EL GENERAL CHARLES DE GAULLE
Hombre del 18
de junio, jefe de la Francia libre, campeón de la independencia nacional, De
Gaulle es también el fundador de la V
República; realizador de la descolonización, suscitó admiración, a veces odio,
pero no dejó a nadie indiferente. Es después de su dimisión del G.P.R.F. en
1946 cuando el General puede aparecer como un peligro para las libertades
republicanas.
De Gaulle es
ante todo el hombre de los contrastes. Por una parte, es el gran defensor de la
unidad francesa, acuñándose así como un ferviente discípulo de Napoleón, pero,
por otra parte y según Paul-Marie de La Gorce, el más historiador de sus
biógrafos: “A lo largo de su vida, cuando evoca al pueblo francés, recuerda
sobre todo a la población del norte de Francia. Cuando se dirige a los
franceses piensa en los franceses del norte…”. Jean Lacouture apoya el punto de
vista de De La Gorce: “Por mucho que estime a todo el pueblo, tendrá sus
conflictos con los tolosanos, aviñonenses, marselleses y “pieds-noirs”. La
Francia del fútbol sobre la del rugby. La pelea de gallos sobre la comida.”.
De Gaulle no
deja indiferente; impresiona tanto a sus contemporáneos -Churchill, Roosevelt,
Stalin- como a los que lo estudian. Es un experto en analizar situaciones: “¡
No nos equivoquemos! El conflicto que ha comenzado podría ser muy bien el más
extenso, el más complejo, el más violento de los que han asolado la tierra. La
crisis política, social, moral del que ha surgido reviste tal profundidad y
presenta un carácter de tal ubicuidad que llevará fatalmente a un cambio
completo de la situación de los pueblos y de la estructura de los Estados”; y
“Creo que Rusia entrará en la guerra antes que América, pero entrarán las dos…
Hitler piensa en Ucrania. No resistirá las ganas de resolver el destino de
Rusia, y este será el principio de su fin…”. Lacouture lo califica de
“visionario”.
De Gaulle es un
hombre calculador. En lugar de enfrentarse a las situaciones prefiere retirarse
(como en 1946) para volver más tarde, en un momento en el que sabe que será
aclamado por una gran mayoría: “El régimen exclusivo de partidos ha
desaparecido. Yo lo condeno. Pero a menos de establecer por la fuerza una
dictadura que no quiero y que, sin duda tomaría mal cariz, no tengo los medios
para impedir esta experiencia. Por lo tanto es necesario que me retire…”.
Tal como lo
señala Lacouture: “todo muestra que ve en el ejército el instrumento de una
diplomacia.”. Esto se confirma en una declaración de De Gaulle durante la IIª
Guerra Mundial: “¡El Gobierno no tiene que hacer proposiciones, sino dar
órdenes!”. Esta frase impetuosa contrasta fuertemente con las declaraciones de
De Gaulle, como lo menciona Lacouture: “A quien le acusa de tendencias
dictatoriales, el general De Gaulle responde con gusto que ningún jefe político
solicita más fuertemente que él la aprobación de sus conciudadanos: 7
escrutinios en 14 meses durante su primera estancia en el poder. ¿Hay que ver
en este exceso electoral una segunda intención? Saciar de una forma brusca a
los hambrientos es peligroso…”.
De Gaulle es un personaje emblemático y carismático. Conquistó a la gente desde un principio, desde su primera conferencia el 7 de abril de 1927. Pétain presenta a De Gaulle al estupefacto auditorio con estos términos: ”Señores, escuchen al Capitán De Gaulle… Escúchenlo con atención, puesto que llegará un día en el que Francia, necesitada acudirá a él…” Podría parecer que De Gaulle captó a Pétain, pero el desarrollo de la relación entre ambos demostrará lo contrario, ya que asistiremos a una ruptura entre los dos militares debido a la diferencia entre sus ideologías , pero sobretodo, a la incompatibilidad de sus caracteres y orgullos respectivos.
