle captó a Pétain, pero el desarrollo de la relación entre ambos demostrará lo contrario, ya que asistiremos a una ruptura entre los dos militares debido a la diferencia entre sus ideologías , pero sobretodo, a la incompatibilidad de sus caracteres y orgullos respectivos.

De Gaulle, como líder, sabe hablar a las masas. Ensalza Francia y a los franceses; les da una estocada en un punto muy sensible. Es el más francés de todos, y entiende cuales son las palabras que quiere escuchar, en ese momento, su pueblo. Incluso en el período de máxima protesta social, en mayo de 1968, supo con un simple discurso cambiar el viento y el voto a su favor: “El 30 de mayo, en el espacio de 6 minutos, Francia cambió de dueño y de naturaleza. Antes de las 16.30 horas casi era Cuba, después de las 16.30 horas ya era Portugal.”, asegura Lacouture.

Michel Debré y Emmanuel Monick afirman en un texto que lo que los franceses esperan es “un monarca republicano”, elegido ciertamente por la nación, pero por un período de doce años. Según estos autores, ese es el período medio de duración de un reino en la Francia del Antiguo Régimen. La síntesis de los conceptos  constitucionales de De Gaulle ya había quedado  plasmada en el discurso de Bayeux: una república que corona a un jefe elegido por un gran cuerpo electoral, verdadero jefe del ejecutivo, investido de un poder real de iniciativa y de arbitraje, especialmente el de nombrar los ministros y el de disolver el Parlamento. Esto se convertirá en 1957 en la V Constitución francesa que, a pesar del antidemocrático artículo 16, sigue vigente hoy día. 

La evolución de De Gaulle respecto a “l´affaire algérienne” puede seguirse a través de sus famosas frases pronunciadas en público. Pasó del “Je vous ai compris” pronunciado en 1958 ante unos colonos entusiastas, a “La France de Dunkerque a Jamanrasset”, para finalizar con “L’Algérie algérienne”en 1960.

El segundo punto polémico de la política de De Gaulle es el trato que les da a los comunistas en 1968. Desde un punto de vista ideológico, siendo De Gaulle representante de un partido conservador de derechas, puede entenderse; pero en su discurso del 28 de junio de 1968 anuncia un verdadero combate “contra el comunismo totalitario”. Mientras la crisis alcanzaba su punto álgido convirtiéndose en crisis política, De Gaulle se va a Alemania; desaparece tres días durante los que se piensa que contactó con las tropas paracaidistas de Massu estacionadas en Baden-Baden. En este mayo del 68, De Gaulle se refugia en su casa de Colombey esperando ver cómo evoluciona la situación. Durante todo este tiempo, en el que no quiso o no supo cómo hacer frente a la crisis, el P.C.F. salvaba el régimen sofocando la sublevación desde la base. Frente a las declaraciones de De Gaulle, los comunistas se muestran pasivos, declarando únicamente que “continúa la lucha por las reivindicaciones salariales.”. Las órdenes venían directamente del Kremlin que estaba muy satisfecho de las relaciones que mantenía De Gaulle con la U.R.S.S. y las repúblicas democráticas. ¿Entonces, por qué decide De Gaulle emprender una “caza de brujas” ?

Este comportamiento paradójico de De Gaulle no es nuevo ya que desde el final de la II Guerra mundial, no quiso ningún trato amistoso con Gran Bretaña, oponiéndose incluso dos veces a su entrada en la Comunidad Europea, después de haberse beneficiado Francia de los esfuerzos de Churchill para que la nación gala tuviese una zona de influencia en Alemania y para que formase parte del Consejo de Seguridad de la O.N.U..

Con los Comunistas, De Gaulle actúa de la misma manera: tras haber sido Francia la primera nación occidental en reconocer a la China comunista en 1960 y, tras haber visitado Moscú varias veces, ¿por qué calumniar ahora el P.C.F.? Quizá De Gaulle fuese demasiado orgulloso para admitir una ayuda, o tal vez  el General tuviese un afán muy pronunciado por ser el único protagonista en el escenario político francés.

De Gaulle fue un héroe en un principio, y finalmente un político cuyo gobierno se vio desgastado por los años, como ocurre en todas partes.

   Sus ideas y su obra perduran a través del tiempo ; hoy, paradójicamente, incluso sus adversarios se convirtieron en herederos del General De Gaulle. Nacionalista exacerbado, es el que procede a la descolonización. Respaldado por los conservadores, manifestó un gran interés en la participación del pueblo. Este personaje muy complejo marcó indudablemente la historia de Francia.

 

Mariluz González Parente.                         

  

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