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| EL PRECIO DE SER ETERNOS
(Por Nora Schamo) Una vibraci�n ancestral sacude la Tierra y la ferocidad de los rayos parece revivir tit�nicas luchas, mientras yo, semidormida en el lecho, confundo el chasquido de las gotas sobre las baldosas con el de las tijeras de �tropos, la m�s l�gubre de las Parcas, ansiosa por cortar el hilo de mi vida. �Conocer� finalmente la muerte? �Merecer� el reposo negado a los inmortales? |
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| Cuando amanezca y lleguen las vecinas a compartir un mate y los chismes del barrio, ya no estar�. Mi ida les resultar� tan extra�a como fue extra�a mi llegada hace m�s de dos siglos. �Denunciar�n mi ausencia o reconocer�n en las s�banas revueltas el peplo de la Diosa y, al cubrirlas mi dorada energ�a, se abrir�n sus ojos? No puedo llamarlas mis amigas, porque compart� lodos sus secretos pero nunca pude confiarme y fui siempre un misterio para ellas. Nadie advirti� m�s que puntos sueltos en el tapiz de mi historia y, cuando quisieron saber algo , pensaron que deliraba y me llamaban por lo bajo "la loca de los cuentos". Fue en la �poca en que se hablaba de cig�e�as y repolles y yo me atrev� a contarles a unos ni�os que no hab�a salido como ellos del vientre de una madre sino que un hachazo me hab�a hecho surgir de la cabeza atormentada de mi padre. Como a S�crates, me acusaron de corromper a esos peque�os y no los dejaron venir m�s, cuando volv�an de la escuela, a mostrarme sus palotes y a hacerme c�mplice de sus travesuras. �Y si hubiera agregado que hab�a nacido armada y que ser�a la Diosa Virgen que morar�a por siempre en lo alto de una ciudadela? �Por siempre?
Yo, la Todopoderosa , la "Poliade" o Protectora de la Ciudad, fui desplazada un d�a por un santo que descre�a del Olimpo y segu�a a un tal Pablo que predicaba la existencia de un solo Dios. �Uno solo? Y desde entonces, este Dionisio el Areopagita fue venerado cada 3 de octubre como protector de "mi ciudad ", a la que favorec� con el olivo, emblema de la paz y la abundancia, el que brindaba sus le�os para las piras funerarias y sus hojas para las coronas de la victoria. Pero �podr�a igualarse su culto con el que me prodigaban mis amados ciudadanos cuando, en solemne procesi�n, part�an del Cer�mico y atravesando las calles llegaban a rendirme homenaje a mi augusta morada? �C�mo osaron reemplazarme a M�, la que inspiraba a los combatientes el valor, la prudencia y la reflexi�n ! �A M�, s�mbolo del poder y la sabidur�a , la que los inici� en el cultivo del suelo, la construcci�n de carros y arados, y en la faena de uncir los bueyes para el laboreo de los campos ? �No aprendieron por M� a escribir y a pintar; y las doncellas, el arte del hilado, el bordado y el tejido? �Y qu� pod�a hacer una Diosa ofendida y ultrajada ? Como Ar�stides, yo misma garabate� mi nombre para ser condenada al ostracismo. Err� sin destino porque me resist�a a habitar s�lo en pedestales de museos o en libros de p�ginas amarillentas. Hasta que. agobiada por la eternidad, como tantas otras veces lo hab�a hecho para auxiliar a mis protegidos, me propuse adoptar la fisonom�a humana para recibir la visita liberadora de la muerte. Pero � adonde ir ? listaba tan herida que quise volar muy lejos de mi patria. Y vagando por la altura divis� un d�a , en un pa�s hacia el sur y el oeste del Atl�ntico, un montecito de olivos. �Me enga�aban mis ojos y el temblor de mi cuerpo o esta " Punta de los Olivos " se asemejaba al Parque de Academos, huerto a m� dedicado, que atesoraba los doce �rboles sagrados, de los cuales se extra�a el aceite con el que se premiaba a los vencedores ? Pero, claro. " esos "no hab�an brotado de un gajo del Erecte�n, se dec�a que los hab�a plantado un simple mortal, un tal Domingo de Acassusso o quiz� uno de sus descendientes - entonces pensaba as� porque no hab�a perdido a�n el orgullo y la vanidad de la Diosa -,pero me hac�an sentir como en mi hogar. Y una noche poblada por mis inseparables lechuzas y el murmullo de los olivos . invoqu� a Esculapio y me par� a m� misma. Yo, la Deidad cantada por Hornero y revestida en oro y marfil por Fidias, cambi� los helados m�rmoles de un templo por el calor de los le�os en una casa de adobe. La Diosa Virgen olvid� la veneraci�n del soldado y conoci� el amor entre los brazos de un hombre. Pero esto aconteci� hace mucho tiempo y a �l tambi�n se lo llev� la lucha, como a tantos valientes a los que empuj� por la defensa de las "causas justas". El grito de la hembra despojada reemplaz� en ese atardecer la durza de mis antiguas arengas militares. Cada d�a me aquerenciaba m�s en este suelo. Si hasta ten�a un puerto que me recordaba las regatas corridas en mi nombre y, entrecerrando los ojos , ve�a la Gran Nave sobre ruedas que llegaba, cada cuatro a�os, a mi templo, con una vela bordada por las hijas de las familias ilustres para que, al ser arriada, cubriera mi divina imagen. Los 25 de Mayo sal�a con todos a festejar la gesta patria pero � podr�an sospechar que, en esa misma fecha, en la antig�edad, sumerg�an en las aguas mi vieja estatua de madera para envolverla luego con la t�nica sagrada ? �O que los pastelitos de dulce que ofrec�an en . tentadoras canastas, ten�an para m� el sabor de las tortitas de higos secos que en aquella ocasi�n ofrendaban a la Diosa? Y el domingo que preced�a a la Pascua, cuando agitaban en las plazas y los atrios de las Iglesias los ramos de olivo, bajaba !os p�rpados y pensaba : "�Es por m� ! �Es por m� ! � Al fin me reconocieron!'' Pero me hac�an volver las aclamaciones y los c�nticos a un tal Hijo de David, para m� un simple desconocido. El mundo ya no era el mismo ; las religiones, tampoco. Intent� casi doscientos a�os renegar de la inmortalidad y sofocar a la Diosa. Estoy muriendo como mujer... El hilo ya se corta... Pero mi manto cubrir� siempre este suelo y el de la ciudad de los atardeceres viol�ceos, mi amada Atenas, a la que ya he perdonado su abandono. Mi padre Zeus agita los cielos con su rayo, una lluvia de hojas de olivo me despide y una fiel lechuza me secretea al o�do que Palas Atenea ser� eterna ... VOLVER A TAPA |
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