De Gaulle, como
líder, sabe hablar a las masas. Ensalza Francia y a los franceses; les da una
estocada en un punto muy sensible. Es el más francés de todos, y entiende
cuales son las palabras que quiere escuchar, en ese momento, su pueblo. Incluso
en el período de máxima protesta social, en mayo de 1968, supo con un simple
discurso cambiar el viento y el voto a su favor: “El 30 de mayo, en el espacio
de 6 minutos, Francia cambió de dueño y de naturaleza. Antes de las 16.30 horas
casi era Cuba, después de las 16.30 horas ya era Portugal.”, asegura Lacouture.
Michel Debré y
Emmanuel Monick afirman en un texto que lo que los franceses esperan es “un
monarca republicano”, elegido ciertamente por la nación, pero por un período de
doce años. Según estos autores, ese es el período medio de duración de un reino
en la Francia del Antiguo Régimen. La síntesis de los conceptos constitucionales de De Gaulle ya había
quedado plasmada en el discurso de
Bayeux: una república que corona a un jefe elegido por un gran cuerpo electoral,
verdadero jefe del ejecutivo, investido de un poder real de iniciativa y de arbitraje,
especialmente el de nombrar los ministros y el de disolver el Parlamento. Esto
se convertirá en 1957 en la V Constitución francesa que, a pesar del
antidemocrático artículo 16, sigue vigente hoy día.
La evolución de
De Gaulle respecto a “l´affaire algérienne” puede seguirse a través de sus
famosas frases pronunciadas en público. Pasó del “Je vous ai compris”
pronunciado en 1958 ante unos colonos entusiastas, a “La France de Dunkerque a
Jamanrasset”, para finalizar con “L’Algérie algérienne”en 1960.
El segundo
punto polémico de la política de De Gaulle es el trato que les da a los
comunistas en 1968. Desde un punto de vista ideológico, siendo De Gaulle
representante de un partido conservador de derechas, puede entenderse; pero en
su discurso del 28 de junio de 1968 anuncia un verdadero combate “contra el
comunismo totalitario”. Mientras la crisis alcanzaba su punto álgido
convirtiéndose en crisis política, De Gaulle se va a Alemania; desaparece tres
días durante los que se piensa que contactó con las tropas paracaidistas de
Massu estacionadas en Baden-Baden. En este mayo del 68, De Gaulle se refugia en
su casa de Colombey esperando ver cómo evoluciona la situación. Durante todo
este tiempo, en el que no quiso o no supo cómo hacer frente a la crisis, el
P.C.F. salvaba el régimen sofocando la sublevación desde la base. Frente a las
declaraciones de De Gaulle, los comunistas se muestran pasivos, declarando
únicamente que “continúa la lucha por las reivindicaciones salariales.”. Las
órdenes venían directamente del Kremlin que estaba muy satisfecho de las
relaciones que mantenía De Gaulle con la U.R.S.S. y las repúblicas
democráticas. ¿Entonces, por qué decide De Gaulle emprender una “caza de
brujas” ?
Este
comportamiento paradójico de De Gaulle no es nuevo ya que desde el final de la
II Guerra mundial, no quiso ningún trato amistoso con Gran Bretaña, oponiéndose
incluso dos veces a su entrada en la Comunidad Europea, después de haberse
beneficiado Francia de los esfuerzos de Churchill para que la nación gala
tuviese una zona de influencia en Alemania y para que formase parte del Consejo
de Seguridad de la O.N.U..
Con los
Comunistas, De Gaulle actúa de la misma manera: tras haber sido Francia la
primera nación occidental en reconocer a la China comunista en 1960 y, tras
haber visitado Moscú varias veces, ¿por qué calumniar ahora el P.C.F.? Quizá De
Gaulle fuese demasiado orgulloso para admitir una ayuda, o tal vez el General tuviese un afán muy pronunciado
por ser el único protagonista en el escenario político francés.
De Gaulle fue
un héroe en un principio, y finalmente un político cuyo gobierno se vio
desgastado por los años, como ocurre en todas partes.
Sus
ideas y su obra perduran a través del tiempo ; hoy, paradójicamente, incluso
sus adversarios se convirtieron en herederos del General De Gaulle.
Nacionalista exacerbado, es el que procede a la descolonización. Respaldado por
los conservadores, manifestó un gran interés en la participación del pueblo.
Este personaje muy complejo marcó indudablemente la historia de Francia.
Mariluz
González Parente.